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Gambia, no problem!

Escribe: AngelaM
Gambia fue un descubrimiento, uno de esos viajes en los que una se embarca porque hay una oferta tentadora en la agencia, y que acaban arañándole el alma. A pesar de que hace años que es destino de sol y playa para suecos e ingleses, en mi opinión deben abstenerse los que busquen un República Dominicana africano, porque no cuenta ni de lejos con las infraestructuras turísticas del Caribe y, a menos que te empeñes en cerrarlos, te hace abrir los ojos a una realidad bien distinta a la del

 

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Las raíces de Kunta Kinte y de la miseria humana

Jufureh, Gambia — miércoles, 25 de mayo de 2005

Aunque ninguna éramos partidarias de las excursiones organizadas, no nos arrepentimos para nada de haber hecho ésta. Primero porque el viaje a Jufureh nos encantó, y después porque conocimos a nuestros guías Omar y Lamin.
 
Nos recogieron en el hotel y nos llevaron en barco hasta Albreda. Durante la travesía, nuestro acento gallego llamó la atención de Omar, que había estado viviendo muchos años en Vigo y echaba de menos nuestra tierra. Tanto Lamin como Omar emigraron a España (Lamin trabajaba como actor en Barcelona, y nos enseñó fotos de aquella época), pero ambos tuvieron que volverse para cuidar a sus madres como indican sus tradiciones.
Omar añoraba el frío, las lentejas, el "tintorro" y, en fin, la vida que había llevado en las Rías Baixas. Nos pidió que le cantásemos "Anduriña" y, aunque al principio nos dio un poco de vergüenza, todo el barco se sorprendió canturreando la canción de Juan Pardo que tan buenos recuerdos le traía a nuestro entrañable guía.
 
Al llegar a Albreda Lamin nos pidió que no entregásemos el material escolar que llevábamos a los niños, y mucho menos los caramelos. En Gambia no se usan los cepillos de dientes, para mantener la dentadura limpia mascan continuamente un trozo de una raíz determinada. El problema es que ese remedio tradicional no puede con el azúcar, y los caramelos que los turistas llevan a los niños les provocan graves problemas de caries que, a veces, derivan en graves infecciones porque, obviamente, no visitan al dentista.
El material escolar y las medicinas también deben de entregarse a una escuela o alguna institución u ONG que las administre, de lo contrario, seguramente acabarán en el mercado negro.
 
 Al llegar a Juffureh se le hace una visita de cortesía a la alcaldesa (primera y hasta ahora única mujer que ocupa este cargo en Gambia).
Después nos llevaron a la casa de unas descendientes (sabe Dios en qué grado) de Kunta Kinte y vimos el museo de la esclavitud.
Lo impactante de aquello no es el propio museo (un pequeño edificio en el que se guardan algunas cadenas e instrumentos de tortura con los que los colonizadores sometieron a los gambianos), sino el poste de la libertad y lo que eso significó.
Al parecer, los primeros europeos que desembarcaron en Gambia lo hicieron pensando encontrarse con grandes riquezas. Al descubrir la pobreza del territorio, para no volver con las manos vacías y justificar el coste de la expedición, decidieron comprar mano de obra. Los propios jefes de los poblados vendieron a algunos hombres a cambio de unas conchas que para ellos tenía un valor sagrado (y que se pueden ver actualmente en algunos colgantes muy populares entre ciertas tribus urbanas).
Pronto los colonizadores se dieron cuenta de que no era necesario pagar por aquella mercancía humana, y decidieron capturar a los gambianos para llevarlos a América a trabajar en las grandes plantaciones.
Para evitar los amotinamientos, antes de someterlos a la terrible travesía los encerraban en la isla de Sant James (que después visitamos y que se divisa desde Jufureh) para debilitarlos. Hombres y mujeres eran encerrados por separado, sin apenas comida, en un habitáculo diminuto en el que no había espacio para tumbarse. Muchos murieron de inanición, otros por las enfermedades provocadas por la insalubre situación... los que sobrevivían se metían en la bodega del barco que los llevaría como esclavos a América.
 
Cuando la esclavitud se abolió quedaban prisioneros en Sant James. Para ahorrarse un viaje en barco prometieron la libertad a aquellos que consiguieran alcanzar la isla de Jufureh a nado y tocar el que hoy llaman el poste de la libertad (aunque del original sólo queda un tocón). Muy pocos lo lograron, debido a su mal estado físico y a que (aún a día de hoy) son muchos los gambianos que no saben nadar a pesar de vivir en contacto permanente con el Atlántico y el río.

Tips:

El museo de la esclavitud y las islas en sí, si no te los explican tienen poco que ver. No suelo ser partidaria de las excursiones organizadas, pero en este caso estuvo bien (otros viajeros que lo hicieron por su cuenta volvían diciendo que allí no había nada que ver). No hay guías muy buenas sobre Gambia (hay algo más sobre Senegal), así que o te documentas muy bien o puedes quedarte sin interpretar muy bien las cosas

En Jufureh, Gambia


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Últimos comentarios

HORNI dice:
Interesante capitulo, buena toda tu info.
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Omar y Lamin repartiendo los caramelos que llevan los turistas para evitar que los sigan durante todo el recorrido (lo...

   

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