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Bali y Gili Trawangan en 15 días
Escribe: piquila73
Viaje de novios a Bali y Gili Trawangan en junio de 2010. Casi todo lo que no debes perderte si visitas Bali.
Jimbaran, noveno día
Jimbaran, Indonesia — miércoles, 9 de junio de 2010
El hotel de Jimbaran es el más caro y lujoso en el que nos hospedamos durante todo el viaje. A la entrada nos reciben con un karkadé, el té de hibiscos que ya probamos en nuestro viaje a Egipto, y con un collar de flores de Frangipani, con el que nos sentimos un poco ridículos, sobre todo porque llegamos sucios y mojados despues del chaparrón de Tanah Lot. El hotel Jamahal es el típico hotel boutique de Bali con muy pocas habitaciones, todas villas individuales, cada una con una decoración distinta y con unos detalles muy cuidados, como un kimono para estar cómodo en la habitación, o un pequeño pergamino con un proverbio encima de la cama, además de flores frescas por toda la habitación. La nuestra es la villa Jepur, una habitación enorme con zona de estar, una cama gigantesca, una pequeña terraza para el desayuno y una zona de baño con una bañera enorme llena de pétalos de flores. Casualmente, justo al lado del hotel hay una zona de warungs muy sencillos y baratos, y Juan Carlos por el camino nos recomienda uno de ellos, donde ponen un plato de pulpo en salsa de soja con mantequilla muy bueno. Al salir, los guardias de seguridad nos preguntan si nos paran un taxi, no sabemos como decirles que no hace falta, que vamos a cenar a la tabernilla de al lado. Cenamos estupendamente, un plato de mie goreng y el pulpo, y un dulce de cacahuetes con caramelo por menos de 5 euros. Para ver el contraste, solo decir que el desayuno del hotel cuesta 30 dólares. El hotel está en la Jalan Uluwatu, la calle principal de Jimbaran. Jimbaran realmente es una aldea muy pequeña de pescadores con una playa bastante buena y tranquila donde en los últimos años se han instalado varios hoteles de superlujo.
Por la mañana decidimos aprovechar que el hotel tiene playa privada, nos dan un pase para acceder a ella y nos ponen un shuttle para llegar. Preferimos ir andando, está a 5 minutos del hotel.
La playa del hotel está a la sombra de los árboles, donde han montado un chiringuito y unas cuantas tumbonas con su sombrilla para los huéspedes del hotel, donde te ponen una toalla, una botellita de agua y un platito con brochetas de frutas. También hay una camilla especial para masajes. Una cucada todo.
Lo mejor de la playa son las vistas de toda la península Bukit, "bukit" significa "colina" en indonesio, y realmente es lo que es, una colina recortada en el mar toda verde y salpicada de casitas. En la playa también puedes ver montones de barquitos de pesca, una especie de catamaranes con dos patines pintadas de colores. La explicación a los patines es dar mayor estabilidad a los barcos, por eso de que a los balineses les da pánico caer al mar por su creencia de que los malos espíritus habitan en él. De hecho, la inmensa mayoría de los pescadores de Bali son musulmanes.
Tras un par de horas en la tumbona nos cansamos y decidimos dar un paseo para ver más de cerca los barquitos. Cuando el sol nos empieza a abrasar, salimos de la playa y paseamos por el camino que va paralelo a la playa, hasta que paramos un taxi para que nos lleve a Muaya Beach.
Almorzamos en Nyoman, un restaurante a pie de playa donde tú mismo eliges el pescado o el marisco que te quieres comer. Elegimos una pieza de White Snapper, un pescado parecido a la dorada que nos hacen a la plancha y está realmente sabroso, una docena de almejas gigantescas con salsa Nyoman, la salsa secreta de la casa, y que sorprendentemente no pica, al contrario, es mas bien dulzona, y está muy buena, y unos calamares con salsa de soja con mantequilla, a ver si están tan buenos como el pulpo de la noche anterior.
De entrante y por cuenta de la casa nos ponen una sopa con verduras deliciosa, y luego llega el festín, que además te acompañan con arroz blanco, verduras a la plancha y varios tipos de salsa. Todo está increiblemente bueno y fresco, aunque los calamares no superan al pulpo de anoche. Para terminar, y por cuenta de la casa también, nos ponen unos platillos con fruta troceada. También pedimos un par de cafés. Al pedir la cuenta, no podemos creerlo: 160.000 rupias (unos 15 euros).
Volvemos al hotel porque tras la puesta de sol frustrada de Tanah Lot, queremos ver otra puesta de sol famosa en Bali: la del templo de Uluwatu, un templo construido al borde de un acantilado que cae en vertical varias docenas de metros sobre el mar. Para evitar aglomeraciones, vamos con bastante antelación, porque además cada noche se representa en el recinto del templo la danza Kecak, una de las más espectaculares de Bali, y el aforo es limitado.
Acordamos con un taxista un precio para que nos lleve y luego nos traiga de vuelta al hotel, y en poco más de media hora llegamos al templo.
Una de las singularidades de Uluwatu son sus monos, algo agresivos, por lo que lo mejor es no llevar gafas, ni pendientes o abalorios en el pelo, ya que todo esto les llama la atención y no tienen ningún reparo en intentar arrancártelos a la fuerza. De todas formas, en el recinto hay varios vigilantes con palos por si alguien sufre el ataque de los macacos ladrones. Después de pagar las 10.000 rupias de entrada, nos dirigimos a un mostrador donde venden las entradas para ver las danzas, otras 70.000 rupias. Damos una vuelta por todo el recinto bordeando el acantilado, es bastante amplio, así que puedes tardar más de una hora en rodear toda la zona. La danza empieza a las 6, así que cuando empieza a caer el sol, nos acercamos a la zona donde las hacen, un circulo rodeado de gradas escalonadas con sitio para unas 300 personas.
Lo más característico de la danza Kecak es que no lleva la típica orquesta gamelán, sino que la música la hace un coro formado por unos 50 hombres que se mueven y repiten acompasadamente como si estuvieran en trance un repetitivo: "chak-a-chak-chak..." Al entrar te dan un papel en tu idioma en el que te cuentan la historia que se narra en la danza. Es bastante espectacular, ya que aparecen seres fantásticos, como el pájaro Garuda, el mono Hanumam que hace un número con fuego muy vistoso, unos duendes malvados que intentan asustar al público y los consabidos príncipes, princesas, reyes, magos, ogros....
El espectáculo dura casi dos horas y merece muchísimo la pena verlo.
Nuestro taxista nos espera a la salida y le pedimos que nos lleve a Muaya Beach, nos ha encantado el sitio de pescado de la mañana, así que queremos repetir en Nyoman, aunque en la misma línea de playa hay otros tambien muy buenos, como el Menaga.
De noche, la playa de Jimbarán es aún más espectacular que de de día, con todos los chiringuitos adornados con guirnaldas de bombillas, antorchas y velas en las mesas. Al contrario que al mediodía, que casi no había gente, el sitio está lleno de gente. Además, la silueta de Bukit con las casitas iluminadas es una preciosidad. Además de nuestro favorito Mie Goreng, repetimos las almejas, pero esta vez pedimos una docena de langostinos enormes, también con salsa Nyoman. La cuenta: 12.000 rupias. Así da gusto pegarse una mariscada. Al llegar al hotel, otra sorpresita: un nuevo pergamino enrollado con un sabio consejo en él. A la mañana siguiente dejamos el hotel, que la verdad es que prácticamente no hemos disfrutado nada, ni siquiera hemos usado la piscina, que tiene una pinta increible.
Por la mañana decidimos aprovechar que el hotel tiene playa privada, nos dan un pase para acceder a ella y nos ponen un shuttle para llegar. Preferimos ir andando, está a 5 minutos del hotel.
La playa del hotel está a la sombra de los árboles, donde han montado un chiringuito y unas cuantas tumbonas con su sombrilla para los huéspedes del hotel, donde te ponen una toalla, una botellita de agua y un platito con brochetas de frutas. También hay una camilla especial para masajes. Una cucada todo.
Lo mejor de la playa son las vistas de toda la península Bukit, "bukit" significa "colina" en indonesio, y realmente es lo que es, una colina recortada en el mar toda verde y salpicada de casitas. En la playa también puedes ver montones de barquitos de pesca, una especie de catamaranes con dos patines pintadas de colores. La explicación a los patines es dar mayor estabilidad a los barcos, por eso de que a los balineses les da pánico caer al mar por su creencia de que los malos espíritus habitan en él. De hecho, la inmensa mayoría de los pescadores de Bali son musulmanes.
Tras un par de horas en la tumbona nos cansamos y decidimos dar un paseo para ver más de cerca los barquitos. Cuando el sol nos empieza a abrasar, salimos de la playa y paseamos por el camino que va paralelo a la playa, hasta que paramos un taxi para que nos lleve a Muaya Beach.
Almorzamos en Nyoman, un restaurante a pie de playa donde tú mismo eliges el pescado o el marisco que te quieres comer. Elegimos una pieza de White Snapper, un pescado parecido a la dorada que nos hacen a la plancha y está realmente sabroso, una docena de almejas gigantescas con salsa Nyoman, la salsa secreta de la casa, y que sorprendentemente no pica, al contrario, es mas bien dulzona, y está muy buena, y unos calamares con salsa de soja con mantequilla, a ver si están tan buenos como el pulpo de la noche anterior.
De entrante y por cuenta de la casa nos ponen una sopa con verduras deliciosa, y luego llega el festín, que además te acompañan con arroz blanco, verduras a la plancha y varios tipos de salsa. Todo está increiblemente bueno y fresco, aunque los calamares no superan al pulpo de anoche. Para terminar, y por cuenta de la casa también, nos ponen unos platillos con fruta troceada. También pedimos un par de cafés. Al pedir la cuenta, no podemos creerlo: 160.000 rupias (unos 15 euros).
Volvemos al hotel porque tras la puesta de sol frustrada de Tanah Lot, queremos ver otra puesta de sol famosa en Bali: la del templo de Uluwatu, un templo construido al borde de un acantilado que cae en vertical varias docenas de metros sobre el mar. Para evitar aglomeraciones, vamos con bastante antelación, porque además cada noche se representa en el recinto del templo la danza Kecak, una de las más espectaculares de Bali, y el aforo es limitado.
Acordamos con un taxista un precio para que nos lleve y luego nos traiga de vuelta al hotel, y en poco más de media hora llegamos al templo.
Una de las singularidades de Uluwatu son sus monos, algo agresivos, por lo que lo mejor es no llevar gafas, ni pendientes o abalorios en el pelo, ya que todo esto les llama la atención y no tienen ningún reparo en intentar arrancártelos a la fuerza. De todas formas, en el recinto hay varios vigilantes con palos por si alguien sufre el ataque de los macacos ladrones. Después de pagar las 10.000 rupias de entrada, nos dirigimos a un mostrador donde venden las entradas para ver las danzas, otras 70.000 rupias. Damos una vuelta por todo el recinto bordeando el acantilado, es bastante amplio, así que puedes tardar más de una hora en rodear toda la zona. La danza empieza a las 6, así que cuando empieza a caer el sol, nos acercamos a la zona donde las hacen, un circulo rodeado de gradas escalonadas con sitio para unas 300 personas.
Lo más característico de la danza Kecak es que no lleva la típica orquesta gamelán, sino que la música la hace un coro formado por unos 50 hombres que se mueven y repiten acompasadamente como si estuvieran en trance un repetitivo: "chak-a-chak-chak..." Al entrar te dan un papel en tu idioma en el que te cuentan la historia que se narra en la danza. Es bastante espectacular, ya que aparecen seres fantásticos, como el pájaro Garuda, el mono Hanumam que hace un número con fuego muy vistoso, unos duendes malvados que intentan asustar al público y los consabidos príncipes, princesas, reyes, magos, ogros....
El espectáculo dura casi dos horas y merece muchísimo la pena verlo.
Nuestro taxista nos espera a la salida y le pedimos que nos lleve a Muaya Beach, nos ha encantado el sitio de pescado de la mañana, así que queremos repetir en Nyoman, aunque en la misma línea de playa hay otros tambien muy buenos, como el Menaga.
De noche, la playa de Jimbarán es aún más espectacular que de de día, con todos los chiringuitos adornados con guirnaldas de bombillas, antorchas y velas en las mesas. Al contrario que al mediodía, que casi no había gente, el sitio está lleno de gente. Además, la silueta de Bukit con las casitas iluminadas es una preciosidad. Además de nuestro favorito Mie Goreng, repetimos las almejas, pero esta vez pedimos una docena de langostinos enormes, también con salsa Nyoman. La cuenta: 12.000 rupias. Así da gusto pegarse una mariscada. Al llegar al hotel, otra sorpresita: un nuevo pergamino enrollado con un sabio consejo en él. A la mañana siguiente dejamos el hotel, que la verdad es que prácticamente no hemos disfrutado nada, ni siquiera hemos usado la piscina, que tiene una pinta increible.
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Capítulos de este diario
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1
Preparativos, vuelo y aeropuerto
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2
Ubud, primer día.
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3
Ubud, segundo día
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4
Ubud, tercer día
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5
Ubud, cuarto día
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6
Ubud, quinto día
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7
Seminyak, sexto día
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8
Seminyak, séptimo día
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9
Jimbaran, octavo día
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10
Jimbaran, noveno día
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11
Gili Trawangan, décimo día
Gili Trawangan, Indonesia | 10 de junio de 2010
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12
Gili Trawangan, undécimo día
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