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Diarios de Antártida - Crónicas del viaje a dedo más austral de la historia

Escribe: lau_bsas
Comenzamos este viaje queriendo cruzar América. Con el objetivo de unir los dos polos del continente alzamos nuestros pulgares ansiosos por llegar a Ushuaia. Pero una vez en destino nos dimos cuenta de que aunque las rutas finalizaban allí los mares se abrían paso a nuestros ojos...y decidimos ir por más. Esta es la historia de un viaje dentro de otro viaje, de como dos mochileros entusiastan no hiciero caso a los límites y buscaron desafiarlo todo. Un viaje a dedo hacia el continente blanc

 

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Tal vez una mujer sí logre vivir tanto

Islas Shetland del Sur, Antártida — domingo, 21 de noviembre de 2010

Este es mi abuelo, el papá de mi papá. Como soy hija y nieta de generaciones jóvenes viví toda mi infancia rodeada de mis abuelos, suponiendo que eso era lo más natural, porque los abuelos existen para cuidar y malcriar a los nietos, y porque son eternos como la infancia lo es en la mente de un niño, una nena en este caso. Mi abuelo, quien como pueden ver se llamaba Felix pero todo el mundo lo conocía como Pilo, era experto en su tarea. El primer recuerdo que tengo mirando un mapa es, precisamente, con él. A mi abuelo le encantaban los crucigramas y pasaba largas horas sentado en su sillón, en el resplandor de la puerta de calle, completándolos. Para eso se ayudaba muchas veces de un diccionario en tomos color celeste que guardaba junto a la máquina de escribir, en la habitación que había sido de mi papá y mi tío y que luego heredamos los nietos. A mí me encantaba cuando mi abuelo me pedía que le trajera alguno de esos libros, pero lo que más me gustaba era que me pidiera el tomo número 6, porque yo sabía que ahí habían muchas páginas que ilustraban todas las banderas del mundo.

Y como especie de recompensa, yo sabía que cuando le alcanzara el tomo número 6 mi abuelo me iba a dejar mirar un buen rato esas banderitas de colores, e iba a responder a cualquier pregunta que a mí se me ocurriera al respecto. Siempre me quedaba mirando la bandera de Canadá, me parecía preciosa. Un día le pregunté a mi abuelo si existía en el mundo una persona que fuera capaz de conocer todas las ciudades y pueblos del mundo. Yo se lo pregunté con seriedad, esperando que me dijera que no, que a nadie se le había ocurrido, para poder decirle que yo sería esa persona. Pero mi abuelo largó una carcajada de esas tan típicas suyas, llevando el cuello hacia atrás, abriendo la boca bien grande y cerrando los ojos. Eran las risas que genera la ingenuidad, risas sonoras que sólo mi abuelo Pilo sabía bien cuando soltar. Yo me quedé mirándolo fijo. Supongo que mi expresión de extrema seriedad para alguien tan pequeño debe haberle causado aún más risa, pero mi abuelo se recuperó y al comprobar que yo seguía ahí esperando una respuesta, me respondió que eso era imposible porque no había hombre que pudiera vivir tanto. Supongo que su respuesta me decepcionó más que si me hubiera dicho que había alguien, o que había muchas personas. Si me hubiese dicho eso podría haberme esperanzado al menos en intentar conocer a alguna y preguntarle cómo lo había logrado, pero el hecho de que me contestase que nadie logra vivir tanto no solo estaba poniendo límite a mi ilusión sino también a mi posibilidad. No dije mucho más ese día, no recuerdo siquiera cómo siguió, pero el recuerdo de ese pequeño diálogo vino a mi memoria muchas veces durante los años que siguieron.

Mi abuelo contaba muchas historias: de su infancia, de una tía condesa que teníamos y cuya mesa mi abuela aún conserva con desinterés, de mi tatarabuelo fundador de pueblos, y de los días que como marinero había pasado enAntártida. Me interesaban, como es de suponerse, las historias de la condesa, y aunque mi abuelo se empeñaba en repetir que ya nada quedaba de aquella época, siempre tenía algo nuevo que relatar. Pero Antártida siempre estaba presente, y como si necesitara certificar que lo que decía era cierto, recordaba que tenía un diploma, guardado por ahí en el placard, “vaya uno a saber dónde”. Mi abuelo recitaba siempre de memoria aquello que el certificado decía, haciendo especial hincapié en “el glacial imperio de la soledad”. Eso le daba sinónimo de grandeza, de honor.
La última vez que visité a mi abuela antes de emprender viaje descubrí que, colgado en la puerta del cambiador, en el moderno departamento en el que vive desde que “es una mujer sola”, se encontraba el tan famoso diploma, ese que mi abuelo en vida nunca me pudo mostrar. Casi en un acto impulsivo le saqué una foto, que encabeza esta nota, como para asegurarme de que si algún día el certificado decidía escabullirse nuevamente, podría yo tener una copia. Podríamos pensar que tal vez ese fue el primer indicio que tuve de que llegaríamos tan lejos. Claro que en ese momento no pude imaginarlo.

Ahora nuestra expedición antártica termina. Breve, como todo lo bueno. Las horas que nos quedan a bordo del Ushuaia son contadas, sólo resta una cena, una breve fiesta de despedida y el último “Good morning antarticans” antes de descender. ¿Podemos esperar algo más de esta aventura que nos ha tomado por sorpresa? A modo de despedida somos citados en el bar y es ahí cuando descubro que aunque la nuestra no fue una travesía científica y pese a no haber alcanzado el círculo polar, también recibiremos un diploma. Imposible no recordar aquella breve charla con mi abuelo. “Ningún hombre puede vivir tanto.” Lamento que quien no pudiera vivir tanto fuera él, para ver que una mujer, su nieta, había comenzado a coleccionar esas banderas que antes mirábamos juntos.
Cuando escucho mi nombre me acerco a recibir mi recompensa con una sonrisa que pareciera tener vida propia. No necesito decir en dónde pienso colgar este diploma.

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Últimos comentarios

Alejandra-LALA dice:
Solo llevo leido el primer capìtulo y no veo ni lo que escribo porque maricona asì como soy, ya estoy moqueando con los ojos llenos de làgrimas... Te quiero amiga!!! Y una vez mas te digo "SIEMPRE me emociona ver cuan lejos podes llegar"...
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MARCEDIAZ dice:
Y esto es sólo el comienzo....ya te imagino con el dedo levantado en el Polo Norte.....
Gracias por el diario,quedará en mis favoritos para poder releerlo.....
Como diría mi amigo Herman,uds. si que saben atrapar sus sueños....

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lau_bsas dice:
Le faltaban las fotos, ahí están! Gracias Lalin por tus palabras...vos moqueas y yo moqueo!!!!!
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josecitoo dice:
Excelente lau, te felicito . Un beso =)
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angelsalta dice:
exelente... felicidades..!Q
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Her_2004 dice:
Muy buen diario. Felicitaciones por tu viaje.
Saludos.

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sebastianseron dice:
espera que tanto tu como yo podamos vivir mucho para poder lograr ese sueño de conocer todas las ciudades del mundo!!! aunque tendria que vivir mas años que matusalem!!!! y que buena que hayas podido llegar hasta alli!!!
saludos!!

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kazador dice:
Muy buen relato, se nota la pasión con la que escribes tus memorias.
Saludos.

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juanpimol dice:
hermoso relato, sinceramente me entusiasme y lo leei todo...

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medlost dice:
el relato es espectacular!!! asi como decis, lo bueno dura poco..pero lo bueno es que lo viviste!
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lanioka dice:
Hay que vivir, volar, disfrutar con toda la pasion q llevamos en el corazon...hermoso diario!
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ohmarkayam dice:
espectacular
como cuanto sale en dolares??
saludos

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lau_bsas dice:
Creo que cerca de 4 mil. Acá te podés fijar: www.antarpply.com
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ohmarkayam dice:
gracias Lau!!!! voy a checar
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DANIEL76ARG dice:
HERMOSA TRAVESIA a la que no le cabe agregar una palabra más.
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