Mi viaje por Gambia y Senegal

Escribe: A-Orihuela
Un viaje por las entrañas por Gambia y Senegal

 

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Camino de Casamance

Karantaba, Senegal — sábado, 11 de junio de 2011

CAMINO DE CASAMANCE 

Teníamos un día duro por delante un día de diez horas de coche que luego fueron catorce, apretados con cuarenta grados fuera y treinta y seis dentro. Era un día de transición, nos habíamos adentrado en África y ahora volvíamos al atlántico.

Habíamos salido de Keaudougou,  llegamos doscientos cincuenta kms después a Tambacounda y continuamos  (otros cien kms) hacia Velingara para dormir en Kolda (130 kms mas) ya en la entrada de Casamance, una zona preciosa y de la que todo el mundo hablaba bien.    

En el camino habíamos comido las socorridas conservas, habíamos reparado una rueda (nuestro conductor no tenía ni idea de conducción y todos los baches y los hay a miles eran suyos) y habíamos discutido entre todos....y es que catorce horas son muchas horas en un coche a  treinta y  cinco grados de temperatura. 

Advertimos que las carreteras son malas y más tarde supimos su nulo mantenimiento  desde años  no solo por la pobreza del país sino también por la dejadez del gobierno en esa zona y es que en la Casamance, muy bonita y con cierto futuro turístico de la costa, sobre todo francés, años atrás hubo algún conflicto en post de la independencia basada en diferencias religiosas (una vez mas) y en un supuesto acercamiento de la población  a la vecina Guinea Bissau . Algunos  prebostes  disfrazaron de  independentismo tales hechos  y se dieron algunos conflictos con el ejército. Durante el día el ejército senegalés vigila la zona. A modo de resumen diré que los  comenzaron en 1.982 y siguieron con escaramuzas de distinta gravedad entre 1.990 y 1.995 originando un importante número de víctimas entre la población civil  y algunas muertes y desapariciones de turistas.
 En el 2.004 se firmó  un tratado de paz con el gobierno de Dakar. Hoy por hoy lo que queda es  un bandolerismo puro y duro y se procura no pasar por la zona a partir de la  caída del sol. 

Llegamos a Kola donde después de instalarnos para dormir y cenar algo nos fuimos a dar una vuelta esperando ambiente en las calles como lo había en otras ciudades. El primo de un currante del hotel hizo de taxista y nos llevo a lo que decían era una discoteca y que no era sino un corralón, con unas cuantas luces indirectas, un pequeñísimo mostrador en el que como máximo te servían una cerveza y unos cuanto pocos negros  bailando. Nada que ver con los ritmos de otras ciudades africanas que habíamos visto. 

El domingo día 5 de diciembre nos íbamos a Zinguinchor  pero antes el guardia de turno nos apretó  mil cefas  con la excusa de que el coche no podía ir cargado tanto porque imposibilitaba la visión.  Todo ello mientras delante de él pasaban un sinfín de artefactos que decían ser vehículos sin problema alguno. Es lo de siempre, un europeo en estos países es un dólar con patas. Una vez que se llevó su premio dejo de ser el lobo feroz y paso a ser caperucita roja en cuanto a amabilidad se refiere. Hay que decir en honor a la verdad que estando como estamos acostumbrados  a viajar por África , estos “impuestos”  lo fueron de baja intensidad comparados con otros países de su entorno.
  En ocasiones es grotesco y las excusas son peregrinas y de todo tipo, incluso revisan la documentación sin leerla (algunos no saben leer), incluso hemos visto cómo el policía de turno se dedicaba a pasar las hojas que…. estaban al revés. Esto es  África.


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