Solo en el Olympos
Kumluca, Turquía — viernes, 9 de julio de 2010
Saliendo de Fethye en un microbús a medio llenar, tomamos una carreterita costera, siempre con el mediterráneo a la derecha, ocasionalmente se adentraba a las montañas, para hacer escalas en pueblos en medio de la nada, para luego volver a tener el horizonte azul a mi derecha. Montado en ese bus embriagado por el tedio, descubro que para los niños, a nivel mundial no existen barreras lingüísticas, cuando un chiquillo de unos seis años comenzó a bromear conmigo, y hasta enseñarme un poco de turco, su padre lo vigilaba desde la distancia, solo con la preocupación de que el niño no generara en mi molestia. Con el pasar de los kilómetros, se empieza a notar el cambio fenotípicos de las personas por acá, algunos parecen muy rusos, otros muy árabes, con ello voy descubriendo la variedad étnica de este país. En ese andar del autobús descubro, que el recurrente pitido en mi cabeza cuando viajo, no requerirá tratamiento químico para eliminarlo, es un registrador de velocidad que tienen instalados todos los buses, el aparatico es un chismoso, registra la velocidad del carro y cuando superas los 88 Km\h comienza a pitar como loco, para advertir de que estas cerca de los 90 Km\h el tope de velocidad turca.
Dejando de lado la autopista y tomando otro autobús, me encamino a Olympos por una angosta carreterita de tierra, entre bosques de pinos y rocosas montañas, esperaba encontrar un pueblillo apartado de la potente maquinaria de turismo turca, pero como Ataturk, esa potente maquinaria está presente por todos lados, pidiendo a gritos tus liras. El señor del bus me dejo frente a una pensión que él me aseguro ser buena y económica, todos los extranjeros llegaban allí. Resulto ser costosa y con una atención algo odiosa, era de esas pensiones que salen en la guía Lonely Planet, y donde todo el mundo llega ciegamente por estar recomendada allí. Empecé a caminar a lo largo del poblado, buscando un sitio que me recibiera, hasta que llegue a uno llamado Orange Pension, acá un sujeto de nombre Apu me ofreció un buen negocio, una habitación individual sin lujos, desayuno y cena por 25 liras al día, al principio me puse remilgon por el precio, pero que mas podía pedir, si no iba a gastar nada en comida. Apu me comento también que por allí andaba una chica de habla hispana y que me vendría bien conversar con ella. Luego de dejar todo en mi habitación (que no resulto ser acogedora, solo incitaba a salir de ella), me dirigí al patio común de la pensión, allí me arecoste en una incómoda hamaca, debajo de una parra, todo un postín poco usual para mi, hasta que apareció Elena. Elena una simpática galleguita, que a primeras esperaba que hiciera alguna broma sobre su gentilicio, cosa que conmigo no iba para nada, con una prominente historia de viaje, expatriada y casada con un turco, cayo rodando por esos cañones hasta terminar depositada en lo profundo del Olympos.
En primera impresión no me agradaba mucho el sitio, caluroso, húmedo, polvoriento y bullicioso, pero la plática, la compañía y las biras cambiaron mucho esa primera impresión y lo convirtió en un buen sitio. Ya para cerrar la noche, una parranda con un poco de rock indy turco en vivo y a dormir. Dado que se me hizo agradable el grupo de personas que conocí, decidí tomarme un día sabático, iba a parar mi recorrido para dedicar el día al relax. Con un despertar prematuro debido al calor y la humedad, esto por tacaño y no pagar por una habitación con aire acondicionado, aunque en parte fue bueno ya que me veía obligado a despertar temprano.
Para comenzar el día bien temprano. - Nada como un buen desayuno turco-, me dije al sentarme a la mesa a comer, no sabía lo que me vendría en días futuros con ese desayuno.
Con una caminata a la playa, me vi obligado a pasar medio a medio de otras ruinas mas, estas gozaron de mi agrado, no estaban muy intervenidas, los arqueólogos solo saquearon y profanaron lo necesario y no se molestaron en tratar de “reconstruir” nada. Al llegar a la playa me recibió su tortuosa orilla rocosa, en ella me senté a disfrutar de la paz que brinda el Mediterráneo, o como lo llaman los turcos oludeniz (mar muerto). De frente un vasto horizonte azul, flanqueado por escarpados peñascos con ruinas en sus cumbres y detrás una verde garganta, me sentía ebrio de tanta belleza o solo se me exploto la borrachera de la noche anterior.
Fue un día dedicado totalmente al pecado capital de la pereza y al placer hedónico de la conversación. Ya por la noche, me fui aventurando por los sitios nocturnos para turistas, por allá atrás deje el antro con su banda de rock indy y adelante encontré un antro un poco mas rustico, llamado Cactus, allí había un jamming de una “banda” de reggae turco. Reí a casi morir, al escucharlos cantar canciones en español, pienso que deben sonar muy parecidos a cuando uno canta borracho canciones en ingles. En ese antro descubrí con mucha pena, una particularidad de la cultura turca, que para bailar con las chicas nunca debes tocarlas, en qué mundo se baila sin tocarse, es como comer sin saborear la comida, la chica se molesto un montón, pero por lo menos los muchachos les explicaron que yo era “extraño” era latino y en mi país se bailaba teniendo contacto físico.
Otro amanecer otra resaca, ya se está volviendo factor común esto en los amaneceres en este pueblo (calor, humedad y resaca). En primera mi plan, era dejar el pueblo, pero conversando con Ali el esposo de Elena, salió la posibilidad de ir en uno de sus paquetes, a hacer rafting, dado que nunca lo había hecho decidí esperarme un día más, con la promesa de al día siguiente ir al paseo. Así pase la mañana haciendo lo que se me da mejor, NADAAA, ya durante el medio día, salió una invitación del mismo Ali - Hey Neho!, let go to do kayak, i will give you a very low price, you are my friend -, ya con ese encabezado me animo mucho la idea, y como nunca había hecho kayak me anote sin pensarlo, ni mucho menos consultar precio. El paquete era muy completo, una escala en un restaurant para pedir la merienda para llevar (gozleme) y en el mismo restaurant estaba el depósito de las embarcaciones. Mientras preparaban la comida, nosotros preparábamos una carrucha para transportar los kayak. Debido la confianza con Ali y mi personalidad colaboradora, no dude en ayudarlo con el pasado trabajo, eran ocho embarcaciones, cada una como de veinticinco kilogramos, allí a empujones fuimos llevando la carrucha, entre rocas, bajadas y chistes llegamos a un riachuelo, allí descargamos y recibimos un curso breve de navegación en kayak.
La bajada por el rio fue muy divertida, el primer jugueteo con el remo y el kayak son una sensación bastante novedosa, tener que hacer equilibrio con las nalgas es bastante inusual, ya al final del riachuelo esta la rompiente del mar, una meneada mas del culo y un jalón de los remos con los brazos y ya estaba flotando en agua azul y salada. El proceso de adaptación al remado, es progresivo, a la final resulta ser como el oleaje de la playa, suave y constante, a medida que nos adentramos en el mar, el color del agua se torna azul oscuro, el oleaje un poco mas calmo y el sol más intenso, la sombra de los acantilados me llamaba a gritos, pero mi técnica de remo no era la mejor y en vez de acercarme me alejaba, la ruta llevaba a lo largo de la costa, al salir de la protección de los acantilados, nos encontramos con viento de frente, allí la cosa se puso más difícil, pero no menos interesante, ya me sentía bastante cómodo a bordo de la embarcación, hasta iba en la punta del grupo. Luego de remar como una hora llegamos a una playa, flaqueada por gigantes paredes de roca, en ella un campamento de renegados, parias que al parecer se niegan a vivir dentro de los estándares sociales, y vienen a hacer su vida a orillas del Mediterráneo, flotando en la playa algunos barquitos, barquitos de personas humildes, que como buenos turcos decidieron ir a esa playa a tener un picnic.
Era nuestro turno de comer, sentado allí sobre un tronco, comí mi insípido gozleme, ahora que lo pienso a ese gozleme le vendría bien tomates, pernil de cerdo, papas fritas, y claro como no, cátsup y mayonesa (si me lee un musulmán se revolcaría de la ira al leer que pretendo ponerle cerdo a un plato tradicional), mas allá de la comida mi interés no era la playa, ni nadar, era volver al kayak, ya andaba enviciado con esa actividad. Después de un receso de veinte minutos volvimos a la mar, esta vez partiendo desde la playa, cortamos las olas como un cuchillo caliente la mantequilla, durante el regreso lleve una carrera no planteada con una chica del grupo, le daba caza por un rato, me detenía y esperaba, vigilante de que todo marchara bien, ya me sentía hasta guía. A la final como buen caballero, le cedí la victoria, o fue lo que quise creer. Sacar los kayaks del mar al rio fue otra historia, un trabajo lento, pesado y tedioso, todos los demás tripulantes se hicieron la vista gorda, dejando todo tirado allí, así que me dispuse a colaborar con Ali.
Durante la noche Ali me invito algunas, muchas cervezas, mientras veíamos la final del mundial de futbol, hablamos muchas guevonadas esa noche (cosas sin relevancia, que aparentan ser interesantes), esa noche también me comento, de que su carro tenia no se que falla y yo generosamente me ofrecí a repararlo y quien sabe que mas abre dicho, lo mas que recuerdo fue que acordamos vernos al otro día antes de las 8 am. Ya por la mañana me levante como autómata, me bañe y baje al comedor a desayunar, en eso aparece Ali igual o peor de destruido que yo, y me dice - Neho let go to swimming, take your short - , bueno fue lo que imagine escuchar, total estaba muy aturdido aun, fui por mis short playeros (los shorts que no lavaba y estaban siempre sucios), tome una franela por reflejo y salí descalzo, la cosa empezó a ponerse extraña cuando nos montamos en una moto, salimos como flecha en sentido contrario a la playa, nos atravesamos delante de un bus, me embarque y sorpresa Ali quedo en la moto diciendo - gule gule - (adiós, yo me quedo acá, dicho en turco), allí dije – ahora si le cayo mierda al ventilador, para donde voy -, el chófer de bus solo hablaba turco, la mayoría de los pasajeros también, solo unos chicos bastante pesados hablaban ingles y a decir verdad me dio fastidio preguntarle. Sorpresa el bus tomo rumbo a Fethiye, solo recordé el libro con el cual Ali vendía los paquetes y vino a mi mente “Crucero por Kekova”, no tenia zapatos, menos dinero o pasaporte y me iba a un crucero por Kekova.
Llegamos a un pueblito muy vistoso, de calles super angostas y empedradas, en el fondo del pueblo un muelle, allí bajamos del bus, tenia una sed que me mataba, ya que el raton (resaca en venezolano) acababa conmigo, mi cerebro era una zona de genocidio de neuronas y no tenía ni una lira para comprar agua, afortunadamente conseguí una en el suelo y suplicándole al tendero me vendió una botellita de agua, la cual tome de inmediato, asumiendo que en el barco habría más, grave error suponer eso. Una vez en el barco zarpamos, trate de ayudar al capitán con mis conocimientos de marinería, para jalarle un poco de bolas (adularlo), y quien sabe que favor ganar, pero me desprecio, bueno tenía un marino. Navegamos un poco hasta llegar a una ensenada, allí se detuvo el barco y tiro su ancla, la seña era de que podíamos nadar allí, yo no quería nadar, solo quería pasar mi ratón, en la sombra, con mucha agua a mi lado, agua que no era gratis dentro del barco. Dado a la insistencia de un señor que iba allí, el único que se digno de conversar conmigo, me lance al agua, reconozco que estaba rica, un océano azulito, muy calmo y tibio me recibió, pero era como hacer el amor sin ganas, es rico, pero no lo gozas como debes, lo peor, el agua salada solo me daba más sed, mi plan para sobrevivir ese día era estar a la sombra y alejado del agua salada, así que me hice el loco, subí al barco y simule acostarme a asolearme (soy caribeño y eso de tomar el sol es una mentira para mí), claro convenientemente lo hice en uno de los laterales del barco a la sombra. Mi sueño fue placido, hasta que las risas me despertaron y era porque estaba roncando.
El paseo por Kekova fue hermoso, no me quejo, solo que no estaba de ganas de estar allí, mas aun estando solo sin nadie con quien charlar, las chicas en el barco eran turcas, ni si quiera hacían contacto visual con uno, las que no eran turcas eran lesbianas, así que solo miraban con odio, y los hombres no hablaban ingles, fue la locura estar encerrado en un barco, sin poder beber nada, ni conversar con nadie. Al final el tedio me traiciono, el capitán nos llevo a una cueva, “The pirate cave”, allí parado algo me hizo malicia, el tipo recibió una llamada a su móvil, me miro y sonrió con picardia y complicidad, se acerco a mí y me ínsito a nadar dentro de la cueva, me negué de una, pregunto si no sabía nadar, le afirme y luego me remato diciendo que si tenía miedo, allí pegue un salto dentro la cueva, atrás mío dos incautos mas, y cuando iba a saltar el viejito que iba allí, el capitán lo detuvo.
Nadamos dentro la cueva, al voltear a mirar donde estaba el barco, este se había ido, nos dejo allí tirados en medio de ese salado mar, en la popa del barco iba el capitán riendo, solo decía - swim, swim swim -, que mierda, que juego loco era ese, pero a mí no me joden así como así, puse manos a la obra y a nadar, delante mío los dos chicos turcos, al llevar doscientos metros, estos renunciaron y se aferraron a una roca, como buenos perdedores, yo solo apretaba los dientes, y hacia de tripas corazón, para ganar energía y seguir. A setecientos metros, no había nada donde agarrarme, estaba mamadisimo (agotado), el barco aun estaba como a cuatrocientos metros más, la risa se escuchaba, eso era lo que necesitaba, mi ego me alimentaba, nadaba como loco, creo que si era un tiburón que estuviera detrás de mí, habría dejado que me tragara, pero que no ofenda mi ego, ya las ultimas brazadas eran temblorosas, no sentía dolor, no sentía nada, me subieron a cubierta como un costal de papas, quería maldecir al capitán pero no tenia aliento.
Ya sobre la cubierta, la sed me mataba, la falta de dinero me impedía comprar agua, así que ni modo, a tomar agua del lavamanos del barco, me dije – Prefiero morir de diarrea mañana, que de sed hoy - , rato después de mi medida desesperada de sobrevivencia el capitán (por no decirle el “desgraciado ese” ) me paso una llamada telefónica, era Ali, su vos se notaba agitada y preocupada, me pregunto si había llevado dinero, le respondí que no tenia zapatos, mucho menos dinero, se sentía muy apenado, pidió muchas veces disculpas y me dijo que le pasara de nuevo al capitán, al rato me devolvieron el móvil y me dijo que pidiera y comiera tanto me viniera en gana, que el pagaba, un haz de luz me ilumino repentinamente, me había salvado y le iba a dar al bolsillo de Ali en la madre, pedí de inmediato una cerveza, un jugo de cereza, agua y otra cerveza, ya me sentía en paz y podía disfrutar del crucero.
Ya tenía alma en mi cuerpo, junto a ella mi pensamiento crítico y sínico. Hicimos una escala en una islita, donde adivinen cual era la atracción, unas ruinas, no mas ruinas para mi, y menos pagando para entrar, me quede merodeando los alrededores que me parecieron de sumo interés, era un cementerio con vista al mar, de aceptar que me enteraran, seria en ese sitio, claro con la condición de que no profanen mi tumba. Por allí sentado, esperando que pase el rato, conocí a un ruso lo llame “Dimitri”, con el tuve un buen debate, sobre nuestra visión de la muerte, y depositar nuestros restos allí, también hablamos de la maquinaria turística, y de la aptitud de los turistas delante de las costumbres locales y claro en una conversación de hombres siempre se termina hablando de chicas y cervezas, fue un sujeto bastante excéntrico, pero de los más centrados que conocí ese día.
De vuelta al barco, un pequeño alboroto alrededor de una chica me llamo la atención, esta una chiquilla norte americana de unos diecinueve años, mostraba con orgullo su trofeo, la hermosa compra que hizo, dos hipocampos o caballitos de mar disecados. Que orgullo sentía al mostrar su trofeo la chiquilla. Esta y su novio eran los únicos que hablaban ingles en el barco, y eran los únicos a los que no me provoco hablarles, justo hasta ese instante. Me acerque, mire y dije – Bonito suvenir- , ella respondió – Si son hermosos, me costaron treinta liras cada uno - , yo repuse – Si, son unos hermosos cadáveres, más hermoso es saber que la vida de un animal en peligro de extinción cueste treinta liras - , esta dijo – Yo no los mate, ellos estaban muertos -, mi respuesta fue – Pero gracias a tu dinero los seguirán matando, yo que tú los botaría al mar, total si te cachan en el aeropuerto con eso iras a la cárcel, tómalo como un consejo – y la chiquilla solo cerro diciendo – Is not your bissines - , realizado con mi despliegue de sátira, me retire a seguir durmiendo mi raton, y a desarrollar otra borrachera, total Ali pagaba las cervezas.
Ya de vuelta a Olympos, Elena me esperaba preocupada, y me conto todo el mal entendido, con el cual termine en Kekova sin dinero, y era algo así.
Durante la noche yo le contaba Ali sobre mi trabajo, y le comentaba que trabajaba en medio del lago de Maracaibo, viajaba una hora en lancha hasta mi trabajo y estaba allí sin ver costa, hasta el día siguiente. Dado eso durante mis vacaciones, no me hacía gracia navegar en ninguna embarcación y menos ir a Kekova solo, al parecer el licor afecto mis habilidades para el ingles, y el oído de Ali, ya que entendió que a mí me encantaba el mar, y que quería ir a Kekoba al día siguiente y sorpresa la que me brindo en la mañana. La sospecha de mi desventura nace, cuando Elena pregunta por mi y alguien le dice -Esta en Kekova - , esta si recuerda mis palabras y se pregunta - ¿Qué hace Neho en Kekova si fue enfático al decir que no le animaba ir allá?-, allí fue cuando le pregunto a Ali si yo iba consiente de a donde iba, este hizo un esfuerzo sobre natural y recordó que iba descalzo, y si iba descalzo menos iba a llevar billetera.
Durante la noche fue el chiste mi aventura, todos reían y también salió a relucir algo cuando me dijeron – Neho you are a shark, you can swim 1000 mts -, la broma del capitán fue mandada por el mismo Ali, para saber de que estaba hecho yo.
Otra mañana, otra resaca, el objetivo de ese día seria reparar el carro de Ali, un Renult Toro, después del desayuno, me metí de cabeza en el motor de ese carrito, apenas tenía herramientas, lo que no faltaba era calor y la incesante humedad, propia de Olympos. Al estar a punto de terminar de sacar la pieza dañada, me llama Ali, para decirme que por fin el paseo a hacer Rafing iba a salir y era ya, en ese momento, me lave las manos como pude, y me di cuenta de que los mecánicos por allí no son muy usuales, ya que todos me miraban como extraterrestre por andar lleno de grasa, me lave como cirujano y me embarque en el autobús, en este el chofer era conocido mío, no hablaba ingles, pero bromeaba por todo y a señas se le entendía la cosa.
El viaje este día me llevo vía Antalya, esta vez si lleve dinero, documentos y zapatos, cuando nos detuvimos en una gasolinera pude comprar algo de comer, me sentía un magnate. A bordo de la van iba un grupo bastante variado, en su mayoría jóvenes, extranjeros y todos hablaban ingles, salvo unas chicas inglesas muy calladas. Luego de un viaje de dos horas por las autopistas, adentrándose por las montañas llegamos a destino, la agencia encargada de montarnos en esos botecito inflable. La aventura rio abajo, no empezó bajando por el rio, sino rio arriba, nos hicieron jalar remo hasta estar justo debajo de un puente súper antiguo, tan antiguo que perdí interés por saber que tanto. Ya debíamos empezar a bajar, a sentir la adrenalina del raftin, los sujetos gritaban, pero ni el agua me chispeaba, no se, estaba aburrido, solo iba sentado en ese bote, escuchando instrucciones en turco que no entendía, y tomando sol. Por allá concluí, que debía victimizarme y dejarme caer al agua, para poner algo de emoción, pero justo cuando iba a hacerlo, el guía decidió hacerlo a manera de diversión.
El verdadero encanto del paseo, era el paisaje natural, y claro el paisaje de dos chicas que viajaban con nosotros, eran las clásicas amigas viajeras, las dos súper hermosas, una tímida, otra muy despierta y sobre protectora de la amiga tímida. En las paradas ejercía mi derecho universal, a pretender ligar con ellas, no era que pretendía tener éxito, solo queria mantener la practica. Para terminar el día, obtuve de recompenza, el mejor plato que comí en todo mi viaje, una trucha envuelta en hoja de parra, un plato muy sencillo, pero celestial.
Con el despertar de un nuevo día, no solo cargaría con mi habitual ratón, súbitamente surgió una preocupación que me arrollo totalmente, cuando fui a pagar toda mi estadía de hotel y los paseos de Ali, con mi tarjeta de crédito, esta no paso en ningún punto de todo Olympos, se empezó a volver turbio mi horizonte, solo contaba con algo de efectivo y mi viaje a penas comenzaba, repentinamente me sentí preocupado, inmediatamente empecé a buscar soluciones practicas, lo primero fue tratar de comunicarme con mi banco, gaste cinco euros en un teléfono publico y nunca sali de la parte de las computadoras, no pude hablar con una persona, envié un correo electrónico a mi banco y empecé a buscar la manera de que me enviaran dinero desde Venezuela a Turquía, lo cual sería un señorial problema, porque en Venezuela tenemos control cambiario.
En ese momento Elena, fue muy solidaria conmigo, me brindo mucho apoyo tanto moral, como técnico, ya que ella habla turco perfecto y empezó a indagar sobre mi problemilla, la primera alternativa que me brindo fue simple, - Quédate en Olympos tanto como te sea necesario, ya que acá no gastaras dinero - , medite un poco en las palabras de Elena y vacié de nuevo mi mochila, saque cuenta del efectivo que tenia y en base a lo que había vivido ya en el país, me atrevía a especular que podría continuar mi recorrido. Ya no quedaba mucho que hacer solo esperar, así que continúe reparando el carro de Ali La mecánica absorbe mis pensamientos y me obliga a concentrarme exclusivamente en ella, solo pienso en mecánica cuando trabajo mecánica, así no mas me olvide de que mi tarjeta de crédito, esta era solo un pedazo de plástico inservible.
Al cambiar las piezas malas del carro y darle arranque, me tome algunas libertades, lo entone, le limpie las bujías, lo puse a sonar placido, me senté en el asiento del piloto y por primera vez en veintiún días conducía un carro, una de mis mayores pasiones, subí del estacionamiento y le dije a Ali lo clásico que todos los mecánico dicen, - Voy a probar como quedo el carro -, me llevo un ratico acostumbrarme a él, en cuestión de minutos ya iba por la callejuela del pueblo a 140 Km/h zigzagueando entre arboles, como en una valida de rally, al final de la calle hice un trompo y de regreso lleve unas lindas chicas a la playa, claro me miraban horrible, yo andaba sin franela, lleno de grasa, sudado y a toda maquina por el pueblo, justo antes de llegar donde estaba Ali, recorte la velocidad y pase como si nada.
En un pueblo chico como ese, nada es secreto, en cuestión de unas horas Ali me pregunto, que le había hecho al carro que lo vieron corriendo como bala, su carro no corría, la triste realidad era que Ali, no sabía correr su carro, y creo que es de lo mejor que a podido pasar, porque mi amigo es muy diestro sobre un kayak, pero muy torpe con un carro.
Ya por la tarde, sentado abrumado por el tedio, Ali seguía hablándome sobre yoga y técnica de respiración, ponía tanto empeño en eso que me daba pena no prestar atención, así que fingía interés, no tenía idea de cuál era su finalidad, ni entendía mucho, el solo hablaba en ingles y yo pensaba en español sobre mis problemas financieros, ya al rato, sin notarlo Ali había desaparecido, hasta que volvió a aparecer con dos maletas muy largas y fue cuando descubrí cual era la finalidad de ese curso loco de yoga, me iba a llevar a pescar con arpón y quería que tuviera nociones de técnicas de respiración, para explicarme como bucear. La pesca con arpón era un todo para Ali, su vida, sus sueños, su caminar, su actuar estaba basado en función a la pesca con arpón, sus grandes aventuras y grandes hazañas giraban en torno a eso.
Caminamos hasta donde tenía los kayak guardados, tomamos uno doble, “escondimos” las cosas dentro, arrastramos con el siguiendo el mismo camino que llevamos en los paquetes turísticos, esta vez era distinto, éramos dos amigos arrastrando un kayak, cargado con ingredientes para una aventura, no se hacía por dinero se hacía por placer. Bajamos por el rio bromeando, mientras me ponía las pautas claras de cacería, - Buscamos meros, no dispares a ninguno que pese menos de tres kilogramos - , también me hablaba de los hábitos de esos peces, según son territoriales y gustan de los espacios entre las rocas.
La remada era un poco distinta a cuando se rema individualmente, debía hacerse sincronizada para sentirla suave, si se hacía a destiempo, llevarías todo el peso del bote mas el del compañero, así fuimos por toda la costa hasta un punto donde solo destacaba una roca, al ir acercándonos apareció una diminuta playa, de unos siete metros de largo, allí desembarcamos, guardamos el kayak y recibí mi clase de uso del arpón, súper resumida – Así se carga el arpón y acá disparas -, después de eso me dieron los tips de seguridad, - Nunca dispares a un pez que este en mi dirección y cuidado te disparas en una pierna -, seguido a eso Ali entro al agua y no lo volví a ver más hasta pasada la tarde. No lo critico, el hace las cosas a mi manera, creo que yo en su posición habría dado una clase mas resumida.
Allí estaba, solo frente al mar, debía ponerme el equipo de snorkel, familiarizarme con él, y a parte acostumbrarme a nadar con el arpón en las manos, allí adentro di gracias a la bromita que me hicieron en Kekova, me sentía muy confiado nadando, mas aun teniendo unas chapaletas de un metro de largo cada una, con solo un pequeño esfuerzo alcanzaba una velocidad no imaginada por mí. El mundo bajo el mar me resultaba nuevo, un poco intimidante, pero llamativo, un mundo ingrávido, pero en el cual la “presión atmosférica” te castiga contundentemente cualquier acto de osadía, de a momento perdía la orientación, mi gps no funciona bien bajo el agua. Después de dos horas nadando, reconozco que nunca, en mi vida había pasado tanto rato nadando, y menos una distancia tan larga, aun no me atrevía a usar el arpón, en parte porque no había visto un pez con las características dadas, y en parte por miedo. Me sentía algo cansado, así que decidí salir del agua por un rato.
De vuelta al agua, ahora con una sola intención, usar el arpón, pero no encontraba meros, bajaba profundo, utilizando las técnicas aprendidas y no encontraba nada, ya me sentía impaciente, quería usar el arpón, me era poco práctico disparar a la nada con él, y de a poco cambie mi objetivo de comer mero, por el simple objetivo de matar algo, quería ver que daño infligía esa flecha metálica, no me considero una persona sanguinaria, ni violenta. De a poco divise una posible victima, un inocente pececillo, me ubique a un lado de él, como a diez metros de distancia, apunte como me explicaron y pum, el agua se agito, se volvió turbia, al disiparse todo, solo quedo un desdichado pez atravesado por el acero, el pobre miserable aun se movía, yo espere que la muerte le llegara pronto, tome el arpón y la vista era desgarradora, las viseras expuestas y el pobre sacudiéndose en un movimiento frenético, alentado por el deseo de liberarse, al tomar el acero, el pobre pez asemejaba un pincho bizarro, intente zafarlo del sufrimiento, pero Ali nunca me conto como hacerlo, imagino que pensó que no atinaría a nada.
Allí estaba yo flotando en el Mediterráneo, batallando con el dilema moral de acortarle el sufrimiento, a un desdichado pez, por un instante pensé en partirlo a la mitad, y que por una vez por toda dejara de moverse y sufrir, nada cuanto se me ocurría funcionaba, a la larga razone un poco el funcionamiento, de la letal herramienta, al fin libere al pobre, pensé que flotaría panza arriba, inerte y carente de vida, pues no, el muy desgraciado salió como flecha, desapareció en las rocas, me dejo a mí con la duda eterna de cuanto más sufrió, gracias a mis caprichos, actos que contrarían mi razón, se oponen a mis principio morales y éticos, había causado un sufrimiento horrible, despreciando la vida de un ser, justificando el simple deseo de probar un arpón.
Esa mañana el ratón, ya no me molestaba, solo estaba allí como todo en mi cabeza, lo que si me empezó a molestar fue el “tradicional desayuno turco”, nunca imagine que esa definición se convertiría en sinónimo de monotonía absoluta para mi, ya no encontraba como combinarlo para hacerlo saber distinto, no se ya a esas alturas del viaje extrañaba una arepa, una carnita mechada y un cochinito frito. Ese día también me di cuenta, de que ya era todo un personaje en el pueblo, saludaba a todo el mundo en turco, bromeaba con todos en la calle y me habían dado un apodo “amigo”, no podía quejarme, ya me habían aceptado en su comunidad y tenía hasta un hermano gemelo. Por la tarde, sentado en la agencia de viajes, llegaron unas musas hermosas, en eso le comento amparado en la privacidad de hablar español a Elena – Que chica tan hermosa esta flaca, me casaría con ella ahorita mismo –, noto el rostro de la chica ruborizado y al voltearse me dice – Enserio te casarías con una perfecta extraña - , la pena me mataba solo respondí – Bueno es verdad, es muy acelerado y primero te invitaría una efes -.
Esta chica era una norte americana de nombre Kate, de cuerpo menudo, delgado, mirada picara, cabello corto alocado y con mucha mucha personalidad. La presencia de las chicas allí era, porque iba a salir a un paseo de kayak, nada mas y nada menos que con Ali, y quien era el ayudante estrella de Ali, pues su servidor, ese día no cobraría, ese día remaría como animal y cargaría con los kayak solo. El recorrido fue el mismo de todos los días anteriores, la charla fue la misma, lo que no fue lo mismo fue la compañía, pero como todo por acá, resulto ser como la ola que golpea la playa, sacude, extrémese y al voltear ya no esta.
El despertar me tenia mas que ratón, me tenia preocupaciones, mi asqueroso banco no me brindaba solución a mi problema, estaba “varado” en medio de Turquía, debía generar soluciones, no podía estar mas días estático, aunque sinceramente no me molestaba, saque todo mi dinero en efectivo, liras, dólares y euros, me senté con Elena a planificar, al contar me dice Elena, - ¡Neho, que tanto lloras, eres millonario, con este dinero en Kurdiquistan, harás todo lo que quieras! - , la verdad es que había hecho mi presupuesto a precio de Estambul y la ruta turística, y yo me disponía a lanzarme a la zona “prohibida” (según Lonely planet) de Turquía, dejaría atrás mis pasantías y entraría al mundo real. Elena no andaba muy contenta porque los dejara, no paraba de decirme, - La oficina no seria igual sin ti- , aunque termino reconociendo que debía continuar mi viaje.
Al tener un rato charlando paso Ali como loco, solo decía – Balik, Balik, Elena Baliiiik -, a eso Elena respondió con un gesto de resignación y cerro diciéndome – Algún idiota vio peces, en algún lado y ya vez como se volvió mi pobre esposo -. Ese día por la tarde caminamos a un pueblo vecino de Olympos, un pueblo algo costoso, donde Elena conocía una pastelería que le encantaba y donde no vendía licor, ya me tocaba hacer algo no etílico y desintoxicarme un poco, el camino fue por toda la orilla de la pedregosa playa, en él me llamo la atención unas protecciones metálicas en la playa, era para proteger los huevos de tortugas Caretta caretta, según me contaron luego mis tortugueros amigos, estas tortugas deben hacer un maratón cruzando la pedregosa playa, para poder anidar en la arena. Al llegar a la pastelería encuentro un sitio muy europeo, al estilo de los cafés que vi en Italia o Francia, allí habían cientos de postres, tanto turcos, como internacionales, tomamos asiento en un sofá y pasamos la tarde charlando, comiendo dulces y tomando té, pagamos un dineral, el sitio es caro, pero muy sabroso, además la compañía ameritaba el gasto, Elenita fue de gran apoyo para mi, y la considero mi gran amiga.
Durante la noche me sentía algo triste, quizás inseguro de dejar ese sitio donde tan a gusto me sentía, quizás por no querer dejar las buenas amistades, lo cierto es que debía continuar mi viaje, el oeste turco me llamaba, he inconscientemente quería volver estar “sentado al lado del camino”, volver al silencio que brinda la soledad y el anonimato de ser un nómada en paso. Esa noche quise hacerla distinta, me bañe, afeite, me puse ropa limpia y hasta una camisa, también un poco de colonia, claro la informalidad por delante salí en bermudas y raja dedo, al apenas poner un pie fuera de la habitación, comenzaron los chistes, el primero fue Apu, que enseñaba un cuarto vecino al mío a unas chicas, luego le vino la señora de la limpieza y cerraron todos en la oficina, solo decían, que me había vestido “bien”, porque tenia una cita con la fulana Kate, pero era falso, solo me arregle porque la ocasión lo ameritaba.
Lo primero esa noche fue, comprar un presente a Elena, ella había delirado por unos aretes que vio por alla, (para hacer feliz a una mujer solo hay que escucharla, allí encontraras todo lo que se necesita), seguido a eso cate cuatro tipos de cerveza que no conocía, especulando que no tomaría mas en tierra kurda. Cuando volvia a la oficina, me encontré de frente con el renult toro de Ali, me embarcaron y me llevaron de rumba, merodeamos por varios antros, la mayoría estaban aburridos, a la final después de refunfuñar un poco, terminamos en la discoteca de Orange pension, jamás en mis días allí, había imaginado que ese lugar existía, ni menos que estaba justo detrás de mi taller. La rumba en la disco fue salvaje, el lugar espectacular, la compañía inmejorable, era el lugar perfecto para observar la conducta de las personas turcas, a primera vista salta, que los hombres bailan entre ellos, cosa que por mi tierra, seria gay, también el bailar mucho mas rígido, aunque como factor común el licor siempre inhibiendo gente, entre ellos a Elena, esta solo quería escuchar una canción en español, “la loba” de “las chicas del can”, yo me arrodille riendo al escuchar su petición, cuando logro que el dj la pusiera, los únicos en el lugar que la tripearon fuimos nosotros dos, meses después Elena me escribió – Hola Neho, por acá haces mucha falta, sabes que no hay nadie a quien le gustes nuestra canción -.
Esa mañana el ratón era descomunal, debía armar mi mochila, actualizar mi libreta, cosa que ya no me provocaba hacer, porque había extraviado mi bolígrafo azul, solo con el las letras fluían de mi mente al papel, también el calor y la humedad eran peores que cualquier otro día, al bajar al súper no pedí mi habitual bira de la mañana, solo un jugo de cereza, la chica me miro hasta preocupada, como si me viera enfermo, al sentarme en la oficina me despedí afectuosamente de mi “Amigo” y de su novio, que por razones de privacidad hare omisión de sus nombre, pero no sin antes hacer honor, al gran placer que fue compartir con ellos, Beşiktaş, es el mejor equipo de futbol, claro después del UAM, les regale mi ultimo chocolate, para que lo compartieran en pareja, pronto apareció Elena, en su scooter, todo apurada porque pensaba que me iba a ir sin despedirme, me llevo a su casa, donde encontramos al agonizante Ali, pobre victima mas del ratón, este me despidió como un hermano, fue un momento muy distinto a todo el viaje, hasta sin querer una lagrima salió de mis ojos, el bus esperaba por mí, debía seguir, cruce la quebrada al montarme voltie, dije adiós, ellos el clásico gule gule y otra etapa de mi viaje comenzó.
Dedico este capitulo a esos amigos que quedaron por allá, en el Olympos, divirtiéndose en su trabajo, cazando peces, riendo, ligando chicas, bebiendo biras, cantando “yo no soy una loba nooooo” y gritando “var midieeeeeee”. Ali, Elena, Amigo y la Novia de amigo, los esperare por aca, ahora la rumba ira por mi cuenta.
Opiniones:
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Olympos Orange Pension
Alojamiento: Bungalow en Kumluca, Turquía
Buen lugar, buena ubicacion y dan descuento a personas de habla hispana
Tipo de viaje: Placer | Ideal para: Parejas, Familia con hijos, Con amigos, Solos y solas, Grupos
| Servicio | |
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| Precio/calidad |
Olympos Cactus Cafe
Alojamiento: Camping en Kumluca, Turquía
Llegue solo a disfrutar de su musica en vivo y su ambiente muy alegre, ideal para una rumba playera.
Tipo de viaje: Placer | Ideal para: Con amigos, Solos y solas, Grupos
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Últimos comentarios
yojose dice:
Órale que buen lugar. me gustan esas habitaciones que solo incitan a salir de ellas. jejej son las que puedo pagar...
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babydollspain dice:
Vaya, magníficos días en Olimpos... mejor que los dioses!!!
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viajaconmigo dice:
Que buen relato mi hermano!! hasta me han dado ganas de pasar por allí.
un abrazo desde córdoba.
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marianitasoteldo dice:
Las benditas restricciones de nuestro control cambiario, dejan varado a cualquiera en cualquier lugar!!! Afortunadamente para eso los Venezolanos tenemos mucho ingenio, para superar las crisis y para hacer chistes con la desgracia...
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lunita1981 dice:
Gracias por compartir tu diario, me gusta tu redacción es muy simpática
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cocomaria dice:
muy bueno me rei un mundo con mi mami.. a nadar paisano.. jajja esta bueno..
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Capítulos de este diario
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1
Del comienzo y el primer contacto con europa y los europeos
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2
La bienvenida a Turquía y el primer Adhan
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3
El primer contacto con Istanbul
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4
De los sabores de Istanbul (Efes, Cacique, Carre y charla)
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5
De paso por Piedradura
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6
Una pasada fugaz por el Kremlin de algodón y un çay en Selçuk mirando cigüeñas
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7
Born to be wild (De mis andanzas por Fethiye)
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8
Solo en el Olympos
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9
De la jamás vista ni oída aventura que con más poco peligro fue acabada de famoso caballero en el mundo, como la acabó el valeroso Neho.
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Buscando el arca fui, pero a un niño picaro me encontré.
Dogubayazit, Turquía | 21 de julio de 2010
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Como una cabra, con olor a pino
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Decepcionante Trabzon, en busca de Natasha
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13
¿De vuelta a Venezuela?, primero debía pasar por Estambul y quien sabe por dónde mas
En Kumluca...
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