Diarios de viaje > El Mundo > Caribe > Jamaica > Diario de viajes
Jamaica: reggae, libertad, felicidad (Parte II)
Escribe: Imaginante
Segunda parte de la nota, con un recorrido de aventura por las montañas azules en bicicleta y un apartado especial para el personaje insignia de la isla: Bob Marley. Conoceremos su historia y los mitos que se fueron desarrollando en torno a su persona en la isla de la alegría. Si quieres conocer esta fabulosa isla, pues ¡anímate!
Compartir en: Enviar a un amigo Imprimir
Jamaica: reggae, libertad, felicidad (Parte II)
Jamaica — martes, 23 de marzo de 2004
La senda del Blue Mountain Peak es un recorrido que no deben dejar de hacer los escaladores ambiciosos. A la vez emocionante y pintoresca, no hay otra como ella en toda la isla. Caminará a lo largo de precipicios, a través de densos bosques ricos en flora y fauna exótica, y entre bellas vistas de las Blue Mountains, hasta al final conquistar el Pico. El premio al llegar allí es la vista que sobrepasa cualquier otra en la isla. Así que si busca un ascenso excitante y una experiencia memorable póngase las botas y suba al Blue Mountain Peak.
La senda es estrecha y empinada, especialmente en un lugar conocido como Jacob’s Ladder (La Escalera de Jacobo). Pero uno tras otro va conquistando cada pequeño obstáculo. Con cada paso hacia delante, las estrellas parecen acercarse más. Cuando se aproxima a la cima, el contorno oscuro del bosque crece a cada lado, y a veces los bordes plateados de un arbusto de helechos salta a la vista. Entonces, la luz de la mañana comienza a abrirse paso a través de las sombras, y se ve envuelto en una carrera contra el sol. Lucha con fuerza para seguir adelante, distraído por las espectaculares vistas que van apareciendo. Con un suspiro de alivio llega a la cima. El sol se eleva sobre las montañas, a su alrededor, atrapadas por la niebla. En un día claro, verá la borrosa silueta de Cuba, noventa millas (144.8 km.) al norte, mientras el fuerte viento silba a su alrededor y el día se vuelve más claro. Le parecerá que está sentado en lo más alto del mundo (y tenga por seguro que está en lo más alto de toda Jamaica), sabiendo que ha conquistado The Peak (El Pico).
Descenderá a la luz del día, y se asombrará no sólo por lo difícil del sendero, sino también por la riqueza botánica de las montañas. Pasará por un bosque de duendes, donde tendrá la sensación de caminar por dentro de un túnel verde. En algunos puntos claros, se abren vistas fascinantes de la cadena de las Blue Mountains (Montañas Azules). Mientras desciende un poco más abajo, verá conglomerados de helechos, bambúes y árboles de eucalipto. Notará flores salvajes extremadamente coloridas, y cientos de helechos que crecen a lo largo del musgoso sendero. Y mientras viaja por este reverdeciente bosque tropical, escucha el canto de los pájaros, como un fondo musical natural para su caminata.
En total el recorrido de catorce millas (22.5 km.) del Pico dura alrededor de siete horas. Comenzar la escalada temprano por la mañana le asegurará un excitante ascenso y poder disfrutar de una increíble vista de la puesta del sol. No obstante, no es obligatorio seguir esta tendencia popular. Puede escalar a la luz del día. Si decide hacer el trayecto por la mañana, puede pasar la noche de la víspera en Whitfield Hall (El Salón Whitfield) o en la pensión Wildflower (La Flor Silvestre), o acampar en Portland Gap (Hondonada de Portland). Ambas posadas son rústicas y acogedoras y su personal hará arreglos para recogerlo en Kingston o en Mavis Bank (la Ribera Mavis). También pueden proporcionarle guías locales y comidas por encargo. Si el ascenso es de día, no son realmente necesarios los guías puesto que los senderos están bien marcados, pero debe registrarse ante el guardabosque en Portland Gap. Y también, para ir hasta el lugar de inicio del ascenso, el cual está cerca de Whitfield Hall, se necesita ir en un vehículo todo terreno. Generalmente, el mejor tiempo para intentar la subida es durante la estación seca de las Blue Mountains, que dura de diciembre hasta abril.
Bob, nuestro querido Bob
Del olfato nos trae agarrados Bob Marley, compositor e intérprete que pusiera a Jamaica (y a la marihuana, conocida aquí como ganja) en los mapas del turismo mucho antes que la oferta del "todo incluido". Vinimos a conocer St. Ann Bay, donde nació y está su tumba, más arriba entre los cerros.
No son muchos los viajeros que se desvían de la carretera que une Montego Bay y la turística Ocho Ríos para mirar la cuna y el sarcófago del rey del reggae. Ni siquiera hay letreros que guíen a un solitario turista hasta este lugar. Se debe llegar en tour. Los devotos es mejor que se abstengan. Salvo que quieran terminar aplanando las latigudas cuadras de St. Ann bajo la filosa mirada de algunos rastas vagabundos.
Las mayores (y mejores) atracciones de Marley, nos han dicho, están en su casa-museo de Kingston, con toda la chuchería comercial que bien saben vender los siempre sonrientes jamaicanos entrenados para el turismo.
Rita, la viuda, maneja el negocio. Discos, casas, museo... ella tiene una fundación desde donde controla todo. En St. Ann se ven pasar a los turistas, pero allí no queda nada. Los lugareños siguen igual de pobres.
-Smoke it, it´s good for you...
Marley es a la marihuana lo que la imagen del vaquero es a Marlboro, pero no el santo patrono que esperaban en St. Ann.
Se hizo humo.
Cuna y escuela
A St. Ann lo vino a parir una jamaicana enamoradiza que logró echarle el lazo a un capitán de la marina británica tres veces mayor que ella. Cuando Robert nació (después lo llamarían Bob), del gringo no se supo más, salvo fugaces apariciones que no dejaron en él mayores ni mejores, recuerdos. Sólo apreturas económicas que al poco tiempo obligaron a su madre a emigrar a Trench Town, un caserío al oeste de la capital.
Allí Bob Marley absorbió todo lo que la calle podía entregarle a un preadolescente. Conoció y probó lo que las barriadas de la capital jamaicana siguen ofreciendo hasta hoy, y que no es más que el desencanto de una población agarrada fuerte por el brazo de la pobreza. Pero lejos de convertirse en un pandillero, Marley fue el pupilo perfecto del hombre que, con los años, sería reconocido como uno de los profetas del rastafarismo en la isla.
La influencia de Mortimer Planner en su vida no sólo fue una aparición profética, también la del padre ausente. Marley se dejó seducir por la hábil lengua del maestro y de ahí en adelante sería el árbol al que arrimaría inquietudes, creencias y también los comienzos de su carrera. Porque a Planner no sólo lo iluminaba la fe por Jah, el dios de los rastafaris, sino además los dólares que Marley no tardaría en ganar y que lo llevarían lejos de St. Ann.
Fue su guía espiritual y también manager, al ponerlo en contacto con los estudios donde dejaría registradas sus primeras canciones, como Judge Not, en 1961, que tiene grandes deudas con los ritmos rocanroleros de Fats Domino y algo del soul de Ray Charles.
Sin embargo, la pericia de Planner parecía estar en la prédica y no en las perillas del negocio disquero. Después de algunos fracasos, Marley - casi veinteañero- conocería a los seis amigotes con los que formaría The Wailers, algo así como Los Llorones; una banda dedicada a imitar el soul y el rhythm & blues transmitidos por onda corta desde Miami, y de “llorones" les quedó el nombre, porque ya en 1965 salieron los primeros éxitos y no hubo motivos para llorar.
Hubo deserciones y crisis -como es usual- y finalmente, con Marley como letrista y líder, fueron dando cabezazos entre el ska y el rock sin estridencias, hasta encontrar la horma del zapato: el reggae.
Les preguntamos con insistencia a los jamaicanos acerca del origen del término. Ni idea. Mejor remitirse a las enciclopedias musicales, donde tampoco la película está muy clara. El término posiblemente deriva de la canción Do the reggay, del grupo Toots & The Maytals, donde letras sin esperanza eran transmitidas con un ritmo bailable y pegajoso.
Su vocalista explicaba: Reggae significa venir del pueblo, de la mayoría que sufre y no tiene lo que desea. A las cosas que el pueblo hace y acostumbra todos los días, nosotros les ponemos música y la hacemos baile.
Aunque también encontramos una interpretación más maliciosa. El término derivaría de una palabra de grueso calibre que usan los jamaicanos para referirse a las prostitutas: "streggae". De ahí reggae.
Bob Marley parece que supo interpretar los lamentos ancestrales de su pueblo y su historia de penurias, envolviéndolos con esta música cadenciosa de batería y bajos eléctricos.
En 1971, Island Records vio en él (ya casado, dos hijos) al mesías negro que salvaría al mercado saturado de rock sinfónico y cantantes de virilidad trasnochada. La confianza fue casi ciega. Comenzó a recibir el mismo trato prodigado a las estrellas de rock, mientras su país todavía no era una estrella del turismo.
El disco Catch a Fire prendió como pólvora en las radios convirtiendo el reggae en la fragancia discotequera de moda. Partieron las giras a Estados Unidos y a Gran Bretaña, y hasta Eric Clapton se dejó seducir y grabó su propia versión del tema I Shot the Sheriff que llegó a ser número uno.
Aunque Clapton no le facturó a Marley el éxito de la canción, éste supo poner los huevos en distintos canastos. Al tercer disco ya era Bob Marley & The Wailers y en 1976 la revista Rolling Stone -biblia de bolsillo de la industria musical gringa-, los distinguió como banda del año. Desde las alturas de superestrellas, el grupo mantuvo un cable a tierra con Jamaica lo suficientemente estrecho para seguir en detalle sus conflictos sociales y políticos.
Volvieron a su país a fines de 1976 para ofrecer un concierto por la paz en Kingston. Desconocidos les dispararon a Marley, a su mujer y a su representante. El ambiente no estaba para conciertos de unidad. La música sólo sirvió de banda sonora para los enfrentamientos que vendrían después entre el pueblo y sus gobernantes.
Al año siguiente, instalado en Londres, Marley alcanzó el cielo y el suelo. El disco Exodus pondría su música en las orejas del mundo, conquista suficiente para ser recibido con interés por el príncipe etíope Asfa Wossan Wossan, nieto del emperador Selassié, la reencarnación de dios según la religión rastafari y derrocado un par de años antes por los militares para instaurar el socialismo en Etiopía.
El encuentro quedó sellado con un regalo: el anillo de Selassié, símbolo de autoridad.
Aquel momento no sería suficiente consuelo para lo que vendría después. En mayo los doctores le descubrieron cáncer en un dedo del pie. Por sus creencias rastafaris, se negó a la operación. La gira promocional de Exodus fue cancelada. Iniciaba el éxodo de su propia existencia.
En cada surco de Kaya, el siguiente disco de la banda, Bob Marley sembró las semillas de la hierba rasta. No fue grabado para escucharse, sino para fumarse. Desde el título el disco era sinónimo de marihuana. Sus canciones hablaban de amor y del poder místico de la hierba, que permitía a los rastafaris estar cerca de Dios... y a los que no lo eran, aprender a sentirlo.
El regreso de la banda a Jamaica para actuar en el concierto One Love -organizado para sedar las iras sociales- fue casi heroico. En el escenario, su música hipnótica convenció al primer ministro jamaicano Michael Manley y al líder de la oposición, Edward Seaga, a darse la mano en señal de que las cosas iban a cambiar en la isla. La hazaña hizo que la ONU sacara el pañuelo y en gesto que después se repetiría hasta el infinito con muchos músicos, actores y hasta futbolistas, Marley fue condecorado con la medalla de la temporada.
El cáncer no fue impedimento para continuar con presentaciones en vivo y discos sacados del horno. En septiembre de 1980, una nueva gira por Estados Unidos lo pilló con la guardia baja. Mientras trotaba por el Central Park de Nueva York -semanas antes que asesinaran al vecino John Lennon a la entrada de su departamento-, Marley supo que cuerpo y alma no llegarían juntos hasta la meta. Quedó internado y los médicos no demoraron mucho en diagnosticarle un tumor al cerebro.
Le quedaba un mes de vida. Fue capaz de dar un concierto final en Pittsburgh.
En ese momento, su mujer, Rita, tomaría las riendas en una gira dramática en busca del milagro. Fue trasladado a un hospital oncológico de Miami. Luego a Nueva York. Con diagnóstico de cáncer al cerebro, pulmones y estómago, regresó a Miami para ser bautizado en la iglesia ortodoxa etíope, el 4 de noviembre. Cinco días más tarde, partiría a Alemania para un nuevo tratamiento.
Conectado a máquinas y bajo el atento cuidado de asépticas enfermeras, cumplió 36 años. Eso fue en febrero. Murió el 11 de mayo de 1981 en un hospital de Miami.
"Se lo llevó el humo", dicen en Jamaica.
Diez días después fueron los multitudinarios funerales en la isla. Al mes, el gobierno lo condecoró póstumamente con la Orden al Mérito, por su aporte a la cultura del país. En los años siguientes han ido apareciendo nuevos discos, canciones inéditas, el centro cultural que lleva su nombre en Montego Bay, un museo en Kingston.
Tips:
|
Calificación
0 de 5
0 puntos (0 votos) |
publicado el 23/oct/2008, 16.11
Imprimir
Enviar a un amigo |
Últimos comentarios
Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o inicia sesión aquí
Capítulos de este diario
-
1
Jamaica: reggae, libertad, felicidad (Parte II)
Jamaica | 23 de marzo de 2004
En Jamaica...
|
¿Quiénes están dispuestos a brindarme alojamiento? |