La Guajira: Tierra de sal, mar y leyenda

Escribe: Angelvan27
Saludos a todos los viajeros. En esta ocasión decidí dejarme embrujar por una de las zonas mas hermosas de mi país: La Guajira tierra donde nace el cactus, el mar, la sal y el carbón. Tierra de...

 

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Capítulo 1

La Guajira: Tierra de sal, mar y leyenda

La Guajira, Colombia — lunes, 13 de noviembre de 2006

Saludos a todos los viajeros. En esta ocasión decidí dejarme embrujar por una de las zonas mas hermosas de mi país: La Guajira tierra donde nace el cactus, el mar, la sal y el carbón. Tierra de belleza clara y oscura... Riohacha, Uribia, Manaure y especialmente el Cabo de la Vela.

Podemos definir la Guajira como una tierra salvaje con tradiciones inmemorables donde la calidez de su gente y colosal belleza de sus paisajes entre el mar y la tierra, entre el desierto y el oasis te deslumbran a cada instante.

La Península de la Guajira es la parte más septentrional de Suramérica donde se mezclan armoniosamente el mar, el sol, la montaña, el desierto, la playa y la calidez de la gente guajira, como en ningún lugar del mundo.
La Guajira es acariciada por el Mar Caribe y te invita a la aventura y a conocer esa otra parte de Colombia. La Península tiene una extensión territorial de 20.180 Km. cuadrados. Limita al oriente con el Mar Caribe y Venezuela, por el occidente con el Departamento del Magdalena, al sur con el Cesar y al norte con el mismo mar caribe.

La forma de vivir de los actuales guajiros ha sido influenciada por la cultura de los indios arawacks y caribes que se caracterizaron por la aguerrida lucha contra el yugo español en épocas pasadas, hecho que disminuyó el interés de los españoles en esta zona, agregándole el aislamiento geográfico, el clima y la bravura de los aborígenes. Aun así, el primer navegante español que pudo tener el privilegio de mirar estas tierras fue Alonso de Ojeda acompañado por el cosmógrafo Juan de la Cosa quien años después en 1550 volvió para fundar el primer caserío. Mas tarde la inigualable belleza de la Guajira atrajo a piratas como el Ingles Sir Francis Drake y franceses como Nau y La Fitte. En esta época las princesas guajiras y los jefes guerreros lucharon por defender estas bellezas naturales llenas de espejismos y calidos veranos.

Inicialmente la llegada al Departamento de la Guajira es a su capital Riohacha donde la brisa y el sonido del mar te detienen a observar el muelle (de 1.200 m de longitud) y sus nativos vendiendo artesanías para poder sobrevivir. Desde Cartagena de Indias, ciudad donde vivo hasta Riohacha existen 375 kms y el costo del pasaje por tierra es de $25.000 pesos colombianos aprox. 10 dólares y una duración de 7 horas de camino. En esta bahía desemboca el río Ranchería.
La fundación de Riohacha es el producto de dos transplantes migratorios de la isla de Cubagua, situada cerca de Margarita, al Cabo de la Vela y desde allí al sitio que ahora ocupa. En esta última etapa la población era llamada Nuestra Señora de los Remedios del Río del Hacha, nombre que obedece a la leyenda que cuando llegaron los españoles, sedientos y desesperados le prometieron a un indio que pasaba por ahí un hacha si les decía donde había una fuente de agua para beber.

El costo de hospedaje cerca de la Bahía noche oscila entre $30.000 (13 dólares) y $60.000 (26 dólares) aprox. En lo referente al costo por la alimentación parte de $5.000 (3 dólares aprox.) en adelante, según sus preferencias. El Riohacha no hay salas de cine, además de ser una ciudad relativamente pequeña.

Nuestro siguiente destino fue el municipio de Manaure, donde se encuentran las inmensas salinas denominadas con el mismo nombre del municipio. Esta zona debido a su ubicación y la forma de la tierra saliente es llamada la tierra de la sal, donde al calentar el sol deja a la orilla de sus playas del brillo de miles granos de sal. En esta zona los nativos dejaron sus varas de pescar y se dedicaron a explorar el recurso más cercano: el mar y su valiosa sal. Trabajan en algunas zonas, aun de forma rudimentaria como hace más 500 años y donde sus mujeres se pintan el rostro de color negro para protegerse del sol. Desde la carretera se ven montañas, no de tierra, sino de sal, blancas como nubes y brillantes ante el sol como oro.

Para llegar a esta zona existen dos medios desde Riohacha a Manaure: en taxis climatizados con un costo del pasaje de $12.000 (5 dólares) por persona o en unos carros camionetas destapadas con un costo de $6.000 (2 dólares y medio) por persona. Se dura aprox. 1 hora y media de trayecto.
Cuando se sale de Manaure para tomar camino al Cabo de la Vela, se debe ir al Municipio de Uribia, cuna indígena por naturaleza de Colombia y donde se puede observar en una pequeña zona lo representativo de la Guajira, la bello de la tradición y lo triste de la pobreza en que se vive.

También se puede visitar el complejo del Cerrejón donde es la tierra del carbón y su moderna tecnología que hace contraste con la blancura de Manaure y su sal extraída a lomo de mula y sudor indígena.
La Guajira es también es el único trozo de suelo colombiano que tiene en medio de millares de kilómetros de severo desierto, un oasis cubierto de nubes, hábitat de valiosas especies de flora y fauna: es el parque de la Macuira.

Sorprendentemente en la Guajira aun existen milenarias tradiciones con sistemas de clanes matriarcales, donde se pagan con chivos y demás animales por un matrimonio, los funerales duran 40 dias, las enfermedades las curan los maestros de sabiduría tradicional y las parejas danzan durante largas horas, sin descanso, en la chichamaya, el baile típico.

Desde este lugar tomé otra camioneta que nos llevaría a mi compañero de viaje y a mi a una de las zonas mas hermosas de la Guajira a 120 Km. de Riohacha: El Cabo de la Vela, tierra de leyendas, oasis y desierto, que era nuestro destino principal y deseado, donde según leyendas el Che Guevara deseaba llegar en motocicleta y jamás lo logro ya que en el intento la moto se le averió y se desvió a Venezuela.
El costo del pasaje Uribia-Cabo de la Vela $10.000 (4 dolares aprox.). Es importante que sepan que solo sale una camioneta diario a medio día desde Uribia, que es la única conexión con el Cabo, lo mismo desde Cabo a Uribia, solo sale una camioneta a las 4 de la mañana. Para nuestro caso que éramos viajeros curiosos y aventureros, que no deseamos ni teníamos con que pagar el tour por agencia de turismo, en camperos con aire acondicionado y desde donde no se ve la verdadera realidad de este pueblo entre el calor sofocante y el polvo pegándose en la piel... (esta es otra de las opciones para llegar a mas rincones de la Guajira, eso si, de forma bastante fugaz, pero en cierta forma recomendable si se desea conocer mucho en poco tiempo. El costo por persona de este Tour por día es de $90.000 (40 dolares) por persona incluida comida).

Cabo de la Vela, conocido por los indígenas como Camino de las Almas, por donde los espíritus de los guajiros inician su camino después de la muerte hacia lo desconocido, según su religión. En el camino compartimos camioneta con un grupo de nativos guajiros que hablaban en su lengua natural, aunque la mayor parte de los guajiros o indígenas wayuus son bilingües (hablan wayuu y español). En el trayecto observaran el Parque Eolico con hélises gigantes movidas por el viento como las que soñaba Don Quijote de la Mancha.

Después de tres horas de travesía lenta, a partir de Uribia, aparece por fin la Serranía del Carpintero, en una de las puntas del norte de Colombia y escenario del Cabo de la Vela.
La Serranía, con escasos veinte metros de altura, oculta el mar al paseante. Es necesario alcanzar la cúspide para observar él punto donde termina la tierra y los vientos, transportados por el océano, tocan por primera vez tierra suramericana para chocar furiosamente la cresta de la colina, y elevar al visitante invitando a seguir, como los guajiros, el camino de las almas. Ese viento arrasó con los manglares y creó el desierto. Ahí está el Cabo de la Vela, escenario de leyendas que se incrusta atrevidamente en el mar.
Nos quedamos en Rancherías o pichipala que son asentamientos que agrupan cinco o más casas habitadas según parentesco por línea femenina. Este tipo de vivienda es muy simple, sin decoración, con techo de paja, todo lo importante se guarda en mochilas que cargan y que son características de esta zona, las cuales no hay que dejar de comprar a las mujeres wayuus nativas del Cabo de la Vela. El costo de hospedaje por día es de $30.000 (13 dolares aprox.) según temporada, en dichas rancherías existen los famosos chinchorros o hamacas donde muchos visitantes prefieren dormir por la magia que traen al escuchar el canto del mar en los oídos. Es importante tambien poder registrar en nuestra mente la ternura, inocencia y timidez de los niños guajiros que con sus juegos y rostros felices, aun viviendo en la pobreza te causan tambien felicitad, mas aun al ver como les despierta curiosidad al ver hombres y mujeres diferentes a ellos, como es el caso de la niña de la foto que miraba curiosamente nuestra camara de video digital y sonreia.

Los atardeceres son hermosísimos con cielos de mil colores y las noches fueron maravillosas ya que tuvimos la suerte de ver la bóveda celeste más despejada que nunca había visto en mi vida, donde te deleitas mirando las hermosura de millones de estrellas titilando y la luna apaciguándote.
La mayor parte de la playa de ese pueblo no es aconsejable para nadar pues es lodosa y lugar de descanso de rayas que te pueden herir los pies.
Por ello después de haber llegado, la mañana siguiente, fuimos en busca de la Playa Dorada en el Cerro del Pilón de Azúcar, lugar turístico donde hay varios Km. de playas nadables y buscamos un carro que nos llevara pero no habia ninguno, así que nos toco buscar suerte a pie, atravesando el desierto en aproximadamente 2 horas de camino, según la ruta que nos habían dado, nuestra única guía era la bahía y el faro, pero por cosas del camino, el cansancio y la sed, nos desviamos unos grados de la ruta y jamás encontramos las famosas playas, en cambio nos topamos con algo preciosísimo: unos acantilados hermosos, el mar mas azul que jamás haya visto, arrecifes de coral muy cerca de la orilla y playas cubiertas de conchas, para acceder a ellas nos toco bajar y subir montañas partidas con suelo erosionado y poder de ese modo disfrutar de ese lindo paisaje, respetando no nadar muy lejos para no pisar el coral y mantenernos en las piedras de fondo que nos protegían. De estas playas casi vírgenes y aun llenas de tradición del Cabo de la Vela, donde van aun los indígenas a pedir por las almas de sus antepasados, son muchas de las fotos aquí expuestas, este lugar de ensueño donde por cosas de la vida y de suerte nos desviamos es uno de los mas cercanos lugares que existen a la maravilla del planeta tierra y sus innumerables encantos.

No olviden llevar mucha agua dulce ya que esta es escasa en esta zona. Lo mismo que bloqueador solar, zapatos comodos y comida enlatada si lo desean.

Abrazos viajeros y en lo que necesiten todos los amigos viajeros que lleguen a Cartagena.

Angela Alzate
Viajera de Leyenda


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