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Una vueltita por Jamaica

Escribe: rbertolami
Primera escala del viaje hecho con mis cuatro hijos, diciembre de 2.008. La idea de conocer Jamaica moraba en mis fantasías pueriles, cuando las historias de piratas eran mis favoritas. Me embarqué con Emilio Salgari y Sandokán por la Malasia y navegué virtualmente con los corsarios del Caribe.

 

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Capítulo 1
 

De Kingston a Negril

Jamaica — jueves, 2 de julio de 2009

UNA VUELTITA POR JAMAICA Prólogo La idea de conocer Jamaica moraba en mis fantasías pueriles, cuando las historias de piratas eran mis favoritas. Me embarqué con Emilio Salgari y Sandokán por la Malasia y navegué virtualmente con los corsarios del Caribe. Sir Henry Morgan, el temido pirata inglés, eligió la isla como residencia  a su retiro de batallas y saqueos. Esto siempre me llamó la atención y exacerbaba mi imaginación. Años más tarde mi acercamiento al reggae, la música de Bob Marley y sus Wailers, terminó de atraparme y convencerme que debía viajar hasta allí, isla que presumía exótica y encantadora. Hacía mucho tiempo que el living de mi casa era un santuario jamaiquino, donde Bob siembra su música todo el tiempo. Y me fui a Jamaica, allá en las Indias Occidentales…

 
1  El 24 de diciembre de 2.008 subimos en Buenos Aires, con dos de mis hijos (los mayores), a un avión de Copa Airlines, que, previa escala en Panamá, nos aterrizó en Kingston, la capital jamaiquina, por la tardecita. Después de una regular espera nos encontramos con mis otros dos hijos, Ben y Juan Manuel que venían desde Canadá. El aeropuerto nos despidió desde un mural con los nuevos ídolos jamaiquinos: los atletas dorados, los hijos del viento en Beijing 2.008.Luego de regatear precio, el taxi de O’Neil, un negrito jamaiquino con aires de señorito inglés, nos llevó hasta el Indies hotel, previo paso por el museo del Rey del reggae, que estaba cerrado a esa hora y prometimos volver. Habíamos hecho la reserva por Internet en el hotel, solo por un día (2 habitaciones por U$D 175.- éramos cinco personas y pagamos con Visa).Empezaba a convencerme de que por fin estaba en Jamaica, al palpar la presencia mayoritaria de población negra, descendientes de varias generaciones de sufridos esclavos africanos, explotados en las sucesivas “colonizaciones” española e inglesa.(En 1.672 durante la explotación inglesa, se fundó en la isla la Compañía Real Africana y Jamaica se convirtió en el mayor centro de trata de esclavos para el resto de América).

Esa nochebuena la celebramos muy tarde en un local de comidas rápidas donde regamos el clásico pollo Jerk con la famosa cerveza local Red Stripe.Kingston tiene fama de ser una de las ciudades más peligrosas del mundo y si bien no observamos más que algún pedigüeño, decidimos volver al hotel, pensando en el viaje de la mañana siguiente. Saboreamos las últimas cervezas en el patio del hotel y nos fuimos a dormir.Nuestro plan de viaje consistía en circunvalar la isla; cruzándola de sur a norte uniríamos Kingston con Ocho Ríos, para después por la costa norte llegar a Montego Bay y Negril. Completaríamos siete días en Jamaica, regresando a Kingston por caminos del sur, para seguir viaje hasta Cuba. Me desperté temprano con la lógica impaciencia de comenzar a disfrutar mis vacaciones, inaugurando la norma que me había impuesto: Dormir solo cuatro horas por noche. Previo desayuno en el hotel hice un corto paseo por los alrededores, por ser feriado estaba todo muy tranquilo, ese sector de la ciudad me pareció bello y muy limpio.

2 - OCHO RÍOS: O’Neil llegó a recogernos con puntualidad inglesa, nos esperaban dos horas de viaje hasta Ocho Ríos. Al viajar en la van de nuestro amigo taxista no pude evitar sentirme como pasajero de una limusina conducida por chofer negro. La cordialidad del morocho disipó rápidamente mi ensueño, conversamos mucho y hasta nos cantó One Love en su versión más desafinada.Llegando a Ocho Ríos el paisaje montañoso se muta en espesa selva donde helechos e impatiens (1) conviven en los sombríos humedales de laderas de piedra, junto a árboles gigantescos de preciosa madera.En un caserío previo a la ciudad, paramos a contemplar las artesanías que hacen los “rastas” (2) del lugar, precisamente utilizando esa madera. Se destacaban las estatuillas de desnudos hombres negros con sus enormes atributos viriles elevados pretenciosamente, seguramente hacia futuras compradoras occidentales.Le indicamos a O’Neil que nos ubique el “Little Shaw Park”, nuestro lugar de alojamiento reservado también por Internet (dos cabañas por U$D 120.- por día para los cinco).El lugar es bonito, las cabañas con cocina, todos los implementos y baño. La tranquilidad reina en el lugar, sus dueños son Trevor, un simpático jamaiquino sesentón y su esposa canadiense Deborah, Su bonita hija Bonnie colabora con ellos.Ocho Ríos es una ciudad con un trazado no convencional, estrecho y alargado a lo largo de la costa.

Después de instalarnos salimos a caminar buscando playas, caminamos mucho y no aparecían, las pocas que encontramos eran estrechas y pagas, empezábamos a comprobar que en Jamaica todo tiene su precio…
A la noche salimos a cenar con Bonnie unos riquísimos pollos Jerk y después de algunas caminatas fuimos a dormir pensando en la excursión del día siguiente, cuando Trevor nos llevaría, por entre las montañas, hasta el mausoleo de Bob Marley.Salimos a media mañana y después de una hora larga de viaje por estrechos caminos de cornisa, con algunos tramos para un solo vehículo que ponen los pelos de punta por la osadía con que manejan los jamaiquinos, llegamos hasta la escuela donde Bob estudió de niño, seguimos viaje hacia un poblado, donde pintorescos rastas desde sus coloridas casitas nos saludaban o nos ignoraban y arribamos a un sitio cerrado, que era el final del viaje. Nos recibieron dos brazos asomando por una abertura en la pared ofreciendo gigantescos “big spliff” de la más pura marihuana jamaiquina. En el lugar hay una tienda de souvenirs del Rey del reggae y se saca la entrada para acceder a su casa y mausoleo. Mientras sus “Songs of freedom(3) endulzan el aire montañés.Con el guía, el inefable Captain Crazy, iniciamos el recorrido y comenzamos a sentir la magia del lugar, llegamos a un pequeño escenario donde nos esperaba un rasta viejito con su banjo, que resultó ser tío de Bob, para homenajearnos y junto al Captain interpretó “Ríos de Babilón” y “One Love”, fue algo tan emocionante como divertido, mis lágrimas así lo aseguraron, cuando sin poder resistir la tentación de compartir ese mini recital los acompañé a cantar, mientras mis hijos filmaban para la posteridad.Después de la consabida propina (tip) trepamos una calle para llegar a la casita donde vivió Bob su adolescencia y compuso muchos de sus temas.

Es tan humilde la pequeña vivienda que emociona, es como de juguete, con su sala, cocina y el dormitorio tapizado de cuadros, posters, recuerdos, fotos y sus muebles. Deambulando por el límite de lo real me senté en su cama y miré el mismo cielorraso que él contempló seguramente en noches de insomnio fumándose su “porro” y solo acompañado de su soledad, recreando su genialidad.
Desde un rincón su guitarrita, fabricada por él cuando niño, delataba con sus cuerdas incompletas las primeras “biabas” (4) de sus acordes primitivos. No quería salir de ese lugar místico, me sentía fascinado, hechizado y agradecido a Jah (5) por poder disfrutar de aquel lugar privilegiado. Por fin salí, caminé hasta el mausoleo en construcción de su madre, fallecida en 2.008, una gran mole de mármol guarda sus restos. Al lado está el mausoleo del más grande músico de reggae de todos los tiempos, no se pueden sacar fotos, entrar allí es como estar fuera del mundo, hay vibraciones en el aire y reina el silencio del más allá…El lugar es sencillo, se repite la mole de mármol, Captain Crazy nos indicó como estaba colocado el cuerpo, entonces apoyamos nuestras manos a la altura de su cabeza y con Benjamín le tributamos “Redemtion Song” a dúo, imaginando que Bob se estaría riendo de nuestros desafines. A la salida del mausoleo nuestro guía estaba sentado sobre la piedra tricolor donde Bob buscaba su inspiración. “Este es un lugar de meditación, pero esta no es completa si no te fumas un big spliff durante”. ¿Vas a fumar delante de tus hijos? – me preguntó pícaramente C. Crazy. Como contesté afirmativamente me dijo sonriendo: “Oh you are a bad boy”.

Le pegué no más de seis pitadas al “porro” y lo apagué, mientras nuestro guía estaba semidormido acostado a mi lado, con un relajamiento seguramente consecuencia de los veinte que dijo fumarse por día. Al poco rato me empezó a hacer efecto la fumada y la borrachera me duró todo el viaje de regreso.Al llegar al portón de salida, el guía nos señala un cartel haciendo hincapié en la frase que decía: “One love, one heart, tip your tour guide, and feel alright(Propina para el guía), aproveché entonces para tomarme desquite y decirle: “Oh you are a bad boy too”, lo que le provocó una espléndida sonrisa decorada de blancos dientes. Y nos fuimos de aquel lugar maravilloso, extasiados por haber tenido la prerrogativa de conocer in situ parte de la historia de Bob, y a la vez tristes por no saber cuando podríamos regresar y nos dijimos: “Don`t worry, be happy”. (6) Llegamos tarde para conocer las cascadas River Falls. Otra vez será.Para despedirnos de Ocho Ríos, con Ben y Juan Manuel nos metimos en una disco, esa noche, que más parecía bailanta, tres o cuatro centenares de personas danzando al ritmo frenético del hip hop y reggaeton.

Me llamó mucho la atención como nos ignoraron en ese lugar, a excepción de una escaramuza romántica/erótica de Ben con una mulata. Éramos los únicos blancos en el lugar, pero la atracción era solo entre ellos. Algunas parejas bailaban de una manera brutalmente erótica, restregando sus cuerpos en imitación de coito. Mientras el ambiente destilaba fragancia de marihuana.


 
3 - NEGRIL[b]: A la mañana siguiente Trevor nos llevó hasta Montego Bay, lugar en el que decidimos no quedarnos por ser demasiado turístico, preferimos llegar hasta Negril, donde están las mejores playas y en todo caso regresar otro día a Mo. Bay.Negril es una ciudad ubicada en el extremo occidental de la isla y edificada a lo largo de sus once kilómetros de playa. Hay infinidad de hoteles para todos los gustos, es la ciudad con más “bohemia” de Jamaica y afortunadamente existe una reglamentación que impide construir edificios que superen la altura de las palmeras.Como no teníamos reservación, después de varios intentos fallidos nos alojamos en Roots Bamboo, un conjunto de cabañas a pocos metros del mar, con bar y restaurante, alquilamos dos de ellas a U$D 40.- x cabaña x día. El lugar es bastante precario y no dispone de baño privado, estos y las duchas son compartidos.A esta altura del viaje mi inglés ya se hacía entender bastante y mi comunicación con los nativos se hizo más fluida.

La playa allí es bonita, el mar parece tener yacimientos de esmeraldas en su profundidad y la arena disputa su color con las nubes. El buen clima parecía estar confabulado con nosotros, y nos acompañaría en toda nuestra estadía.
El ocio y las caminatas se convirtieron en agradable rutina, las largas conversaciones con Ben fueron muy fructíferas y los días se estiraban en agradables travesías por la misteriosa playa nocturna, donde a menudo, como salidos de su propia oscuridad se aparecía un jamaiquino a ofrecer su “ganja” (7) o a pedir un cigarrillo de tabaco. Todas las noches hay música en la playa, aunque lamentablemente el escenario está rodeado por una carpa.Pasamos allí nuestros mejores cuatro días, con playa gratuita, suculentos desayunos con café “Blue Mountain” y almuerzos en el Roots Café, atendidos de primera por la simpática Opia (significa Espíritu en lengua Arawak). Al segundo día fuimos con Ben y Juan hasta el famoso Rick’s Café, el viaje hasta allí merece un párrafo aparte ya que el morocho que nos llevó, haciéndose pasar por taxista, manejó irracionalmente todo el trayecto, mientras tomaba vino o prendía un “porro” soltando sus manos y doblando una curva cerrada con su rodilla sobre el volante a cien Km. por hora.

El Rick’s Café es un lugar clásico de Negril, donde atléticos clavadistas de aspecto simiesco se lanzan al agua desde dieciocho metros, teniendo como trampolín solo un árbol seco con un curioso cartel que indica  
que solo por U$D 20.- se tiran al agua, la recaudación se hace previamente entre los turistas que ávidos llenan el lugar.Algunos visitantes osados también se zambullen, aunque de menor altura, mi hijo Juan se mandó varias clavadas perfectas desde ocho metros.Después de tomar algunas cervezas, sacar muchas fotos y escuchar grupos de reggae, el sol buscó su cuna en el horizonte marino, arrimando hasta nuestros pies   su alfombra dorada.El “taxi loco” nos estaba esperando, le dije que de la única manera que volveríamos con él, era si prometía conducir despacio, obediente así lo hizo y llegamos sanos y salvos al hotel.Allí nos esperaba la desagradable novedad del robo de U$D 300.- sufrido por mis dos hijos mayores, dinero sustraído del equipaje, en su ausencia de la cabaña cerrada con llave. Inútiles fueron los reclamos a la antipática administradora.Este acontecimiento acentuó nuestros ya menguados bolsillos y contribuyó a opacar nuestro clima de vacaciones.  

Con Ben tratamos de superar ese amargo momento siguiendo con nuestra rutina. Sentados en el bar por las tardes observábamos asombrados como maduras mujeres blancas noviaban con jóvenes negros. Ben le llegó a contar tres amantes distintos en un solo día a una vecina de nuestra cabaña. En esos momentos reíamos acordándonos de las estatuillas eróticas que nos ofrecieron en Ocho Ríos.
Conocimos a la chica 10, una escultural joven negra, la “Toya”, bautizada así por nosotros por pretender cobrar desvergonzadamente ten thousand jamaican dollars por sus “servicios”.Veíamos a los rastas vagabundear por la playa, con su original vestimenta y su calma habitual, algunos con sus largos cordones pilosos sueltos y otros ocultándolos  bajo enormes gorros tricolores, mientras olorosas volutas de ritual humo marihuanero llegaba hasta nuestras narices. Una tarde fuimos hasta la playa que está más cerca de la ciudad y que parece exclusiva para los lugareños ya que allí los únicos extraños éramos nosotros. Ben aprovechó a jugar un ratito al básquet. Allí, en un bar, el destino fue nuestro DJ y nos hizo escuchar una de nuestras canciones favoritas: African Queen.

Era frecuente toparnos con pequeñas bandas ambulantes que al estilo de los medievales trovadores, recorrían las playas al son de su reggae, en busca de propinas para alimentar su musical forma de vivir.
En las cercanías del Roots Café hicimos varias amistades, por ejemplo Rohan y su hermoso hijito que paseaba su simpatía todo el día por la playa mientras su padre exhibía y vendía sus cuadros allí. O el “chicken-chef” Leroy que a la entrada del hotel nos cocinaba sus sabrosos pollos Jerk en una improvisada parrilla hecha con las mitades de un tambor. O los vendedores/as de la playa. O el sereno del bar con sus buenos consejos. Una mención especial merece aquel viejo artesano rastafari de edad indefinida y larga barba blanca, que sentado en la arena ofrecía sus hermosas miniaturas talladas en madera aromática, que entregaba a cambio solo de algunas monedas; cuelga de mi cuello ahora un pequeño tótem tridimensional, que sus manos demoraron casi tres horas en construir.

Para todos ellos van los clásicos saludos que aprendimos e intercambiábamos entonces: El choque de puños diciendo Respect, mientras nos palmeamos el pecho a la altura del corazón o la mano estrechada frotando simultáneamente la yema de nuestros pulgares. Un mediodía saboreamos junto al mar un par de deliciosas langostas asadas, bien baratas y la tarde de ese día conocí a Jody, a quien sumé de compañera ocasional cuando ella podía. No olvidaré una tarde que llegó hasta mi mesa del bar, a orilla de la arena, haciendo atléticas y divertidas cabriolas gracias a su cuerpo privilegiado de joven mujer negra.  Nuestra última noche allí, compartida con Jody y Andrea quedará por siempre en nuestro recuerdo.Nuestra comunicación con la gente del lugar, relajada y adoradora del “No problem” fue muy positiva, los nativos y nativas, casi sin excepciones, fueron muy cordiales. Con Ben nos hemos juramentado volver a Negril y a otros lugares de Jamaica que nos quedaron pendientes, porque entre otras cosas extrañamos ese olor único que se respira, que a veces sabe a chocolate o a cafetal, en consonancia con el color cacao o café de la piel jamaiquina. Y añoraremos esas deliciosas mujeres de suave ébano que nos miraban intrigantes desde el vientre de África. Y la tan particular cultura Rastafari, identificada con los colores: Rojo (sangre); Verde (naturaleza/ganja) y Amarillo (sol). Y los atardeceres en ese lugar condenado al sol para siempre por su exposición norte. Y como dice Danglin en su tema: “Jamaica we love”. Volveremos a tomar agua de tus manantiales, Xaymaca. (  ¡Jah Man Benja! No puedo dejar de mencionar la emoción que me provoca el pueblo jamaiquino, descendiente de aquellos esclavos africanos desgajados del continente negro, para reemplazar a los originarios aborígenes “Arauacos”, masacrados por los colonizadores hispanos.Esta población negra de hoy ha heredado desde su independencia en 1.962 nada menos que un país, que ahora sí es su país, un pequeño rincón de su África original en América, del que ahora son dueños indiscutidos. Al día siguiente, 31 de diciembre, en medio de gritos y discusiones entre taxistas que nos disputaban, partimos para Kingston.

Durante el trayecto el taxista le contó a Ben como aviones estadounidenses destruyen periódicamente las plantaciones de ganja, obligando a los productores a reducir la superficie de cultivo. La venta de la hierba en grandes cantidades contribuía subterráneamente a mejorar la economía de la población, en la actualidad dependen más de la exportación de bauxita, alúmina e ingresos por turismo. Nos quedó pendiente una visita a una granja de ganja y a Mo. Bay.
Y llegamos de regreso al aeropuerto de Kingston, donde lo cruzamos a O’Neil.Por falta de tiempo no pudimos ir al museo de Bob Marley ni a Port Royal, la residencia de Henry Morgan. La próxima será. Y nos fuimos para Cuba (En próximo diario estará el relato) tarareando “One Love”, pero dudando si nuestro heart estaba con nosotros o había quedado en tierra “Feel alright”  bien relajado, esperando nuestro regreso…Y mientras por la ventanilla del Boeing Jamaica se iba empequeñeciendo, en nuestra memoria se agigantaban los recuerdos. Smile Jamaica. ¡Volveremos!

COMENTARIOS: Jamaica resultó algo cara para nosotros. Recomiendo a los fumadores llevar cigarrillos, porque allí el precio es exorbitante. Y comprar café Blue Mountain para no sentirse tan lejos del paraíso cuando regresen al mundo real.Se puede ahorrar en los desayunos comprando artículos en los supermercados árabes.Dejen problemas personales y mala onda en casa, de lo contrario NO VAYAN. NO RECOMIENDO EL ALOJAMIENTO EN ROOTS BAMBOO POR EL DESAGRADABLE SUCESO DESCRIPTO Y POR LA PRESENCIA DE PULGAS EN LAS CAMAS. 

VOCABLOS
: (1)     Pequeña planta con vistosas flores, también llamada “Alegría del hogar”.(2)     Abreviatura de rastafari.(3)     Canciones de libertad.(4)     Paliza, maltrato, en lunfardo argentino.(5)     Dios en la cultura rastafari.(6)     No te preocupes, sé feliz.(7)     Marihuana.(     Tierra de manantiales en lenguaje arahuaco. 

AGRADECIMIENTOS
: - A todas las amistades que hicimos, por hacernos aún más agradable la estadía.- Y fundamentalmente a Charo, madre de mis dos hijos menores, por ser la gestora del viaje, que además de poner mucho dinero para realizarlo, antepone siempre el sabio deseo de unir a los cuatro hermanos. Ricardo Bertolami – febrero de 2.009[/b]

Tips:

Vean: http://www.youtube.com/results?search_query=Teddy+AFRo+-+Bob+Marley&search_type=&aq=f

En Jamaica


Publicado el 2/jul/2009, 11.24
Modificado el 9/feb/2010, 16.42
Leído 1993 veces

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Últimos comentarios

marioptics dice:
Enhorabuena , Ricardo, por esa detallada redacción que me ha llevado (en mi imaginación, por desgracia) ha recorrer esa isla maravillosa contigo.
Me encanta oir halagos referentes a jamaica, ya que lo más normal es todo lo contrario : solo leo comentarios acerca de la peligrosidad de sus ciudades y sus gentes.
En 3 meses iré para allá (si el tiempo no lo impide). Me temo que mi viaje será más "turístico" que el tuyo y menos cultural, pero seguro que me llevaré un buen recuerdo.
Gracias de nuevo.
Un saludo!

Publicado el 2/jul/2009, 13.54 

patricioargentina dice:
un aplauso para este hombre...genio!!1 exelente tu viaje por jamaika...es el primer diario k leo sobre negril.... y kiero basarme en tu viaje para ver si podre trazar mi ruta jamaika.....espero podeer hacer kontacto kon vos para saber si no te molestaria ayudarme kon informacion.....saludos cordiales!!!! Patricio Debloc..
Publicado el 11/ene/2010, 02.18 

kubasvensken dice:
Maravilloso este diario. Tu relato me transportó a Jamaica y avivó mis deseos de conocer esa isla tan cercana a Cuba pero tan disímil. ¡Gracias!
Publicado el 10/mar/2010, 12.33 

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Oro olímpico aeropuerto Kingston (Benja y yo)

   

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    Jamaica | 2 de julio de 2009