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Un viaje por las principales islas de Japón

Escribe: Budha
Japón es ese país exótico donde conviven, de manera curiosa, tradiciones muy antiguas con una de las sociedades más modernas del planeta; donde la cultura es original y occidentalizada a la vez; donde el pasado parece el contrapeso más natural a la vanguardia y la tecnología. Parecen contradicciones pero en realidad, en Japón, el modernismo no se superpone a la tradición, sino que parece nutrirse de ella…

 

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Un viaje por las principales islas de Japón

Japón — lunes, 23 de enero de 2006

Se trata en realidad de las dos caras de una misma moneda, de las dos vertientes de una misma cultura absolutamente original y exótica para un occidental, que sin embargo a la vez encontrará en ella una multitud de préstamos de este lado del mundo. Y como estamos en el país del Sol Levante, en el país de la filosofía zen, del sintoísmo y el budismo, todo esto se realiza en una interesante armonía.

El archipiélago de Japón se extiende por más de 3,000 Km. en una especie de arco desde el noreste al sudeste. A pesar de que son más de 3,000 islas e islotes los que conforman el archipiélago, son sólo cuatro las islas principales que representan el 98 % de la superficie total. Por otro lado, cerca del 75% del territorio es montañoso de origen volcánico, contándose 265 volcanes de los que un 10% son activos. Destaca el Monte Fuji con 3,776 m. el más alto del Japón, considerado lugar sagrado. La única llanura de relevancia es la de Kanto, recorrida por el río Tone. Muchas de las montañas son volcánicas, característica que otorga al paisaje una gran belleza pero que encarna una situación de peligrosidad de sobra conocida por los japoneses. La región más afectada es la de Kanto, justo en la que está situada Tokyo.

Honshu, Hokkaido, Kyushu y Shikoku son las cuatro islas principales. Honshu es la isla más grande con 230.500 Km. cuadrados y en ella se encuentran las ciudades más importantes como Tokyo, Nara, Kyoto u Osaka. Es, además, el corazón cultural, político y social de Japón.
Japón se divide en regiones o distritos (Chihou), y estos a su vez se subdividen en provincias o más comúnmente llamadas, prefecturas (Ken). Japón tiene 9 regiones: Hokkaido, Tohoku, Kanto, Chubu, Kinki, Chugoku, Shikoku, Kyushu, y Okinawa y se dividen en 47 prefecturas.
Cada región tiene su propio dialecto, costumbres y una tradición cultural única. Por ejemplo, la región de Kanto, que incluye a Tokyo, y la región de Kansai, que incluye Osaka, ofrecen contrastes muy grandes desde el sabor de las comidas hasta el estilo de las artes tradicionales.

Filosofía zen

El primer shock cultural bien podría ser el religioso, y tal vez sea la clave para entender muchos otros aspectos de la sociedad japonesa. La inmensa mayoría de los japoneses son a la vez sintoístas (todos lo son) y budistas (un 75 por ciento afirma serlo también). Aunque sea difícil de concebir para sociedades nacidas de las culturas mediterráneas que se forjaron sobre el monoteísmo y el rechazo a otras creencias, los japoneses asimilaron su propia creencia en divinidades protectoras (Shinto quiere decir “la Vía de los Espíritus&rdqu con el budismo que les llegó de Corea en el siglo VI. A su vez, el zen -una palabra tan popular en los idiomas occidentales– fue en su origen una de las “direcciones justas” que seguían los monjes budistas para llegar al nirvana, la de la “concentración justa”. Con el tiempo, la filosofía zen marcó profundamente la sociedad japonesa, y se puede pensar que muchos de sus rasgos más fuertes proceden de esta forma de meditación, tales como los paisajes y jardines de guijarros, las estampas, las ceremonias del té o el arte floral, todos herederos de esta forma original de encarar la vida y sus desafíos.

La isla del Fuji

Yama Honshu es la principal isla de Japón, la más grande, y aquella donde están todas las ciudades principales: Tokio, Kioto, Osaka, Nagoya, Yokohama, Kobe y también Hiroshima. Es también la isla del Fuji Yama, y la verdadera cuna de la historia y las tradiciones japonesas. Indispensable en el circuito de quien quiera acercarse al mundo fascinante de los samurais, Kanazawa es un pequeño puerto en el oeste de Honshu, conocida como la “Pequeña Kioto” por la importancia de sus antiguos vestigios. Del que fue su castillo se conservó una puerta monumental, su jardín se considera uno de los tres más lindos de todo el país, y en la ciudad vieja aún es posible sentir restos del pasado feudal de Japón. En el barrio de las geishas, se puede cruzar hoy todavía a algunas de estas mujeres cuyo status es uno de los rasgos más peculiares de la sociedad japonesa. Hay también un barrio de samurai (eran los mercenarios contratados por un shogun, o señor de la guerra, los terratenientes que aprovecharon el debilitamiento del poder central para fortalecer sus poderes regionales, de la misma manera que en Occidente se generó el feudalismo).

Después de conocer algo de historia y de tradiciones, se llega ya al centro de la isla, en la inmensa y bulliciosa Tokio, una megápolis de decenas de millones de habitantes, donde todo va rápido, es carísimo y cuenta con las técnicas más avanzadas del mundo. Para quien dude de que Japón es el país de la electrónica y de la tecnología, una pequeña vuelta por el barrio de Akihabara lo convencerá de una buena vez. Es donde se concentran casas y emporios, negocios y tiendas, en fin, todos los lugares donde se puede comprar lo último en electrodomésticos, hi-fi, informática, fotografía, telefonía, nuevos productos electrónicos. Allí se puede estar siempre adelantado al resto del mundo en cuanto a modelos, equipos y nuevos productos (y precios).

Pero Tokio también es el centro político de Japón, sede del Gobierno y residencia del Emperador, un hombre que, hasta hace pocas décadas, era considerado más como un dios viviente que como un monarca. El palacio imperial es un centro de paz y armonía en el centro delirante de la ciudad, cuyo parque se puede visitar y recorrer. La visita de la ciudad se completa con el descubrimiento del “way of life” japonés, sus museos, negocios y las miles de sorpresas que puede ofrecer una ciudad de tan gran tamaño y tal importancia cultural y económica.

Nunca se visita Tokio o Yokohama sin visitar el Fuji Yama (pronunciar Fuji-san; los japoneses apreciarán esta marca de respeto por su cultura y uno de sus principales símbolos). El Fuji Yama no es sólo un cono perfecto cubierto de nieves eternas, con el que culminan los Alpes japoneses: es también un lugar sagrado y un símbolo nacional. Las colas para sacar la famosa foto desde el sitio de los Cinco Lagos pueden llegar a ser muy largas. Pero la vista vale la espera. Se puede hacer trekking hacia la cumbre (después de nuevas colas) o trekking en toda la región circundante para observarlo desde varios ángulos. El Fuji Yama es el punto culminante de Japón, y como es un volcán aislado de las demás montañas de la cadena, es visible desde muy lejos (más de cien kilómetros en algunos casos).

Hokkaido

Hokkaido, la más al norte de las cuatro islas principales, tiene un paisaje llamativo diferente del de cualquier otro lugar en Japón. Con más de 77.700 kilómetros, tiene solamente 5% de su población. Es decir: Hokkaido tiene lo que no el resto de Japón: espacio.

En invierno (boreal), está cubierta de nieve, pero en esta época del año el clima es agradable, y sin ese calor pesado y húmedo que es típico de Asia del Sudeste y del Sur de Japón. Para los parámetros nipones, Hokkaido es un desierto. En uno de los países más densamente poblados del mundo, esta isla se muestra como un gran espacio natural: por sus montañas y sus nieves invernales, es el paraíso del turismo aventura y de los esquiadores. De hecho su capital, Sapporo, suena más que nada por haber sido la sede de una edición de los Juegos Olímpicos de invierno (en 1972). Para el turista, Hokkaido representa el costado natural de Japón. Los japoneses la visitan en verano por sus campos de flores y para avistar la fauna (ciervos, zorros, osos, aves).

Consideraba la frontera pasada del país, Hokkaido no comenzó a abrirse al desarrollo hasta después de la restauración de Meiji en 1868, cuando el gobierno comenzó a animar a japoneses a que emigraran a la isla. Muchos japoneses jóvenes van allí de mochileros, a esquiar, acampar, y viajar al campo en las motocicletas o las bicicletas. Hay granjas de vacas, silos, y campos amplios, planos del trigo, maíz, y patatas. Y la gente de Hokkaido es tan abierta y calurosa como las extensiones amplias de la tierra alrededor de ellas.

Mucho del yermo de Hokkaido se ha puesto a un lado como parque nacional y prefectural. De estas áreas, de Shikotsu-Toya, de Daisetsuzan, y los parques nacionales del akan son los más populares y recorridos.

La estación turística principal de Hokkaido es en agosto, cuando los días son frescos y agradables con una temperatura media de 21°C. Mientras que el resto de la nación se aflige por la estación de lluvias, los veranos de Hokkaido son generalmente brillantes y claros. Los inviernos son largos y severos; no obstante, los entusiastas del esquí se reúnen en las cuestas cerca de Sapporo. A pesar de todos los atractivos que ofrece, esta zona no es visitada por turistas extranjeros, y queda como un rincón maravilloso del turismo activo.

Kyushu


La más austral de las cuatro islas principales de Japón, Kyushu ofrece un clima suave, balnearios famosos, un campo hermoso con parques nacionales, y gente cálida y amistosa.

Los historiadores creen que los habitantes más tempranos de Japón vivieron en Kyushu antes de emigrar gradualmente hacia el norte. Según una leyenda japonesa, era de Kyushu el primer emperador, Jimmu, quien comenzó su campaña para unificar Japón. Kyushu por lo tanto se considera el centro de la civilización japonesa. Y porque Kyushu es la isla más cercana a Corea y a China, ha servido con los siglos como punto de la afluencia para la gente y las ideas del extranjero, teniendo una tolerancia cultural más notable que el resto del Japón.

Shikoku

La más pequeña de las cuatro islas principales de Japón, Shikoku es también la menos visitadas por los extranjeros. Sorprende considerando la belleza natural de sus montañas rugosas, de su clima suave, y de sus monumentos más famosos -- 88 templos budistas sagrados. Muchos hacen un peregrinaje a los 88 templos por lo menos una vez en la vida como tributo al gran sacerdote budista Kobo Daishi, que nació en Shikoku en 774 y que fundó la secta de Shingon del budismo. Este peregrinaje ha sido popular desde el período de Edo en la creencia de que una terminación acertada del viaje liberaba a los seguidores budistas de la reencarnación. Tomaba un par de meses visitar los 88 templos a pie. Hoy se pueden ver a peregrinos hacer el peregrinaje vestidos de blanco.

Por siglos, la única manera de alcanzar Shikoku era en barco. Sin embargo, la terminación en1988 del puente de Seto Ohashi, que liga Shikoku a la prefectura de Okayama y tiene carriles para coches y trenes, cambió a Shikoku para siempre. Y en 1999, una serie de puentes que conectaban Shikoku con la prefectura de Hiroshima y que atravesaban seis islas escénicas en el mar interior de Seto se abrió al público como una de las maravillas tecnológicas más notables del siglo XX.

Otras islas


Existen dos cadenas de islas al sur de las cuatro islas principales. Las Islas Nansei-shoto se extienden desde Kyushu hacia el sudeste, mientras que las Islas Ogasawara-shoto, se extienden al sur de Tokyo. Destacan, además las islas Yaeyama, Izu o Ryukyu, territorios donde reina la paz y la tranquilidad.

La guía

El gobierno japonés ofrece un servicio telefónico de cobertura nacional; el Teléfono de Viajes en Japón, les brinda a los visitantes una extensa información turística y una asistencia general que responde a todas sus preguntas (Tokyo 033 201 3331; Kyoto 075 371 5649 y Osaka 072 456 6025).

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publicado el 24/oct/2008, 17.28
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