Esta ciudad, junto al lago Victoria, está volviendo a la prosperidad con el regreso de buena parte de la población asiática (básicamente india y paquistaní) que fue expulsada en la época de la tiranía de Idi Amin. Antes de esto, Jinja tenía mucha población de origen asiático y esto se nota en el gran número de edificios de estilo asiático que hay por toda la ciudad, con calles y edificios que nos trasladan de inmediato a cualquier ciudad india. También se nota en el hecho de que la mayoría de propietarios de restaurantes, joyerías y negocios en general son indios. De hecho Mahatma Gandhi escogió Jinja como uno de los lugares dónde quiso que se desperdigaran sus cenizas una vez muerto y hay una estatua suya al lado de un templo hindú a las afueras.
Andando unos 2 km desde el centro, y pasando por una gran avenida de enormes árboles (todos ellos llenos a rebosar de murciélagos) y casas semiderruídas de estilo colonial, se llega a las fuentes del Nilo, descubiertas para el hombre blanco por John Speke en 1862. Antes de la construcción de la presa Owen Falls Dam, una importante central hidroeléctrica que está cerca, las fuentes del Nilo eran una cascada de agua conocida como Ripon Falls donde el Nilo abandonaba el lago Victoria para enfilar hacia el Mediterráneo, pero este salto fue inundado por las aguas de la presa (todavía es posible entrever alguna pista de lo que fue). Aún así vale la pena llegar hasta aquí, ni que sea por su valor simbólico y la belleza del lugar.
También recomendamos mucho ir, sobretodo al caer la tarde, al Jinja Sailing Club, una especie de club privado, con zona de baño y bar junto al lago Victoria. No tiene precio ver la puesta de sol y los pájaros pescando en el lago mientras se toma una cerveza en un entorno de absoluta tranquilidad. Todo un lujo asiático en el corazón de África. Tranquiliza ver unos carteles que hay junto al agua dónde se avisa que uno puede bañarse sin miedo a los cocodrilos.