Puket
Ko Phuket, Tailandia — lunes, 21 de noviembre de 2011
Salimos del hotel en Bangkok por la mañana en un minibús que nos transportaría a Pattaya, ubicado en el Golfo de Siam, balneario que está ubicado a 2 o 3 horas de la capital tailandesa. Llegamos al hotel aproximadamente a las 11 de mañana. Las habitaciones del hotel eran cómodas con amplios ventanales ofreciendo una vista agradable al mar.
Una vez instalados, de inmediato nos dispusimos a zambullirnos en el mar. El clima era excelente y brillaba el sol en todo su esplendor. Se presentaba la ocasión para probar la cerveza “tiger”, la más conocida y famosa en Tailandia por lo que nos abastecimos en las innumerables tiendas que abundan sobre la costa.
Observamos que en la playa se encontraban varias personas jugando futbol, por lo que inmediato me integre con ellos a dominar el esférico. En lo particular no soy tan bueno pero me defiendo tratando de emular a los grandes jugadores del balompié internacional. Por un lado había australianos, italianos, británicos y mas, y por el otro tailandeses. Opte por pertenecer a los tai, y mostrar mis habilidades futboleras. El trofeo sería una buena cantidad de cervezas. Defendí el equipo con la garra azteca que me caracteriza siendo el único extranjero con la camiseta tailandesa. El partido fue intenso y de mucha garra tratando de ganar, pero los contrarios eran muy fuertes en comparación con los tai que son más ligeros en fortaleza.
Finalmente perdimos el encuentro tras un disputado partido, teniendo una diferencia mínima. Tras el agitado partido los perdedores compramos el preciado líquido cervecero a los vencedores, el esfuerzo y la sed nos incitaba a tomarlo como agua. Les mencioné a los ganadores que la revancha seria en el Estadio Azteca de la Ciudad de México y el resultado sería distinto contando con apoyo incondicional del azteca. Sin duda fue una agradable convivencia aquella tarde.
Notamos que a los tailandeses no es de su agrado broncearse directamente sobre la piel, paseaban en la playa con playera o camiseta al igual que al momento de nadar mirándonos con cierta curiosidad al no portarla nosotros o cualquier turista de otra nacionalidad. Quizá no les guste recibir directamente los rayos solares en el torso y broncearse o exista alguna costumbre rígida que se lo impida. Por otro lado nos estábamos acostumbrados a saludar con las manos juntas de ambos brazos inclinando la cabeza a la persona que de igual forma nos saludaban, en lo particular me parece una forma de mucho respeto este tipo de saludo.
En Pattaya abundan los restaurantes con sus especialidades de mariscos combinando lo picante con lo dulce, obteniendo un delicioso sabor y aroma exquisito, por lo que no perdíamos la ocasión para disfrutar las diferentes combinaciones que se presentaban.
Por la noche salimos a conocer de nuevo la vida nocturna la cual ya nos era familiar, sorprendiéndome la gran cantidad de discotecas, bares, salas de masaje y centros nocturnos, mas en cantidad que en BKK. y los cuales cierran sus puertas a los noctámbulos entre las cinco o seis de la mañana siendo menos tolerante a diferencia de Bangkok.
El buffet del hotel no era tan variado como el de BKK y de menor cantidad en cuanto a los platillos que se presentaban, pero de cualquier forma lograba satisfacer el sabor y gusto por la comida.
Una vez conocido Pattay, teníamos la necesidad de regresar a BKK a efecto de tomar el vuelo a Puket. El avión volaría por la mañana, a temprana hora, por lo que abordamos un taxi directamente al aeropuerto ya que el primer autobús saldría en el transcurso de la mañana y no tendríamos tiempo de llegar al aeropuerto a la hora indicada. El recorrido por taxi fue entre hora y media y dos horas y hasta cierto punto económico por lo que sin ningún problema llegamos con buen tiempo.
El vuelo fue nacional sin requerir la visa ya que volaríamos dentro de territorio tailandés a través de la línea aérea “THAI”, que en mi gusto son los mejores aviones en los que he volado con una atención de primera, comida excelente y cómodos asientos, superando a las líneas aéreas estadunidenses y europeas. Se menciona que es la segunda mejor del mundo y en la que se han presentado menores accidentes. El vuelo fue entre 45 a 50 minutos, por tren o autobús seria de 10 horas aproximadamente y se retrasaría nuestro plan de viaje.
Del aeropuerto de Puket tomamos un taxi al hotel ubicado en la bahía de Pattong Beach, se apreciaban en ciertos lugares los daños ocasionados por el Tsunami que arraso parte de esta zona y en algunos otros reconstruyendo la infraestructura hotelera.
El hotel era confortable, con habitaciones amplias y alberca, ubicado en mi gusto en la mejor zona de Puket con todo lo necesario para una estancia agradable y placentera. El administrador nos informó que ante cualquier alarma, de inmediato evacuáramos el hotel al sitio indicado para el rápido traslado a la montaña teniendo a la mano los documentos importantes. En cierta ocasión en la playa se presento viento demasiado fuerte por lo que de inmediato estábamos atentos y alertas a lo que sucediera ya que la gente se observaba un tanto tensa. Afortunadamente no sucedió algún percance por lo que toda la gente se tranquilizó. Platicando con los lugareños tenían aún fresca en la memoria la tragedia vivida y con la esperanza de no repetirse en lo futuro
Por la noche asistíamos a la vida nocturna ya conocida y comer los deliciosos manjares que se ofrecían en sus múltiples restaurantes, a un precio económico.
Por la noche asistimos al teatro tailandés “Fantasy sea”, tour que también ofrece el hotel con la cena incluida, su costo entre $ 40 o 50 dólares por persona con el transporte incluido. El área que conforma el teatro está compuesta por varios foros con presentaciones de bailes regionales de diferentes etnias que compone este país, el atuendo que lucían los bailarines era llamativo y de agradable presencia.
No tenía idea que se presentaría en la función teatral, tal vez serían de nuevo bailes, magos o cantantes, no lo sabía. Al apagar las luces por breves segundos y con luz tenue aparecieron en lo alto una serie de personajes vestidos llamativamente que se colgaban y mecían en lianas en un paisaje tropical. Se veía y escuchaba el correr del rio con agua natural de un extremo a otro del foro. El sonido de fondo de aves, tigres y demás era tan nítido que con imaginación seria como estar en la propia selva.
De pronto apareció en el escenario una fila de elefantes ataviados con telas multicolores los cuales desfilaban entre los pasillos del público. Era fantástico el espectáculo y tan natural que nos hacia vibrar de emoción lo que veíamos y escuchábamos, jamás lo olvidaré.
En el hotel escogimos un tour para conocer una de las seis islas que conforman Phi Phi localizadas entre Puket y el Mar Andaman. Salimos muy temprano ya que lo exigía el paseo teniendo que regresar el mismo día. El trayecto fue corto el cual incluía refrigerios, bebida a bordo y snorkel. Al llegar a la isla se apreciaba el azul turquesa de la playa contrastando con el azul profundo del mar, haciéndome recordar las paradisiacas playas de Cancún en México. La isla es muy pequeña, por un lado se observa el mar abierto y por el otro a unos metros la bahía cristalina de la isla. Esta isla fue cubierta en gran parte por el Tsunami apreciándose algunas palmeras semidestruidas y sin el verdor que las caracteriza notando los estragos que había causado el fenómeno natural. Sin duda es un magnifico lugar para nadar y apreciar la gran cantidad de peces multicolores que se presentan.
De regreso a Puket nos dispusimos a empacar nuestras mochilas y reordenar nuestros documentos ya que al día siguiente muy temprano teníamos que dirigirnos al aeropuerto para realizar un vuelo muy largo a la Ciudad de México con varias escalas por delante, pero con la buena experiencia en este viaje prometiendo en un futuro regresar a Tailandia. Ya en el avión de regreso Rafael y su servilleta nos preguntábamos cual sería nuestro siguiente viaje y que ruta escogeríamos. Este viaje lo realizamos Rafael y su servilleta en 2006 siendo una experiencia más en nuestras vidas.
Una vez instalados, de inmediato nos dispusimos a zambullirnos en el mar. El clima era excelente y brillaba el sol en todo su esplendor. Se presentaba la ocasión para probar la cerveza “tiger”, la más conocida y famosa en Tailandia por lo que nos abastecimos en las innumerables tiendas que abundan sobre la costa.
Observamos que en la playa se encontraban varias personas jugando futbol, por lo que inmediato me integre con ellos a dominar el esférico. En lo particular no soy tan bueno pero me defiendo tratando de emular a los grandes jugadores del balompié internacional. Por un lado había australianos, italianos, británicos y mas, y por el otro tailandeses. Opte por pertenecer a los tai, y mostrar mis habilidades futboleras. El trofeo sería una buena cantidad de cervezas. Defendí el equipo con la garra azteca que me caracteriza siendo el único extranjero con la camiseta tailandesa. El partido fue intenso y de mucha garra tratando de ganar, pero los contrarios eran muy fuertes en comparación con los tai que son más ligeros en fortaleza.
Finalmente perdimos el encuentro tras un disputado partido, teniendo una diferencia mínima. Tras el agitado partido los perdedores compramos el preciado líquido cervecero a los vencedores, el esfuerzo y la sed nos incitaba a tomarlo como agua. Les mencioné a los ganadores que la revancha seria en el Estadio Azteca de la Ciudad de México y el resultado sería distinto contando con apoyo incondicional del azteca. Sin duda fue una agradable convivencia aquella tarde.
Notamos que a los tailandeses no es de su agrado broncearse directamente sobre la piel, paseaban en la playa con playera o camiseta al igual que al momento de nadar mirándonos con cierta curiosidad al no portarla nosotros o cualquier turista de otra nacionalidad. Quizá no les guste recibir directamente los rayos solares en el torso y broncearse o exista alguna costumbre rígida que se lo impida. Por otro lado nos estábamos acostumbrados a saludar con las manos juntas de ambos brazos inclinando la cabeza a la persona que de igual forma nos saludaban, en lo particular me parece una forma de mucho respeto este tipo de saludo.
En Pattaya abundan los restaurantes con sus especialidades de mariscos combinando lo picante con lo dulce, obteniendo un delicioso sabor y aroma exquisito, por lo que no perdíamos la ocasión para disfrutar las diferentes combinaciones que se presentaban.
Por la noche salimos a conocer de nuevo la vida nocturna la cual ya nos era familiar, sorprendiéndome la gran cantidad de discotecas, bares, salas de masaje y centros nocturnos, mas en cantidad que en BKK. y los cuales cierran sus puertas a los noctámbulos entre las cinco o seis de la mañana siendo menos tolerante a diferencia de Bangkok.
El buffet del hotel no era tan variado como el de BKK y de menor cantidad en cuanto a los platillos que se presentaban, pero de cualquier forma lograba satisfacer el sabor y gusto por la comida.
Una vez conocido Pattay, teníamos la necesidad de regresar a BKK a efecto de tomar el vuelo a Puket. El avión volaría por la mañana, a temprana hora, por lo que abordamos un taxi directamente al aeropuerto ya que el primer autobús saldría en el transcurso de la mañana y no tendríamos tiempo de llegar al aeropuerto a la hora indicada. El recorrido por taxi fue entre hora y media y dos horas y hasta cierto punto económico por lo que sin ningún problema llegamos con buen tiempo.
El vuelo fue nacional sin requerir la visa ya que volaríamos dentro de territorio tailandés a través de la línea aérea “THAI”, que en mi gusto son los mejores aviones en los que he volado con una atención de primera, comida excelente y cómodos asientos, superando a las líneas aéreas estadunidenses y europeas. Se menciona que es la segunda mejor del mundo y en la que se han presentado menores accidentes. El vuelo fue entre 45 a 50 minutos, por tren o autobús seria de 10 horas aproximadamente y se retrasaría nuestro plan de viaje.
Del aeropuerto de Puket tomamos un taxi al hotel ubicado en la bahía de Pattong Beach, se apreciaban en ciertos lugares los daños ocasionados por el Tsunami que arraso parte de esta zona y en algunos otros reconstruyendo la infraestructura hotelera.
El hotel era confortable, con habitaciones amplias y alberca, ubicado en mi gusto en la mejor zona de Puket con todo lo necesario para una estancia agradable y placentera. El administrador nos informó que ante cualquier alarma, de inmediato evacuáramos el hotel al sitio indicado para el rápido traslado a la montaña teniendo a la mano los documentos importantes. En cierta ocasión en la playa se presento viento demasiado fuerte por lo que de inmediato estábamos atentos y alertas a lo que sucediera ya que la gente se observaba un tanto tensa. Afortunadamente no sucedió algún percance por lo que toda la gente se tranquilizó. Platicando con los lugareños tenían aún fresca en la memoria la tragedia vivida y con la esperanza de no repetirse en lo futuro
Por la noche asistíamos a la vida nocturna ya conocida y comer los deliciosos manjares que se ofrecían en sus múltiples restaurantes, a un precio económico.
Por la noche asistimos al teatro tailandés “Fantasy sea”, tour que también ofrece el hotel con la cena incluida, su costo entre $ 40 o 50 dólares por persona con el transporte incluido. El área que conforma el teatro está compuesta por varios foros con presentaciones de bailes regionales de diferentes etnias que compone este país, el atuendo que lucían los bailarines era llamativo y de agradable presencia.
No tenía idea que se presentaría en la función teatral, tal vez serían de nuevo bailes, magos o cantantes, no lo sabía. Al apagar las luces por breves segundos y con luz tenue aparecieron en lo alto una serie de personajes vestidos llamativamente que se colgaban y mecían en lianas en un paisaje tropical. Se veía y escuchaba el correr del rio con agua natural de un extremo a otro del foro. El sonido de fondo de aves, tigres y demás era tan nítido que con imaginación seria como estar en la propia selva.
De pronto apareció en el escenario una fila de elefantes ataviados con telas multicolores los cuales desfilaban entre los pasillos del público. Era fantástico el espectáculo y tan natural que nos hacia vibrar de emoción lo que veíamos y escuchábamos, jamás lo olvidaré.
En el hotel escogimos un tour para conocer una de las seis islas que conforman Phi Phi localizadas entre Puket y el Mar Andaman. Salimos muy temprano ya que lo exigía el paseo teniendo que regresar el mismo día. El trayecto fue corto el cual incluía refrigerios, bebida a bordo y snorkel. Al llegar a la isla se apreciaba el azul turquesa de la playa contrastando con el azul profundo del mar, haciéndome recordar las paradisiacas playas de Cancún en México. La isla es muy pequeña, por un lado se observa el mar abierto y por el otro a unos metros la bahía cristalina de la isla. Esta isla fue cubierta en gran parte por el Tsunami apreciándose algunas palmeras semidestruidas y sin el verdor que las caracteriza notando los estragos que había causado el fenómeno natural. Sin duda es un magnifico lugar para nadar y apreciar la gran cantidad de peces multicolores que se presentan.
De regreso a Puket nos dispusimos a empacar nuestras mochilas y reordenar nuestros documentos ya que al día siguiente muy temprano teníamos que dirigirnos al aeropuerto para realizar un vuelo muy largo a la Ciudad de México con varias escalas por delante, pero con la buena experiencia en este viaje prometiendo en un futuro regresar a Tailandia. Ya en el avión de regreso Rafael y su servilleta nos preguntábamos cual sería nuestro siguiente viaje y que ruta escogeríamos. Este viaje lo realizamos Rafael y su servilleta en 2006 siendo una experiencia más en nuestras vidas.
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