Jericó, Antioquia, Colombia

Escribe: altovuelo
Viernes 4 de enero de 2008: Los invito a revivir uno de los paseos más agradables que he tenido en mi vida de viajero. Con amigos entrañables hice una visita de dos días a Jericó, uno de los...

 

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Capítulo 1

Jericó, Antioquia, Colombia

Jericó, Colombia — viernes, 18 de julio de 2008

Viernes 4 de enero de 2008: Los invito a revivir uno de los paseos más agradables que he tenido en mi vida de viajero.

Con amigos entrañables hice una visita de dos días a Jericó, uno de los municipios más bellos del departamento de Antioquia. A las 11:30 salimos de Ciudad Bolívar, pueblo en el cual pasamos de maravilla el día anterior. Ya en la troncal del café compramos por cinco mil pesos una caja de mandarinas deliciosas. Desde de las partidas para Tarso la subida a Jericó es preciosa, mucho más en un día de cielo azul como el que nos ha tocado hoy. Además íbamos escuchando canciones preciosas como 'A mi manera' que tan sentida es para quienes la escuchamos en la voz de María Marta Serrat Lima en la pasada Feria de las Flores. Hubo una frase de la canción que me impactó porque la he vivido en los últimos meses, aquella que dice: '...aprendí a ser como era...'.

Es de esas verdades que entiende uno con los años. Al llegar al mirador Bella Vista, ya cerca de Jericó le pedí a mis amigos que nos bajáramos a observar el panorama que es muy lindo. Al frente se ve Cauca Viejo; a la derecha, al fondo y sobre la cordillera se divisa Santa Bárbara; y a la izquierda la puntita no más de Cerro Tusa. Ya en Jericó nos bajamos en Cristo Rey para que mis amigas tuvieran una idea del pueblo. Hace un sol muy fuerte y lo que se ve es muy completo y claro. Allí conocimos a Harold, un aprendiz de guía turístico de unos 12 años que sostiene con Carolina un altercado gramatical pues el joven no dice colocar, sino poner. Carolina corrige a Harold y éste se goza a aquella.

Llegamos al parque y lo primero fue, claro, buscar alojamiento. Caro y Mercedes hacen parte de la comisión encargada de recorrer los hoteles mientras que Esteban y yo nos tomamos el primer tinto en la terraza del parque. Al rato aparece Mercedes sin mucho entusiasmo y con noticias desalentadoras. Que la de 20.000 por persona, que la de 12.000, que con ventana para serenata, que es un hueco, que camarotes, que baño sin puerta, en fin que después de un minucioso análisis en el que participamos también los hombres llegamos a la conclusión que la mejor opción era la Fonda Hotel, al frente de la Casa de la Cultura.

Mientras bajaba un poco el sol tan picante hice una siesta y luego almorcé por $ 7.000 en la Casona Jericoana. Luego me encontré con mis compañeros en la heladería El Rancho, sobre esa terraza alta y tan agradable que hay en uno de los costados del parque principal de Jericó. Esteban justifica sus desmanes con frases como: 'Yo para tomarme el primero, tengo que estar muy borracho' o, 'Paseo es paseo'.

Les propongo a mis compañeros que subamos de nuevo a Cristo Rey para tener una vista nocturna del pueblo. Por $ 2.500 un viejo taxi Chevette nos sube a los cuatro y entonces nos dedicamos a observar el casco urbano. Sin embargo como el frente de las iglesias no tiene iluminación, la vista de los parques no es tan clara, pero de resto las calles y carreras sí se aprecian muy bien con el alumbrado público. Bajamos luego por un camino empedrado que nos lleva directamente al sector del Seminario y el Cementerio. Pero en la carrera 6 con Calle Primera nos dejamos seducir por el ambiente del Bar Magaldi donde nos tomamos un ron y fuimos complacidos por su dueño, al parecer un coleccionista de música. Le pregunto a Esteban si todas las canciones de los Cuyos son tristes y me responde que 'Los Cuyos son la tristeza misma'. Y sí, tanto que al escuchar La Monjita, Carolina se pone cabizbaja y meditabunda.

Continuamos por la calle primera y en el número 6-16 nos encontramos un pesebre muy bonito que ocupa toda una pieza y se puede admirar muy bien a través de la ventana. Sobre esta calle está, más adelante, el Convento de las Clarisas. Al frente hay una casa con herrajes multicolores muy bonitos en el balcón del segundo piso.

Regresamos al parque por una calle diferente. Una cuadra antes de la plaza me encuentro en una esquina la foto en blanco y negro de cómo era la iglesia principal de Jericó antes del terremoto. No era tan grande como la que hicieron luego y su fachada, claro, era más bonita. Nos encanta tomar tinto en la terraza. Qué lugar tan agradable, con razón vive lleno. Es allí donde Esteban nos recuerda que 'Cuando un pobre come pollo, o está enfermo el pobre o el pollo'.

La merienda fue en La Mansión del Pandebono, subiendo de la Catedral media cuadra. De allí regresamos al hotel en medio de las protestas de Esteban porque 'cómo es que nos cobran solamente 300 pesos por una empanada de pollo deliciosa y calientita'. El reloj de la iglesia dio las diez cuando nos recluimos en nuestras habitaciones Carolina y yo. Los más jóvenes se quedaron afuera un rato más.

Sábado 5 de enero de 2008: El alcalde de Jericó hasta el 2011 es Carlos Augusto Giraldo, y el Concejo Municipal consta de 11 ediles. La alcaldía del pueblo, de estilo republicano está situada al oriente del parque, junto a la estatua de Monseñor Francisco Cristóbal Toro, primer obispo de la diócesis de Jericó. Al salir al parque conocí a un empleado de Sofasa a quien también le gusta puebliar. Con él me tomé un tinto a manera de tragos. Más tarde fui a desayunar en La Mansión del Pandebono.

Como tienen cafetera a vapor, allí sirven el café demasiado caliente. No sé si sea intencional, pero esa puede ser una buena estrategia de mercadeo ya que cuando los líquidos son muy calientes uno tiende a comer más acompañantes. Y efectivamente yo me comí tres pandebonos mientras se enfriaba el café. Si la temperatura hubiera sido media, con un solo acompañante hubiera tenido. Visité la catedral y me encontré con las imágenes de los doce apóstoles como modelos, exhibiendo casullas y ornamentos antiguos, muchos de ellos traídos de Francia y casi todos en forma de guitarra y con bordados muy bonitos. Este es un pueblo de gran religiosidad y tradición.

La Virgen de las Mercedes en cuyo honor se levantó el templo es muy bonita y a esta hora le llega directo por una ventana un rayo de sol que la destaca aún más. Una vez reunidos los cuatro, salimos hacia el Cristo Rey pero por la hermosa vía del Jardín Botánico. Es un Ecoparque muy bien cuidado, con un sendero peatonal hermoso y vista privilegiada sobre la iglesia y el pueblo. Se ve todo muy bello iluminado por este sol brillante que nos tocó en suerte. En el centro del Jardín hay un pequeño lago sobre el cual se refleja el puente de madera inmunizada que lo cruza. Allí nos sentamos un rato a respirar el aire puro y extasiarnos en tan hermoso paisaje.

Arturo es un borrachito muy conocido en Jericó. Con mucho esfuerzo una hermana suya le regaló en la pasada Navidad una riñonera muy cómoda. Como es de difícil regalarle a un hombre, pero su hermana quedó muy satisfecha de haber acertado con el obsequio. Pero oh desgracia! nuestro amigo necesitaba hoy dinero para aumentar su rasca y encontró a Carolina en el Jardín Botánico para venderle por diez mil pesos la riñonera. Ambos quedaron muy contentos, menos la hermana de Arturo quien nunca se imaginó que en última instancia lo que le había obsequiado a su hermano era dinero para comprar aguardiente.

Subimos luego a la estación del Cable Aéreo y abordamos el vehículo para disfrutar del hermoso panorama de la reserva natural Las Nubes. Desde allí se ve, al frente el Cerro Tusa y más a la izquierda y al sur se alcanza a diferenciar a Concordia recostado sobre la cordillera. También se ve muy claro el Morro Sillón, cerca al Cerro Bravo. Luego me refugio en el mirador de segundo piso donde escribo estas líneas y me libro del sol canicular que hace al medio día. De nuevo en la estación del Cable saludamos a nuestro amigo Harold, el guía turístico a quien le han regalado una agenda del Suroeste del 2006 con fotos aéreas de los municipios.

También escuchamos a otro de los guías quien nos cuenta que en 1.909 Jericó fue la capital del Departamento de Antioquia, cosa que yo desconocía. Además, en Jericó nacieron empresas tan importantes como Coltejer, la Nacional de Chocolates y Jabones La Jirafa. La próxima vez que vengamos a Jericó será bueno comprar un pollo asado y comérnoslo acá en este lugar tan bello para disfrutar más de la naturaleza y así no tener que bajar a almorzar al pueblo. A la una de la tarde regresamos en Cable Aéreo y luego pedimos un taxi para recoger los morrales e ir a almorzar al Restaurante Pollo al Carbón, sobre la terraza del parque, en un salón amplio y donde preparan platos deliciosos.

Los fríjoles que comí estaban de morir y el pollo a la plancha que pidió Carolina fue de lo mejor que se ha comido en su vida. Total, habrá que volver a este restaurante que, además, tiene balcón con hermosa vista sobre el parque. Durante el almuerzo Esteban nos entretuvo con sus historias bíblicas que hablan de 'las murallas de Jericó rotas a fuerza de trompetazos'. En estos pueblos la gente es muy querida y confía mucho en los clientes. Para pagar el consumo cada persona le dice a la cajera qué comió y con base en ello la cajera elabora la cuenta. Hay poco control por parte de la administración y eso no es bueno pues con tan excelente servicio merecen que nadie los engañe.

A las cuatro de la tarde salimos para Medellín con la 'barriga llena y el corazón contento'. Lástima que en el Mirador de Buena Vista no hubo dónde parquear por lo que nos perdimos ese espectáculo de vista. Lo que sí disfrutamos al máximo fueron las melodías tan hermosas e importantes para el grupo como la versión original de 'Y nos dieron las diez y las once...', en la voz de Sabina. A quién no le trae bellos recuerdos, ese trozo de la canción que dice:

'...y desnudos al amanecer nos sorprendió la luna!'

También la canción en ritmo de salsa llamada 'Derroche' que describe muy bellamente una escena de amor en la cual :

'...no quedó lugar que no anduviera en ti' Y ahora al salir del almuerzo, en uno de los bares de la terraza me tomé un tinto escuchando esa canción tan bonita de Vicente Fernández titulada : 'Entre el amor y yo'.

El panorama por este sector es precioso. Antes de llegar a la troncal paramos en un estadero nuevo en el cual no venden tinto, llamado: 'La tienda de Caldea'. Más adelante entramos a 'Cauca Viejo'. Estuvimos un rato en el parque del pueblo y entramos a su capilla. Me llama la atención que este pueblo se ha expandido poco desde cuando lo visité por primera vez hace tres años, pero de todas maneras es muy bonito y me parece una gran idea.

Así, muy contentos y satisfechos llegamos a las 7:30 de la noche a Envigado. Qué paseo tan delicioso, vale la pena repetirlo.


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