Jerusalén: la ciudad tres veces santa

Escribe: Budha
Es una de las ciudades más fascinantes del mundo. Su denominación árabe, Al-Quds significa La Sagrada y Yerushalaim (su nombre hebreo) se traduce como Ciudad de la paz. Esta tierra es venerada por las tres religiones monoteístas más importantes del mundo: la judía, la musulmana y la cristiana, de ahí su importancia mundial. Jerusalén es la huella de nuestra historia y uno de los destinos preferidos por viajeros interesandos en conocer las antiguas construcciones y visitar los míticos templos.

 

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Capítulo 1

Jerusalén: la ciudad tres veces santa

Jerusalén, Israel — miércoles, 4 de enero de 2006

Jerusalén puede ser dividida en tres partes: la ciudad vieja, Jerusalén del este y la ciudad nueva. La ciudad vieja es la atracción principal para la mayoría de los viajeros, por su interés histórico y religioso. Jerusalén es una de las ciudades más antiguas que existen en la actualidad, un museo viviente. A pesar de las luchas que se libran en torno a su posesión, es un legado para toda la humanidad.

La Ciudad Vieja

Es tanto lo que se podría escribir sobre la ciudad vieja, sus lugares, personajes y costumbres, sus luces, sus olores, que se hace difícil elegir por dónde empezar. Las sensaciones son lo más importante en cualquier viaje, son su esencia, el viaje en sí mismo. Jerusalén es emocionante. Deambular por sus estrechas callejuelas, como extraviado, es una de las sensaciones más vívidas que quedan, un festín para los sentidos. La arquitectura milenaria, los gritos de los mercaderes, el olor de las especias hacen que tus sentidos estén a flor de piel. Jerusalén es historia viva. No es un museo.

La ciudad vieja está fortificada, legado arquitectónico de los musulmanes. Para entrar tienes que elegir alguna de las ocho puertas. La más pintoresca es la de Damasco, desde donde puedes subir a la muralla para tomar unas excelentes panorámicas de la ciudad, continuar caminando por las alturas hasta la próxima puerta o simplemente sentarte a ver el atardecer, escuchando los rezos musulmanes que llegan (altoparlantes de por medio) desde las mezquitas. Una vez que estás adentro te darás cuenta de lo que la palabra laberinto significa en toda su magnitud. No cometas la imprudencia de intentarlo sin un mapa.

La ciudad vieja está dividida en cuatro barrios: el judío, el musulmán, el cristiano y el armenio. Cada uno con sus atractivos.

Ni bien cruces la puerta de entrada se te acercarán varios guías ofreciéndote sus servicios. No sería de extrañar que más de uno intente convencerte con un caluroso "Hola, amigo" como introducción, ya que la mayoría de ellos domina varias lenguas, entre ellas el castellano. Con un "La, shukran" ("No, gracias", en árabe) es suficiente para sacártelos de encima y poder internarte de lleno en el maravilloso suburbio musulmán. La primera indicación a tener en cuenta es que no es apto para claustrofóbicos. Pequeñas galerías medievales, infestadas de gente que va y viene, mezquitas, negocios de diversa índole (ropa, comida, souvenirs, etc.) conforman un panorama fascinante.

Una experiencia para deleitarse es el principal entretenimiento de los comerciantes árabes, el regateo, y hay una anécdota que lo ilustra. Un turista llegó al shuk (feria) y le preguntó a un mercader: "¿Cuánto vale esta hermosa lámpara?" El vendedor dio su precio y al turista le pareció razonable. El final es que éste nunca pudo comprar la lámpara, ya que el comerciante se sintió ofendido porque no había intentado bajarle el precio. Por si no quedó claro, es posible reducir los precios un 50% y más. Eso sí, la clave es contar con la paciencia y el tiempo suficientes.

La principal atracción del barrio musulmán es sin duda el Domo de la Roca, con su cúpula de oro macizo, lugar desde donde, según la tradición islámica, el profeta Mohammed se lanzó al cielo para ubicarse al lado de Allah, el Supremo. Construido a finales del S VII, se dice que fue concebido procurando retener a los devotos árabes, quienes se veían seducidos por el sagrado sepulcro, símbolo de la religión cristiana. Es posible ingresar a la mezquita teniendo el recaudo de sacarse los zapatos y estar vestido en forma discreta (ni bermudas, ni minifaldas, ni musculosas).

Caminando hacia el sur, rápidamente podrás reconocer un cambio significativo: las paredes de piedra ya no están sucias ni gastadas: entraste en el barrio judío. Completamente destruido por los jordanos durante la guerra de independencia de Israel en el ''''48, los israelíes volvieron a tomar posesión recién en el ''''67 y lo reedificaron respetando su estilo tradicional. Esto explica los diferentes aspectos de las fachadas. Otra novedad evidente es que los locales también habrán cambiado su apariencia. En vez de usar los hombres bigotes y keffiah (el típico pañuelo palestino) y vestidos hasta los tobillos las mujeres, el atuendo mutará en negros trajes y barbas frondosas para ellos, y pañuelos o pelucas para sus compañeras.

El lugar más sagrado para los judíos es sin duda el Muro de los Lamentos. Llamativa y fascinante, esta antiquísima pared de piedra, vestigio de la fortaleza creada por Herodes en el año 20 a.C., protegía al Segundo Templo. Noventa años más tarde, el templo era destruido, pero la muralla oriental se mantuvo en pie hasta nuestros días. Allí podrás ver, especialmente durante el shabat (desde el viernes a las 4 pm hasta el anochecer del sábado) a cientos de creyentes rezando, bailando y cantando.

En ciertas ocasiones es tan fuerte el impacto que esta ciudad causa en los turistas, que algunos terminan por creerse personajes bíblicos. Sansón, la Virgen María y el rey Salomón son los preferidos. Más de doscientos casos al año hacen que se haya catalogado a este trastorno como "síndrome de Jerusalén".

En el barrio cristiano, el sitio de peregrinaje más concurrido es indudablemente la Vía Dolorosa, ruta por la que Jesús cargó su cruz hacia el calvario. La iglesia del Santo Sepulcro se construyó en el lugar donde Cristo fue crucificado, y es hoy en día un santuario, especialmente visitado durante la Semana Santa.

La Ciudad Nueva

La Jerusalén moderna tiene una particularidad que se percibe desde el primer momento. Existe una ley por la cual todas las fachadas deben mantener un estilo característico: el de respetar el color de las piedras con las que estuvo construida la antigua ciudad en otras épocas.

Uno de sus barrios, el de los religiosos judíos o Mea Shearim (Cien Puertas), es un sector donde se concentran gran cantidad de estudiosos de la Biblia. Sus habitantes, un poco peculiares, llevan vestimentas adecuadas a su posición: largos sacos negros, sombreros de piel y peies (especie de bucle que los varones se dejan crecer a manera de patilla).

Aunque para un extranjero resulten todos parecidos, dentro del grupo de los ortodoxos existen diferencias ideológicas sustanciales. Hay que observar bien, y encontrarás, por ejemplo, mujeres que para tapar su cabeza rapada usan pañuelos, y visten una especie de guardapolvo de rayas grises y blancas: ellas pertenecen a uno de los sub-grupos más extremistas y tradicionalistas. Otras, en cambio, seguidas por todos sus hijos, en lugar del pañuelo, cubren sus cabezas con pelucas.

Durante el shabat, el barrio se transforma. Las calles quedan desiertas, al menos de todo vehículo motorizado. No es conveniente tomar fotografías ya que puede crearse una situación algo violenta. En otras épocas, tenían la costumbre de apedrear a cualquiera que pasara o que no respetara ciertas reglas. Para la religión judía, el séptimo día es de descanso.

En todo el país, durante el fin de semana que dura un día y medio no es nada fácil movilizarse. Es mejor estar llegando antes de la media tarde del viernes al lugar en el que vas a pasar el resto del día y el siguiente, hasta que los colectivos de la compañía Eged comiencen a circular nuevamente. En algunos casos es posible tomar un colectivo árabe, pero no siempre tendrás la suerte de que circulen por la zona en donde te encuentres.

A pesar de este parate que se produce una vez a la semana, en Jerusalén los viernes están abiertos los pubs, restaurantes, las discotecas y es posible tomar taxis. Los sábados a la noche el movimiento en las calles vuelve a ser el normal y los domingos (Iom rishón, en hebreo: primer día), comienza de nuevo el trajín de la semana y tanto bancos como escuelas, universidades y comercios en general vuelven a la actividad.

Majané Yehuda: el gran mercado

Uno de los sitios más extraordinarios y simbólicos de lo que alguna vez fueron los mercados de oriente es el llamado Majané Yehuda, donde se exponen para la venta todo tipo de verduras, frutas, carnes, quesos y demás productos alimenticios. Majané en hebreo significa campamento, lo cual te lleva rápidamente, a armar una imagen mental de lo que encontrarás en su interior. Son callecitas enmarañadas y sucias en las que uno llega a perderse, deslumbrado por el colorido, los ruidos y los olores.

Ni bien entra por cualquiera de sus accesos, comienzan los gritos provenientes de todos los flancos: "¡¡¡Todo por 3 shekel!!!", "¡¡¡Todo por 5 shekel!!!", y la competencia entre los puesteros por conseguir que los potenciales clientes giren sus cabezas y se dirijan a sus "tiendas".

El momento de mayor esplendor, el más bullicioso, el más desordenado y caliente del mercado es el viernes antes del shabat. Previo a esta hora, y a medida que se acerca el cierre de la semana, los precios comienzan a bajar aceleradamente y la gente se agolpa tratando de conseguir alguna ganga. Esto no es gratuito para nosotros, los visitantes, ya que te liga unos cuantos empujones y pisotones tratando de circular por este verdadero espectáculo de otras épocas.

Falafel y Shwarma: pasión de multitudes

Tanto el falafel (croquetas fritas preparadas con pasta de garbanzos, ajo, sésamo y condimentos), como el shwarma (carne de cordero rostizada) se sirven dentro de un pan tipo árabe o pita. A estos sándwiches se les puede agregar, libremente y tantas veces como uno lo desee, ensaladas de todo tipo. Los complementos perfectos son las salsas tjina y harif (esta última bastante picante), y el sabrosísimo hummus (pasta de garbanzos con limón y ajo). Llama mucho la atención que esta combinación extraña de sabores se consuma desde tempranas horas a manera de desayuno y se continúe a lo largo del día. No suplanta una comida pero sí cubre los vacíos que por momentos se hacen sentir en el estómago.

Jerusalén de noche

Hasta hace pocos años, si querías disfrutar de la noche yerushalmi, las opciones eran pocas y bastante tempraneras. Pero con el tiempo, las costumbres conservadoras que caracterizaban a esta ciudad fueron cambiando.

En materia de restaurantes y bares, la ciudad nueva ofrece gran cantidad de lugares para todos los gustos. Si eres amante del baile, puedes elegir entre discos como Underground con su onda tecno o Baraton (disco de la Universidad Hebrea), en donde hasta puede sonar desde rock latino hasta algunos merengues. Si lo que te interesa es la música, buscando en las publicaciones de los viernes te puedes enterar de lugares en dónde escuchar de la buena y en vivo, desde jazz hasta percusión árabe.

Lo único a tener en cuenta cuando sales de noche es que a partir de las 12 pm no pasan más colectivos de línea. Hay que tomar taxi y ser precavido de arreglar el precio del viaje previamente.

Ejército bailarín

Es moneda corriente estar en una disco con la música a todo volumen y que al lado tuyo, como en un encuentro cercano del tercer tipo, un soldado de civil se aparezca portando una ametralladora y comience, como si nada, a bailar en el medio de la pista. Esto se debe a que un muy alto porcentaje de los jóvenes de ambos sexos, a partir de los 18 años, ingresan al ejército obligatoriamente. El servicio militar dura dos años para mujeres y tres para hombres. Muchos de ellos continúan con su vida social pero no les está permitido separarse del arma. Por eso, más de una vez, te puedes asombrar al cruzártelos en ámbitos como el colectivo o compartiendo una bebida en un bar. Cuando terminan el ejército, se produce un éxodo hacia el exterior. Estos chicos que ya pasaron los 20, juntan unos dólares y se largan a conocer el mundo. Sus lugares preferidos son Asia y Sudamérica.



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