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Gran Canaria: donde la belleza confluye por el mar

Escribe: mariposadefuego
Dejando de lado por un momento el turismo convencional que constantemente llega a esta isla, ofrecemos aquí un recorrido alternativo, para conocer y descubrir esos lugares que todo viajero aventurero quiere conocer: playas desiertas, pueblitos perdidos, sendas de tierra que se cruzan y unen a las gentes propias y ajenas de la isla. Inicia aquí un recorrido diferente por Gran Canaria.

 

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La Aldea

La Aldea de San Nicolás, España — martes, 16 de marzo de 2010

Es la cara poniente de Gran Canaria, un valle rodeado de montañas heridas por el recorrido de verdes barrancos. Su larga playa se abre al Atlántico y su puerto proporciona abrigo a los pesqueros que faenan en sus aguas. En el valle, entre molinos de agua y de viento, a la sombra de los palmerales, se cosechan tomates, millo (nombre que adquiere en Canarias el maíz), plátanos y frutas tropicales que, junto a sus quesos, carnes y pescados, dan vida a una gastronomía rica y natural.
Existen infinitas sendas para recorrer a pie, al igual que en Mogán, y la mayoría de ellas se entrecruzan, no en vano ambos municipios comparten armónicamente sus parques naturales.

A la intacta playa de Güi-Güí únicamente se puede llegar en barco, lo que ha contribuido en gran parte a conservar su belleza. Esparcidos por los escarpados barrancos, entre los rebaños de pastores y la flora endémica de la isla, hay pueblos blancos caracterizados mediante nombres sonoros que evocan un pasado ancestral: Tocodomán, Tasarte, Tasartico... A estos pagos se llega tomando los correspondientes desvíos, desvíos que en todos los casos merecen la pena.

El viajero se encontrará inmerso en un pueblo, La Aldea, cuyas tradiciones reviven cada día gracias a los artesanos que crean con el barro, la madera, la caña, la palma o la lana objetos y utensilios de toda clase. La Aldea también se alza como protector y conservador de los tradicionales deportes isleños tales como la lucha canaria, la lucha del palo y el salto del garrote, costumbres y prácticas que se adueñan de las calles durante las Fiestas del Charco (en septiembre).

La playa y el pequeño puerto de La Aldea son otros de los encantos de esta parte de la isla de Gran Canaria, quizá la mejor protegida de los embates del turismo convencional, donde no encontramos grandes hoteles sino alojamientos rurales llenos de belleza donde pasar unos días de tranquilidad mientras se camina por las múltiples sendas que, desde La Aldea, conducen al interior de la isla. En el puerto, aguas transparentes, pequeñas embarcaciones que se recortan en el cielo azul y paisanos dispuestos a observarte con curiosidad y a hablarte del devenir de su pueblo con el suave y cadencioso acento de la tierra.

La Aldea encierra algunos tesoros culturales de carácter tradicional. Se han rescatado costumbres ya extinguidas en la mayor parte del Archipiélago canario, como son el romancero, los cantares de trabajo, los ritos de ánimas, las danzas estacionales, el folclore mestizo al que dio lugar la emigración y los oficios artesanales. Aquí, como en otros pueblos canarios, se entremezclan las culturas europeas, norte africana, americana de emigración y aborigen-canaria.

De esta última perviven costumbres tan singulares como lo son la Fiesta de la Rama (9 de septiembre), en la que se implora agua de lluvia; o la Fiesta del Charco (11 de septiembre), herencia de la costumbre aborigen de pescar en los charcos costeros a base de «embarbascar», es decir, aturdir a los peces con la leche que se saca de las tabaibas y los cardones. Esta fiesta no tiene réplica en ninguna otra isla, ni tampoco en ningún otro pueblo de Gran Canaria, unicidad que le confiere gran relevancia dentro de amplio calendario festivo del Archipiélago.

Entre los puntos interesantes a visitar en La Aldea merecen mención particular el Parque Municipal Rubén Díaz (en El Chozo), el Aula Etnográfica, el Museo Vivo, los molinos harineros de viento y agua, la Casa-Balcón (en la calle peatonal), el Jardín de Cactus «Cactualdea», el Monumento a la Mujer Aldeana, el dedicado a la Rama (en El Barranquillo Hondo) y el Monumento a las Madres (en Los Espino).

Tradicionalmente agrario, no fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial que los productos de La Aldea entraron en la dinámica de la exportación. También el sector ganadero ha ido adquiriendo gran importancia, existiendo una cabaña de ganado caprino de unas 10.000 cabezas, lo que da lugar a una considerable producción de queso, tanto artesanal como industrial, ambos de destacada calidad. Por lo que respecta a su gastronomía, en La Aldea de San Nicolás se pueden degustar diferentes variedades de pescado fresco, caldo de pescado, mojo hervido de morena, sopa de verduras y una infinita variedad de frutos tropicales, así como una exquisita y nutritiva repostería.

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