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Nepal, India y Ladakh, una buena elección

Escribe: camarazu44
Este viaje lo hicimos dos personas, Michael y yo, para él era la primera vez en Asia, no así para mí. Hicimos de todo un poco y creo que se ha llevado una impresión más que positiva sobre las bellezas de mi sitios favoritos. Hay algunos viajes organizados, bastante económicos, que se pueden ver en mis páginas http://www.indiamiseriosa.es

 

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Katmandú, Himalaya, arrozales, incienso y color

Katmandú, Nepal — domingo, 4 de julio de 2010

Después de una larga espera en Delhi conseguimos embarcar en nuestro vuelo a Katmandú. Cerca de media hora más tarde ya se comienzan a divisar las cumbres nevadas del Himalaya, que nos cierra el paso antes de poder entrar a Nepal. Cada vez que hago este vuelo es la misma emoción cuando puedo ver las cimas heladas de las montañas. Normalmente al llegar a ellas comienza a haber turbulencias en el avión, pero eso es normal. Nos acercamos cada vez más y la vista es a cada momento más impresionante. Comienza el verde de los bancales y de los arrozales, bien abajo las pequeñas casitas de los nepaleses, de los campesinos, una calle, un sendero, todo se va agrandando. Nos da la impresión de que vamos a tocar el suelo con las ruedas del avión. Cada vez más cerca y finalmente tocamos tierra y rodamos hasta dirigirnos al edificio terminal. Tengo que decir que el edificio ha recibido mucha remodelación desde la última vez que he estado en Katmandú y es muy agradable. La atención de los funcionarios no deja nada que desear y nos dan un visado que cuesta unos 20 Dólares. Todo eso es rápido y efectivo, igual como lo era hace años. Poco después estábamos en la calle, llamando a un taxi que nos llevase al hotel Dwarikas, muy cerca del centro de Katmandú.

El conductor del taxi era el que luego contrataríamos para todos nuestros desplazamientos en Katmandú, con eso nos asegurábamos que siempre tuviésemos transporte sin importar la hora punta o cualquier hora. El hombre era un padre de familia, muy simpático, hablaba bastante bien el inglés y sonreía todo el día. De vez en cuando decía algo gracioso y estaba feliz.

El hotel Dwarikas es una maravilla y lo recomendamos para cualquier pareja o grupo que desee vivir con calidad y buena atención, excelente cocina y ambiente bueno. Preciosas habitaciones, patios, jardines y piscina, personal atento y solícito, todo perfecto. El precio es el equivalente de este buen servicio y este fantástico hotel, pero un poco de lujo en un viaje de estos es bienvenido. No es mi costumbre alojarme en sitios que huelan a dinero, pero tuve que hacerlo por Michael, que insistió en este tipo de alojamiento. Bueno, pues me sacrificaré...

Nos ambientamos un poco y salimos a descubrir Katmandú. Nuestro chófer nos condujo al centro. Obviamente el arte de poder llevar un coche dentro de ese caótico tráfico merece un Óscar, ya que lo describo como una odisea, un tormento, un suicidio inevitable. Llegamos al Bagh Bazar en 10 minutos, sudorosos y exhaustos de los nervios. Caminamos por Jamal Road, que es una concurrida calle por la cual pasan pitando todos y cada uno de los autobuses y coches de Katmandú. Haciendo mucho ruido, eso es cierto. Hay puestos de antigüedades mal copiadas y gente vendiendo dulces, cada uno espera lo suyo y los 300 metros que caminamos hasta el puente de tres patas, como yo le llamo, los sorteamos con astucia e interés. No calculamos los decibelios del sitio. Al otro lado de la calle estaba el estanque Ranipokhari.

Desde el puente de tres patas hasta Durbar Square, el antiguo sitio de los templos y centro neurálgico de Katmandú, son unos 850 metros de tiendas, altares, flores, más tiendas, ropa, tela, carteras, la vida de Katmandú en su esplendor. Es para caminarlos. Esta calle se llama Hanuman Dhoka Road y es un gran bazar. Aquí hay tanto para ver que los 800 metros se pueden llevar unas dos horas, si uno se queda fotografiando o mirando o comprando. Esta calle ha estado aquí hace muchos años en mi primera visita, está aún allí y supongo que dentro de muchos años aún seguirá ejerciendo sus funciones. Se puede montar uno en un rickshaw, pero el intento de pasar por entre los viandantes por medio de la campanilla del vehículo es mas enervante que caminar y ver lo que hay.

En Durbar Square a los turistas les cobran unos Dólares por la entrada que le vale para toda su estancia en la ciudad. Es un dinero empleado en la conservación de los monumentos y en mis ojos es justo. Claro que el que va a Nepal con el dinero contando, puede que le moleste este impuesto. Nepal no es un país rico y necesita un poco de ayuda. Pero esto no necesito explicarlos ya que lo vemos a nuestro paso.

Este conjunto de templos y palacetes son históricos, un poco desparramados por la geografía del sitio, preciosos en su construcción, mucha gente sentada en sus gradas y simplemente mirando. Siguen intentando vendernos antigüedades copiadas. Uno de los trucos es intentar que el turista siga a los vendedores a una tienda oscura en las calles aledañas para ofrecerles mercancía en mala iluminación y todo muy en voz baja. Casi todo es un timo.

Las calle de Katmandú son muy transitadas, ruidosas y movidas, pero todas ellas emiten una forma de bienestar espiritual, una tranquilidad especial. Vemos gente que no tiene mucho, sonrientes y felices, mejillas coloradas, ropa bien cuidada dentro de lo posible. No hay mendigos que yo recuerde, pero si viene alguno se le da unas rupias, que son poca cosa para nosotros, y hacemos felices a varios.

En una tienda de telefonía pude llamar a mi esposa en Málaga para decirle que habíamos llegado bien. Costó muy poco dinero, creo que un Euro o algo similar. En un viejo ordenador controlé mi correo electrónico y todo estaba en orden, por suerte Internet y Nepal se dan la mano.

Las visitas al centro se complementaron con una visita a la antigua capital Bhaktapur a unos 13 Km de Katmandú hacia el Este. Un magnífico conjunto de templos y palacios de inmenso atractivo y valor histórico que merece ser visto. Yo ya he estado en Bhaktapur al menos seis veces y podría optar por ir a ver otra cosa, pero el sitio siempre me vuelve a atraer, una y otra vez. Es precioso.

A la vuelta tocamos Patán, que realmente ahora está unido a Katmandú, pero antes, hace muchos años, era un paseo de 3 Km en bicicleta. Ptán tiene su propio Durbar Square, en la que vuelve a mostrarse la antigua arquitectura nepalesa, tal y como en la plaza de Katmandú. Este es un sitio muy bonito también y no debe dejarse fuera del recorrido. Mientras nuestro taxista Kamil esperaba (no quiso comer con nosotros para proteger nuestra privacidad), almorzamos en mi restaurante favorito de Patán, que está en una primera planta, frente a la esquina Sureste de Durbar Square, con vistas excelentes. Después de un agradable almuerzo, continuamos viaje hacia Katmandú y hacia el barrio de Thamel, en donde se desarrolla la vida más turística, más hippy, más europea. No es donde yo deseo alojarme, pero por cierto es que en las calle ocurren más cosas que en el antiguo centro de la ciudad. Hay bares, restaurantes, hotelitos, pensiones, alojamientos. Cerca está el antiguo palacio real. Nepal hace poco ha dejado de ser el único reino hindú en el Himalaya.

Nuestros cinco días en Katmandú se pasaron volados. Hubiésemos querido ir a Phokara, a unos 160 Km al Oeste de Katmandú, pero no nos alcanzó el tiempo en este viaje. Prometo que lo visitaré la próxima vez. Michael estaba un poco cansado en este viaje y se le notaba mucho.

Volamos con Indian Airlines desde Katmandú hasta Delhi.

Opiniones:

Mi calificación promedio:
  •  
Servicio    
Ubicación    
Limpieza    
Precio/calidad    

Dwarika's Hotel

Alojamiento: Hotel en Katmandú, Nepal

Excelente opción a unos 10 minutos del centro de Katmandú (entre el centro de Katmandu y el aeropuerto). Es verdad que merece la pena, todo es fantástico, los patios, la vegetación, la arquitectura parcialmente en madera tallada por artistas locales, las habitaciones, la comida del restaurante, las flores, personal. Todo es hermoso. Una buena opción. El restaurante del hotel es muy agradable y la comida es muy sabrosa y variada. Para beber un buen vino, la mejor opción es un vino importado (en este caso de Francia) y esa botella puede costar unos 25 Euros. Una cena para dos personas puede llegar a costar unos 50 Euros, a lo que se le agrega el coste de las bebidas. La cerveza es una buena opción, ya que es local y buena. Las cenas al aire libre en los patios del hotel son una sobrecogedora e inolvidable experiencia a la luz de miles de velitas, con música y danzas locales.

Tipo de viaje: Placer | Ideal para: Parejas, Familia con hijos, Grupos


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