Montañas rocosas canadienses

Escribe: franpartidas
4 Días conociendo lo mejor del corazón del Canadá

 

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1 Capítulo 3

El glaciar Columbia, las cataratas Athabasca y el regreso

Jasper, Canadá — martes, 1 de diciembre de 2009

Día tres. Después de desayunar, tipo picnic en una gélida mañana en un parque cuyo nombre no recuerdo, iniciamos la partida a otro de los puntos principales de esta excursión. El Glaciar Columbia, o Athabasca, cerca de brewster, es una inmensa masa de hielo compacto y perenne, incrustada en las cimas de un grupo de montañas de una gran extensión. Se puede contratar un paseo que lo llevará a uno en un bus montaña arriba hasta un andén desde el cual de toma el Snowcoach, peculiar vehículo cruza de autobús con monster truck, con seis ruedas gigantes que le permiten bajar una sinuosa cuesta muy empinada, para remontar el camino de morrena (mezcla de hielo y piedra que deja la erosión del glaciar al deshielar) hasta la blanca cima, donde se puede bajar y disfrutar del hielo aún al calor del sol. Puede uno pararse sobre una pulida laja de hielo a través de la cual se podía ver las entrañas de esta blanca mole. Existen ciertas limitaciones de seguridad, al no saberse con exactitud la dureza de ciertas zonas, por lo que hay que cuidarse de permanecer en las partes demarcadas con conos azules.

Más allá, el deshielo de este glaciar forma las cataratas Athabasca, otra vista  de postal, con caminerías que se internan bajo un laberinto de piedra desde el que se pueden ver distintas chimeneas y remolinos que forma el agua azulísima al precipitarse hasta el río homónimo, unos metros más abajo. a enzarzar sus astas en una danza de pelea al borde del camino. También veríamos másPróxima parada Jasper, un pueblo muy parecido a Bannf, aunque el entorno se antoja más desértico y plano, aunque grandes picos rompían el horizonte a la distancia. Muchos trenes, en Canadá los trenes impresionan, no por su modernismo o velocidad, sinó por su desmesurado tamaño. Larguísimos convoyes de más de cuarenta o cincuenta vagones, que pueden fácilmente pasar el  kilómetro de longitud, transportan el trigo en lenta y cadenciosa procesión  hasta sus centros de procesamiento o acopio, no estoy muy seguro. 

Luego paramos para hacer fotos de grupo frente al monte Robson, el más alto de esta cordillera del lado canadiense. En el camino al próximo hotel, súbitamente el tráfico se detuvo, y sólo pude ver como la mitad del autobús se lanzaba hacia las ventanas del otro lado. Dos ciervos, indiferentes del revuelo que habían formado, se dedicaban  tarde a un esquivo alce, aunque éste desapareció casi de inmediato entre los árboles.

El cuarto día era el día de vuelta. Se acercaba el fin de esta experiencia, aunque aún nuestra ruta nos deparaba un par de sitios interesantes: La catarata Sphahats, chorro que se lanza en picado de una altura bastante respetable desde la cima de un antiguo volcán extinto, en el que se pueden ver con facilidad las diferentes capas de magma endurecido, hasta perderse por el cañón Clearwater. Nuestra guía, Alex, nos enseñó un divertido truco. Si se observaba con detenimiento el patrón de capas retorcidas de magma, y después se desvía la vista al chorro de agua, por un momento se da una ilusión óptica que hace parecer que las líneas de roca se mueven y se retuercen, de una forma parecida a aquellos raros cuadros cuya figura sólo se descubría después de mirar larga y detenidamente. Y los túneles Othello, ruinas de aquel impulso que horadó montañas y rellenó barrancos en pos de comunicar el país a través de los ferrocarriles. Dichos túneles fueron destruídos por una terrible tormenta, juzgándose preferible no repararlos y cambiar el trazado de la vía a otros pasos de menor dificultad. Se cuenta que el encargado de diseñar los túneles era fanático de Shakespeare, por ende bautizando pasos, túneles y estaciones que construía con nombres de personajes de las obras del dramaturgo inglés.

Esa tarde arribamos a vancouver, un grupo de extraños que por unos días no lo fueron tanto, presenciando juntos algunos de los paisajes mas bellos de este hermoso país, en otra inolvidable experiencia.

Carolina, Larissa, Alex Michela, Fernando, Alina, Simone, Filippo, Alejandra, Sebastián, Toshi, Miry y Aude, son nombres que se confunden con los nombres de los sitios que espero nunca olvidar.Nuevas amistades? quizá! memorias para el resto de la vida, seguro. Un viaje muy recomendable para el que tenga la oportunidad de pasar unos días bajo la bandera de la hoja de maple.


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