Transiberiano 2009
Escribe: Gato_perplejo
Este es el relato de los 21 días que pasamos en Agosto de 2009 recorriendo los casi 8000 km que separan Beijing de Moscú en el transmongoliano, la línea férrea que atraviesa China, Rusia y Mongolia.
El día de las 13:00 horas
Kazan', Rusia — miércoles, 26 de agosto de 2009
No se si sabéis lo que es una mariconera, igual los más jóvenes no, pero ahí tenéis Google. Esta denostada prenda es un pequeño bolso-cartera para hombre, normalmente de piel y con un asa donde los padres solían llevar sus cosas: tabaco, llaves, lotería. Móvil no, porque cuando estaba en apogeo éste no existía. En un programa de este invierno de El Follonero, en la Sexta, vi que estaba haciendo campaña y realmente me pareció un complemento a recuperar. Ahora es muy común ver a chicos con bolsos de todo tipo, incluso en La Roda, pero hace 20 años llevar esta carterilla era toda una heroicidad. De ahí como la bautizaron sus detractores: de maricón, mariconera.
Bueno, pues uno de los objetivos del viaje era conseguir unas para Fran y para mi, pero no ha habido forma. Donde más cerca estuvimos fue en China, en el Silk Market. Vimos varios modelos pero eran demasiado gruesas y la imitación no era buena, así que lo dejamos correr. En Mongolia vimos a varios hombres que las portaban, pero tampoco pudimos comprar ninguna y en Rusia llevamos el mismo camino. Igual tenemos que esperar a Madrid para conseguirla.
En fin, vamos con el tema. La noche ha sido regulera, ya comenté ayer que el tren hacía más ruido de la cuenta, pero es que después había ratos que parecía que iba a descarrilar. Cuando te consigues dormir a veces tienes la sensación de que se inclina la cama hacia tu cabeza y que te deslizas. Otras veces da un perchón y te despiertas con el susto. Y hay ocasiones cuando parecen que están golpeando con martillos las ruedas, cosa que no puede ser porque vamos en marcha. Bueno, pues esta noche ha habido un poco de todo, una nochecita completa.
Otra cosa que hemos hecho esta noche ha sido pasar la frontera natural entre la parte asiática de Rusia y la europea: los Urales. Esos montes que tantas veces hemos estudiado en Geografía han pasado sin pena ni gloria por nuestro viaje, ya que debían ser las dos de la mañana cuando los atravesamos. Inmediatamente después el tren debió parar en Ekaterimburgo, la ciudad donde el Zar Nicolás II y su familia fueron asesinados después de la Revolución Rusa de 1917. Una ciudad que nos apetecía visitar para partir en dos este trayecto de 60 horas, pero que como ya comenté no ha podido ser por el tema de horarios del tren.
Después del desayuno de rigor intentamos saber la hora que es. Como el tren va avanzando hacia el oeste estamos ganando tiempo. O como dice Fran,sufriendo un jet lag paulatino, mucho más llevadero que cuando retrasas el reloj 8 horas de golpe, pero igual de desconcertante. Un ejemplo: entre Krasnoyark, la ciudad de la que salimos a Ekarterimburgo, la ciudad que hemos pasado esta noche, hay dos horas de diferencia. Y entre Ekaterimburgo y Moscú otras dos. Eso quiere decir que en nuestro reloj tenemos la hora de Krasnoyark, las nueve de la mañana, pero al levantarnos la tenemos que retrasar dos horas, a las siete, la hora de Ekaterimburgo. O sea, que desayunamos a las siete de la mañana, con lo cual a las once ya tenemos hambre. Como dice Clara, “para nuestro cuerpo” es la una, así que comemos. Pero cuatro horas después, cuando llegamos a Kazán, ya ponemos el horario de Moscú, o sea, dos horas menos. O sea, que vuelve a ser la una y ya queremos merendar. Si a esto le añadimos que también nos vamos haciendo nuestras cuentas con la hora que será en España el cacao es monumental. Si, ya se que no lo entendéis, nosotros llevamos todo el día mirando el reloj simultáneo del Ipod donde aparecen todas las ciudades y no hay manera de ponerse de acuerdo de que hora es.
Al final decidimos tener en cuenta dos horarios: el de “para nuestro cuerpo” o sea, la de Krasnoyark, y la de Moscú, que es a la que llegaremos mañana. Así que hoy nos pasamos el día comiendo, merendando y cenando a horarios europeos y con la sensación de que el tiempo no avanza.
Lo que si tenemos controladas gracias al panel del vagón es cuando son las paradas, donde y cuanto tiempo para. Lo que pasa es que al final, no sabemos si porque el tren lleva retraso o porque nuestras provonidstas son así, las paradas se reducen a la mitad de lo que dice el panel, con lo que hay que estar listos para conseguir avituallamiento.
Lo de la comida de hoy ha estado bien. Llegamos a una ciudad pequeña, no recuerdo su nombre pero creo que era Izhvesk. Normalmente cuando el tren para unos diez minutos suele haber puestos de comida con algo de variedad, pero esta vez no. El tren para, afuera está lloviendo bastante y la dueña y señora de nuestro vagón nos da cinco minutos. Bajamos y no hay nada a la vista para aprovisionarnos, pero algo tenemos que conseguir ya que es la una, por supuesto, y la siguiente parada no es hasta dentro de cuatro horas (aunque será la una de nuevo). Al fondo de la estación veo una señora que parece que vende algo. Vamos corriendo y efectivamente, en una caja forrada de pelo de animal tiene unas bandejas con dos clases de comida: pollo con patatas y albóndigas con patatas. Cogemos una de lo primero y cuatro de lo segundo a cien rublos la pieza. Bien, la comida ya está resuelta. A por la bebida. Un poco más allá otra señora saca una cerveza de una mochila. Nos vamos a ella y le decimos “¿PIVO?”, o sea, cerveza en ruso. La señora dice que sí, pero está atendiendo a otros clientes a la vez. A través de la rendija de su mochila veo lo que parece una litrona. No se que paso por mi cabeza pero meto la mano dentro de la mochila, la agarro, veo que está fría y la extraigo con precisión de cirujano. La señora no se extraña, debe ser normal este procedimiento, así que le pagamos los cien rublos de rigor y nos vamos corriendo a nuestro vagón, donde la provonidsta nos espera impaciente.
Una vez arriba damos cuentas de las bandejas, cocinadas de forma casera y que aparte de carne y patatas también tienen su guarnición de pepino, zanahoria y su perejil adornando, bastante currado. Cuando estamos zampando recordamos el episodio de la extracción de la litrona, algo de lo que soy consciente realmente ahora. Dios, estos rusos me han embrutecido.
Al llegar a Ekaterimburgo la línea férrea se bifurca, aunque las dos tienen como destino Moscú. Por la zona norte, vía Perm, la tradicional. Por la parte sur, vía Kazan, la de los Urales, que es la que llevamos nosotros ahora, no por elección, ya que os hemos dado cuenta sobre la marcha de que vamos por aquí.
Kazan es la capital de esta zona, una ciudad de más de un millón de habitantes con una gran influencia musulmana y sentimiento nacionalista, lo cual vemos en su estación y en las mezquitas que salpican el horizonte de la ciudad y que vemos desde el tren.
En Kazan bajamos unos minutos a comprar la cena: más empanadillas, pan relleno de patata, una especie de pan redondo y una lata de sardinillas. Esta vez no hemos logrado una cena muy sabrosa, pero es lo que había.
Cuando estamos en el andén esperando a que salga el tren, una viejecilla con dos cubos de peras se para delante de mi para que le compre. Le digo que no y casi se me pone a llorar, tengo que irme para no seguir mirándola, me crea una mezcla de mal rollo y tristeza. Hay muchas más por el andén y cuando subo al tren y estoy dando un paseo veo que entre ellas se empujan junto al vagón restaurante para vender sus productos a los cocineros. Es la fotografía de arriba, una imagen que muestra la lucha por la supervivencia en estas duras condiciones.
El tercer día en el tren está pasando factura. Además, son ya muchos días de convivencia y surge alguna mala contestación que enrarece un poco el ambiente.
Esperamos poder superarlo para poder disfrutar de Moscú y poner la guinda al viaje como se merece. Tenemos prevista la llegada a Moscú a las cuatro cuarenta de la madrugada del jueves, así que a las cuatro como muy tarde tenemos que estar arriba. Nos metemos en la cama sobre las nueve, hora de Moscú, saturados ya del día más largo del viaje. A ver como nos recibe la capital de Rusia, la
mayor ciudad de Europa, la más cara y en la que tendremos que tener cuidado con la fauna local.
Hasta mañana.
http://web.me.com/gatoperplejo/Transiberiano_2009/Bienvenida.html
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Últimos comentarios
Gato_perplejo dice:
Hola yenny,
Pues no se que puede pasar, yo si que lo veo. Ve al índice principal y seleccionalo desde ahí, a ver que pasa.
Un saludo.
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Capítulos de este diario
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1
Preparativos y previos
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2
Ya estamos aquí
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3
Descubriendo Beijing
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4
La Gran Muralla
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30 horas en el tren
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Esperando en Ulan Bator
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Rumbo al interior
Ulán Bator, Mongolia | 2 de septiembre de 2009
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A las puertas del Gobi
Desierto de Gobi, Mongolia | 16 de agosto de 2009
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Las familias nómadas
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Karakorum, capital del Imperio
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Hustai: los caballos salvajes
Hu-ya-ko-t'e-t'ao-le-kai, Mongolia | 19 de agosto de 2009
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Esperando en Ulan Bator (II)
Ulán Bator, Mongolia | 20 de agosto de 2009
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13
Entrando en Rusia
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14
Irkustk y lago Baikal
Baikal Mountains, Rusia | 22 de agosto de 2009
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15
El vagón de los perretes
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16
Krasnoyark y al tren
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17
Un día en el tren
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18
El día de las 13:00 horas
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19
¡Aquí estamos Moscú!
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20
Aprovechando el final
En Kazan'...
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