Líbano ya me cansaba con su relativa inactividad, así que decidí hacer un poco de turismo por Oriente Medio ya que no viajaba desde que me establecí provisionalmente en Beirut hacía ya tres meses(todavía vivo allí). Decidí dirigir mis pasos hacia mi ciudad favorita en Oriente Medio, una ciudad que no me canso de visitar cuantas veces sean necesarias, no importa que esté en guerra o en paz. Damas y caballeros, bienvenidos a Jerusalén.
Por sus calles, uno puede oír los fuertes sonidos del ladino, la lengua hablada por los judíos sefarditas del siglo XV, o ponerse a dialogar en hebreo o árabe con los comerciantes del barrio del zoco, ver a soldados estadounidenses o israelitas con un kalashnikov en la mano o encontrarse a una comunidad de frailes capuchinos que tienen la custodia católica de Tierra Santa. El 7 de noviembre, cogí un avión desde el aeropuerto internacional Rafic Hariri con destino a Tel Aviv, aunque lo más práctico es ir por tierra si se quiere disfrutar de las vistas.
Es imposible describir lo bien que me sentí cuando, por la ventana del autobús, vi asomar el contorno de aluminio anodizado de la Cúpula de la Roca, o la emoción que tuvo pisar una vez más las calles por las que pasó Jesús en el Via Crucis. De verdad, es la ciudad más encantadora que he visto en mis largos viajes por el mundo.