Habíamos leído en la guía y en algunos foros que en Kumming hay un tal
Mr Chen´s que gestiona los visados y billetes para el Tibet. Su “oficina” es una destartalada habitación del hotel Camelia.
Cuando llegas te recibe un chino con bata de guatiné, con los dientes negros, con una mezcla de olores entre coñac y tabaco y con un inglés imposible.
Eso de que la realidad supera la ficción es una verdad como una casa, yo veo a semejante personaje en una película y no me lo creo.
Después de darle mil vueltas, de marearnos arriba y abajo, de señalarnos posibles rutas en el mapa del Tibet y de hacer mil llamadas telefónicas, acordamos contratar con él los visados, los billetes de avión ida y vuelta y una furgoneta con conductor y guía para viajar por el Tibet durante 9 días.
Fuimos a sacar la mitad del pastón que nos costaba esto, le pagamos y acordamos vernos un día antes de volar para pagarle el resto y para que nos diese nuestro ansiado permiso.
La verdad es que salimos de ahí pensando que cuando volviésemos la oficina habría desaparecido y el tipo se habría fugado con nuestro dinero. Por suerte no fue así, luego fue todo genial.
Como nos quedaban pocos días antes de viajar al Tibet decidimos coger el tren para visitar Dali.
Antes paramos en un lugar a comer unos dumplings pero uno de ellos tenía un pelo, un señor pelo, cuando hacía uso de los palillos para quitarlo salió de la cocina un chino muy fashion, cepillándose la melena que llevaba cubierta de tinte. En ese momento decidí dejar el pelo y también el dumpling.