Al día siguiente, no quisimos madrugar, ya que asumimos que toda la mañana y parte de la tarde la emplearíamos en llegar a Jaipur, por lo que a las 11.00 quedamos con nuestro chófer para partir hacia la ciudad rosa.
Por esos días mi novia ya empezaba a encontrarse mal de el estómago, y en ese viaje hasta Jaipur no lo pasó nada bien. Intentamos pasar el tiempo lo mejor posible, jugando a las cartas (resultó ser una gran jugadora de "tute" y "chinchón", y yo me desenvolví como pude con el "Uno"), aclaramos los gastos que llevábamos, dormimos, jugamos a las capitales, vimos los paisajes, etc, pero aún así el viaje se hizo largo. Cuando ya llegando a Jaipur paramos a comer, la acompañé al tejado de un "edificio" ruinoso, donde había un hueco que supuestamente era el baño.
Ya en el "restaurante" yo comí algo de arroz con salsas de allí, y varios panes indios, chapatis, que tanto me gustan. Ella no comió nada, y nuestro guía se puso las botas con las lentejas, exquisitas jarras de agua q debían de venir de una acequia y más chapatis.
Poco después, llegamos a Jaipur. Jaipur es una ciudad rosa, totalmente amurallada, con un tráfico y polución impresionantes, que destaca por sus bazares.
Tras instalarnos en un muy buen hotel a las afueras, cenamos algo de arroz (donde enseñamos español a un jovencísimo camarero que miraba a mi novia como si de Claudia Shiffer se tratara) y salimos a dar una vuelta. Era la festividad en honor a Ganesha, y había fuegos artificiales en su honor, pero llegamos tarde y no vimos nada del festival. Regresamos al hotel a descansar.