Kauai es en muchos sentidos la más hermosa de las islas, con playas blanquecinas que contrastan con la rica vegetación y los picos volcánicos angulares. También tiene el Waimea Canyon, la versión local del Gran Cañón. Es muy propicia para caminar. ¿Alguna contra? Es muy húmeda; por cierto, es el lugar más húmedo de la tierra.
Molokai ha luchado por conservar su identidad hawaiana: la mayoría de su gente son al menos en un 50% hawaianos, raro de encontrar. Espera más paisajes frondosos y acantilados que caen en picada al mar, pero no te ilusiones con encontrar grandes playas. No hallarás esos enormes complejos hoteleros de Maui, principalmente debido a los ecologistas del lugar que están muy bien organizados y pelean por defender lo suyo.
La isla ofrece un ritmo apacible, lo que sería, por ejemplo, un cambio refrescante después de haber estado en Honolulú.
Lanai fue en una época tan sólo una plantación de ananás; ahora es la sede de dos grandes complejos hoteleros -ambos muy bien conceptuados según los estándares de Estados Unidos, aunque no satisface el gusto de todos- y un tercero en la ciudad vieja.
Tiene buenas playas, pero el paisaje se desluce bastante en comparación con las otras islas, es en su mayor parte árido, especialmente por estar a la sombra de las lluvias de Maui.