Kizhi: la fantástica isla-museo

Escribe: Dragonauta
Ubicada en el lago Onega, en la república de Karelia (perteneciente a Rusia) esta isla, además de la pureza de su entorno y la belleza de su paisaje natural, guarda entre sus tierras unas fabulosas construcciones que parecen edificios de juguete. Con iglesias construidas con madera encastrada, la isla es uno de los monumentos de la humanidad menos conocidos y más impactantes de la renovada Rusia.

 

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Capítulo 1

Kizhi: la fantástica isla-museo

Kizhi, Rusia — domingo, 28 de mayo de 2006

En todo el mundo se conocen sitios que han permanecido intactos desde tiempos inmemoriables. Estos regalos del pasado suelen encontrarse en los centros históricos de ciudades importantes, o bien en pequeños pueblos que mantienen las antiguas tradiciones de sus pobladores originales.

Lo que hace a la isla de Kiszhi un lugar tan fascinante es que allí no existen pobladores o signos de nuestros tiempos: todo lo que se expone en esta isla-museo es original y asombroso. Como un tesoro impensado, descubierto de casualidad, Kizhi sigue sorprendiendo, y lo seguirá haciendo, a los viajeros que llegan a estos remotos parajes para contemplar esta isla perdida que tiene mucho por ofrecer.

Historia

Las investigaciones arqueológicas realizadas en la región dieron a conocer que estas tierras fueron habitadas por humanos a partir del siglo VI a.C. Por las islas que contiene el lago Onega se hallan huellas de pinturas rupestres con dibujos de animales míticos y escenas de caza.

Pero entre los siglos X y XII llegaron varias oleadas de colonos venidos de Nóvgorod. Ellos impusieron su religión católica y sus métodos de cultivo que les permitieron desarrollarse y subsistir en esta región. Además de su cultura y trabajo, trajeron también su afamada habilidad para construir con madera, y gracias a esta habilidad y la robustez de las maderas utilizadas, hoy estas construcciones permanecen como tótems de otros tiempos.

La arquitectura en madera de la región de Karelia es representativa de toda una época en la historia cultural de los rusos. Es que entre tantos bosques de maderas nobles, estos artesanos y arquitectos al mismo tiempo pudieron desarrollar una compleja actividad que mezcla la técnica y el arte. Los constructores de Karelia hacían barcos, casas, iglesias, muebles, y hasta las herramientas y utensilios cotidianos con la madera. Sus niños aprendían a apreciar desde temprana edad esta labor ya que sus juguetes estaban realizados del mismo modo. Estos artesanos de la madera dejaron muchas muestras de su arte, pero el tiempo y la erosión no permitió que muchas de estas maravillas llegaran a conservarse.

Finalmente casi todo lo que sobrevivió a través de las eras fue llevado a la isla de Kizhi, y es así como en la actualidad este lugar es considerado un museo al aire libre que conserva el aprecio estético de los anónimos constructores de estas maravillas en madera, llevando a alturas inigualables la edificación en madera.

La isla-museo

La región donde se ubica esta isla es conocida desde tiempos inmemoriales por su buena pesca, las salinas que tiene el lugar, los bosques que ofrecían material para la construcción y el calor, y la tierra fructífera donde cultivar. En el siglo XI colonos venidos de Nóvgorod iniciaron el viaje y posterior su asentamiento en esta isla y en algunas de las más de mil quinientas islas que contiene este enorme lago.

Los habitantes de Kizhi se hicieron conocidos por su enorme habilidad para las construcciones y de esta fecha datan los edificios más impactantes que pueden ver en un recorrido por estas zonas. Así, mientras caminas por sus huellas de tierra, podrás ver molinos de viento, herrerías, pequeñas cabañas, graneros y templos monumentales que integran el “museo a cielo abierto” de la isla de Kizhi.

Como un pueblo fantasma, un retrato congelado para siempre, los interiores de estos edificios nos cuentan cómo pudo haber sido la vida de los aldeanos en aquella época. Al entrar en las casas, podrás ver montones de muebles y decoraciones realizadas con las mismas técnicas que los edificios. Casi todas son piezas originales y cuentan la vida cotidiana de sus antiguos habitantes.

El museo al aire libre fue oficialmente inaugurado en la década del 50 del siglo pasado y hoy en día, los viajeros llegan desde todas partes para contemplar exclusivamente este extraño lugar. Pero antes de la inauguración, la función de la isla era totalmente distinta: durante mucho tiempo funcionó como parada para reponer fuerzas antes de seguir rumbo al mar Blanco. Fue así que se configuró como un pequeño centro comercial y religioso. El museo originalmente contaba con las tres iglesias construidas allí: primero la iglesia de San Salvador, realizada en el siglo XVI, luego la catedral de la Transfiguración –que es la más famosa de todas las construcciones de aquí, por sus 22 cúpulas encastradas- que se erigió en conmemoración a la victoria rusa sobre los suecos, y por último se halla el templo de la Interseción de la Virgen, finalizada en 1764. Además, en 1862, se construyó una torre con un enorme reloj en forma octagonal, que hace las delicias de los visitantes.

En la época soviética se instalaron entre estos tres templos, otras viviendas típicas traídas especialmente desde diferentes lugres del país. En total, el conjunto arquitectónico suma 82 piezas. Así fue como se completó el fascinante entorno de este museo único en su especie, y que fue declarado patrimonio de la humanidad en el año 1990.

Iglesias

La iglesia de la Transfiguración es la edificación más importante de la isla. Terminada en el año 1714, tiene una altura aproximada de una torre de doce pisos y cuenta con 22 cúpulas que van ascendiendo al cielo apoyándose unas en otras y encastrando perfectamente entre sí. Esta obra de arte de la construcción fue realizada por unos hábiles artesanos en madera que con mucha maña se las ingeniaron para terminar el edificio sin utilizar ni un solo clavo. Además de este curioso dato, cabe mencionar que la iglesia funcionaba únicamente durante el verano, quedando cerrada el resto del año, por lo que pasó largos períodos sin ser habitada.

Cuenta la leyenda que uno de los puntos destacados del contrato de construcción de este mítico templo indicaba que la altura sería decidida según la medida y la belleza que dictaran el entorno. Y es por ello también que verás que el entorno es ideal para el emplazamiento de estas torres de madera. Nada quedó librado al azar para los geniales carpinteros y artesanos que construyeron este fabuloso templo.

Otras iglesias de la zona con la Iglesia de la Interseción, ubicada al lado de la iglesia de las 22 cúpulas, y la Iglesia de Lázaro, muy cerca de allí. Este último templo es el monumento más antiguo de todo el conjunto, y fue trasladado íntegramente desde el monasterio de Murom, ubicado sobre la costa meridional del lago, en el año 1960.

Capillas

Completan el complejo religioso las capillas de la Asunción, del Arcángel Miguel, del Salvador Divino y de Pedro y Pablo, todas del siglo XVII. Además de estas edificaciones hay otras de menor importancia, pero no por ello con una historia menos interesante.

Dentro del museo de Kizhi podrás encontrar gran cantidad de material iconográfico mundialmente reconocido por su belleza. Así podrás ver estampas y figuras del siglo XVIII, entre ellas las de “La transfiguración de Cristo” y las vidas de Abraham y Sara.

Nuevas exhibiciones

Hace un tiempo el museo amplió sus muestras, y así se inauguraron el museo de bordado ruso, la muestra regional de cultura de Karelia y las exposiciones sobre las tradiciones de diferentes regiones de Karelia. La ampliación de las muestras generó un nuevo interés por esta región y permite que los visitantes puedan conocer la herencia cultural de los pobladores y los rasgos culturales únicos que maravillan tanto a turistas como a los mismos lugareños.

Naturaleza

La isla-museo no es conocida únicamente por sus construcciones. Entre sus campos, Kishi guarda una numerosa diversidad de especies de aves, mamíferos y árboles bajo protección. Encontrarás bosques de abetos, donde podrás pasar un tiempo mágico entre los rayos de sol que se cuelan por sus hojas. Hay excursiones especialmente preparadas para que conozcas estos sitios. Los paseos duran de cuatro horas hasta dos días y son dirigidas por un experto guía. Como puedes imaginar, esta isla tiene mucho que ofrecer.

Tips:

Transporte: Ya que es un icono turístico dentro de Rusia, es sencillo encontrar transporte hasta la isla. Desde la ciudad de Petrozavodsk salen ferries a diario rumbo a Kizhi, el viaje dura poco más de una hora y disfrutarás de los paisajes increíbles de la costa del lago Onega. También hay barcos cruceros que llegan desde San Petersburgo y Moscú. En invierno, dependiendo del grosor del hielo, puedes ir en moto nieve.

En Kizhi, Rusia

Horarios: El museo de Kizhi permanece abierto desde el 25 de mayo hasta el 15 de octubre, de 9 am a 8 pm. El invierno intenso de esta región no permite visitas durante la temporada fría.

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