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Mallorca nunca salió de mi (segunda parte)

Escribe: crissan
Al día siguiente de conocer Las Cuevas del Drach, creyendo que ya nada podría ser tan sublime como lo vivido el día anterior, iniciamos una excursión que nos llevaría al monasterio de LLUC, el...

 
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Mallorca nunca salió de mi (segunda parte)

Islas Baleares, España — lunes, 11 de septiembre de 2006

Al día siguiente de conocer Las Cuevas del Drach, creyendo que ya nada podría ser tan sublime como lo vivido el día anterior, iniciamos una excursión que nos llevaría al monasterio de LLUC, el Torrent de Pareis y Soller.
Dejando las costas, no internamos entre montañas y selvas, por un camino agreste y sinuoso que nos lleva hasta el Monasterio de LLUC donde se venera a la Virgen Moreneta. Se escucha una música suave y consultamos a nuestro guía quien dice que proviene del coro de niños que es toda una institución en la isla.
Desde allí partimos hacia el Torrent de Pareis.
Por una ruta zigzagueante, en la que se destaca una curva de trescientos sesenta grados llamada "nudo de corbata" y dos piedras puntiagudas, enormes que se juntan por encima del camino estrecho haciendo muy difícil el paso del autocar (que debe maniobrar para ceder el paso a otro que circula en dirección contraria) llegamos a una zona donde la naturaleza muestra todo su esplendor.
El hombre, aquí no ha podido con ella y sus huellas son apenas perceptibles... Los ojos parecen chicos y uno percibe que es un elemento insignificante ante tanta majestuosidad.
Al final del recorrido descendemos en Sa Calobra, es un paisaje indescriptible que, aunque encontrase las mejores palabras, no podría representar en toda su magnitud.
Entre moles de piedra se mece un mar turquesa, o inmensamente azul?... A través de un túnel en la roca pasamos hacia una pequeña playa cubierta de piedritas de colores pastel, redondeadas y suaves. ¡Me quedaría horas simplemente contemplando!
Pero... es hora de partir. El mar, demasiado agitado no nos permite ir en barco (como estaba previsto) hasta Soller y debemos continuar en autocar.
Caminando por Soller me impactan los limoneros cubiertos de frutas maduras y me viene a la memoria aquel "... cortó limones redondos y los fue tirando al agua hasta que la puso de oro..."
La Iglesia de Soller, sus callecitas estrechas y el trencito, maniobrando tan cerca de las mesas de un bar, me queda grabado en la memoria.
Subimos al tren y nos dirigimos nuevamente hacia nuestro hotel pasando por terrazas preparadas para el cultivo que hablan del esfuerzo de otros tiempos para aprovechar las laderas de la montaña y miro por última vez el acueducto.
Es hora de volver... Yo salí de Mallorca, pero Mallorca nunca saló de mí.

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publicado el 11/sep/2006, 10.34
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