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El Viaje III - Perú
Escribe: viajaconmigo
Los invito a seguir compartiendo "El Viaje"; en este caso, la grandeza de Perú, sus archiconocidas ruinas Incas, su selva, la bella Lima, y el relajado norte.
No sé cuando terminará, ni por donde nos llevará exactamente. Pero mientras dure, háganme compañía.
Asi nace este diario. Pensando en mantener informada a la gente querida de los lugares en donde iré pasando, tratando de reflejar en palabras ciudades y personajes que me vaya encontrando en el camino. Los invito a viajar conmigo.
Reserva Pacaya Samiria 1/2
Isla Pacaya, Perú — viernes, 7 de agosto de 2009
Curiosamente, la perspectiva de comenzar a desandar caminos, y hacerlo por tierra tiene su encanto. Pasar por los lugares que pasé por alto en la ida, y volver a aquellos en donde dejé amigos y afectos. Llegar de nuevo a Córdoba a ver a los que dejé (y que si bien dije cuando salí que no sabía cuanto duraría este viaje, creo que pocos -yo incluido- imaginamos que en casi 9 meses aún estaría tan lejos de casa).
De todos modos, de pronto entiendo que el tomar rumbo sur no sería un regreso, sino que es en realidad parte del viaje, y que así como cualquier cosa pudo pasar mientras buscaba el caribe y por allí me quedaba 2 meses en un lugar, también puede suceder lo mismo regresando. Todo depende del tema recurrente que he tenido en la cabeza desde navidad.
¿Que hago sin dinero? ¿Seré capaz de aprender a generarlo viajando y así romper una de las últimas barreras que impiden que el mundo entero sea un destino posible?.
Les agradezco a aquellos que por allí nos encontramos en algun chat y me dicen "- Seguí, cualquier cosa yo te mando plata para el pasaje de vuelta."
No sé que habré hecho bien para merecer esa confianza, sobre todo en quienes conocí brevemente por algunos días nomás. Gracias, pero eso sería como hacer trampa. Como buscar crecer y pedir un banquito. Es reconfortante saber que en una situacion desesperada uno cuenta con el respaldo de los amigos, pero justamente el aprender que la falta de dinero no es una situación terminal ni desesperada es parte de la lección que salí a buscar; y aunque a veces es dolorosa y se manifiesta en bajones y baches emocionales, creo que cuanto mas grande sea la dificultad, mas voy a estar aprendiendo de ella.
Bueno, los dejé en el relato habiendo vuelto a Iquitos y encontrándome con que los amigos del hostel estaban preparando una excursión a la selva por su cuenta, y nos habían incluido en el plan
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Estancia a orillas del Samiria
Como esta parte involucra a muchas personas, les debería volver a describir a los protagonistas, porque ha pasado mucho tiempo desde el último reporte..
Desde el río Yarapa volvíamos Tato (el cordobés de Huinca), Pico (de La Paternal - acá debería de haber mas "sh", para describir bien lo porteño de Piquito, debería de vivir el "Visha vishusho" o algo así), Tina Salvaje (nuestra amiga francesa que se volvería a Lima) y yo.
En el hostel estaban confabulandosé:
Caro y Juan Pablo: Los cerebros de la movida, una pareja de médicos tucumanos que resultaron ser increibles personas. Él era el pelado con cara de agreta que les conté en el texto anterior
Vero, la chilena (que habíamos conocido en el bote desde Pucallpa)
Aco: un personaje de cuento, que había llegado a la selva, pero que le tenía una fobia incontrolable a las serpientes.
El plan era el siguiente, un señor del hotel conseguia una casa a orillas de un río, en donde nos podíamos quedar. Necesitabamos llevar provisiones, nuestras hamacas y gasolina para alquilar un bote con su botero y poder ir a donde querramos. Solo le pagaríamos aparte 200 soles al tipo (unos 70 dólares) por la molestia y podríamos estar allí entre 3 y 5 días.
El tiempo que tomó explicarnos las cosas, hacer los calculos de cuanto costarían los víveres y el combustible, fué el que yo necesitaba para saber tenía que embarcarme en esa expedición. Uno siempre busca que surgan este tipo de cosas, que no sean mediante una agencia. De todos modos tampoco pensé en ese momento que se tornaría tan impredecible y cambiante como finalmente fué.
La gran novedad en esta etapa de preparativos fue la deserción de Aco. Cuando tuvimos el monto que cada uno debía aportar, fue hasta su habitación a buscar el dinero, y cuando volvió estaba pálido y se sentía mal. Nos contó que el solo hecho de pensar que se internaría en un lugar donde pudiera haber serpientes, le produjo malestar, que cada paso que daba subiendo las escaleras lo hacía sentir peor, y que lamentablemente no podía ir en esas condiciones.
Todos lo entendimos perfectamente, y estuvimos de acuerdo con el, sobre todo al apreciar los efectos físicos que tenía en su cuerpo el solo planificar el viaje. Fue un poco triste, porque Aco había sido una muy buena compañía en el barco, y porque finalmente nunca vimos ni una lombriz de tierra, pero bueno, comprendimos que la única decisión posible era la que el habia tomado.
Quedando reducido el grupo a 6 integrantes, y luego de un día de demora en el cual el barco no zarpó y nos tuvimos que cambiar de bote, estábamos por salir. Todas las vituallas cargadas, el combustible comprado, los boletos nuestros y de nuestro guia pagados... y nos encontramos con Fernando.
Habiendo colgado mi hamaca el lado de otra que había previamente allí, me dispuse a conocer a mi vecino. No por un agradable sentimiento de confraternidad, sino todo lo contrario; quería saber a quien tenía al lado para saber cuanto debería cuidarme. Mi vecino
resultó ser Fernando, un médico que tenía a su cargo las postas sanitarias de la región a donde estabamos viajando. Hablando de cualquier cosa se me ocurrió preguntarle por el tema de la malaria. Enseguida me dijo que era una enfermedad endémica de una muy pequeña parte del territorio, y que no me preocupara si no viajaba para ese lado; que como habrán adivinado... era justamente el lugar adonde íbamos. Le preguntamos que que posibilidades teníamos de contraerla, a lo que nos respondió.
- ¿Son seis? Uno se vuelve con malaria.
Puestas así las cosas, y luego de algunas reuniones tipo Scrum de Rugby, decidimos que no podíamos ir hacia allá. Le preguntamos que opciones teníamos, a lo que Fernando puso a nuestra disposición la posta sanitaria de la región adonde nos dirigíamos. Nos dijo que la gente del lugar era muy amable, y que hablásemos con los ribereños, que si nos invitaban a su casa, lo hacían sin ninguna intención oculta, que confiáramos.
Fué un presagio de lo que vendría.
La cuestión mas embarazosa fue decirle a nuestro actual guía, que no iríamos con él. Le pagamos la mitad de los 200 soles acordados por la molestia de organizar todo, y lo vimos bajar del barco con un nudo en nuestros estómagos, pero estabamos en una situación en donde no había mucha elección que digamos.
Tuvimos tiempo de hacer todo eso debido a un caso curioso que me gustaría comentarles.
Iquitos ha sido desde hace años afligido por el flagelo de la trata de personas, sumándose en los últimos años el haberse convertido en un destino de turismo sexual infantil. La fama de fogosas de las "selváticas", sumado a que en la región es usual tener hijos a los 14, 15 años, o incluso aún menores, han contribuido a este desgraciado presente. Las autoridades han endurecido las penas y acentuado la persecusión de este tipo de actividad, lo que también ha traido algunas consecuencias impensadas para los ribereños. Fernando nos contaba que recientemente había cambiado la edad en la que tener sexo
con un menor era considerado violación, y que pasó de 16 a 18 años. En el bote ocurrió que una pareja de jovenes ribereños viajaban con su bebé. Ella de unos 16 o 17, y el aparentaba tener muy poco mas. Al ser menor y no estar acompañada de un familiar mayor de edad, le preguntaron que con quien estaba. La muchacha contestó que con su esposo. Entendamos que por "esposo" se refiere a su pareja, ya que la mayoría de las familias de la selva estan unidas de hecho, y no pasan por el registro civil. Al no contar con papeles que avalen esa unión, los obligaron a bajar del bote e ir hacia el destacamento. Fernando
nos decía que si el muchacho llegaba a tener mas de 18, estaba fregado, porque era considerado violador , y que como esta, muchas leyes se redactaban desde Lima, sin tener en cuenta la realidad de las personas a las que las mismas afectarían.
El reciente conflicto entre indígenas y gobierno, en donde se quería disponer inconsultamente (la constitución de Perú obliga a la consulta con los pueblos originarios para disponer el uso de las tierras en donde viven) de los recursos de la amazonía para la explotación maderera, con indígenas y policías muertos; no ayudaba demasiado a distender el clima de tensión y descontento general hacia la actual política de Alan García que pude palpar entre la gente de esta zona del Perú.
De nuevo a lo sucedido en el barco...
Ya habiendo zarpado, y cumpliendo las proféticas palabras de Fernando, conocimos a Mario. Es un ribereño de unos 50 años, que retornaba a su casa desde Iquitos. Resulta que este hombre tiene una casa a orillas del río Samiria, dentro mismo de la reserva natural Pacaya-Samiria, y resulta además que nos estaba invitando allí. Recuerdo con un poco de verguenza que lo hablé en tres veces distintas, siempre preguntándole si no pensaba cobrarnos, que no nos había quedado mucho dinero. De todos modos, le ofrecimos pagarle lo que ya teníamos previsto gastar en el otro lugar, a lo que Mario respondió que lo dejaba a nuestra consideración, que el no nos exigiría ningún monto. Luego de varias deliberaciones, decidimos aceptar la oferta, asi que una vez mas el plan cambiaba, finalmente nos bajarímos en un pueblo en la desembocadura del Samiria, y allí tomaríamos un botecito por ese río hasta lo de Mario, en la reserva natural. A Tato se le notaba el alivio por lo de la malaria, pero se le adivinaba mas la ilusión de poder ver algun caimán en la reserva. Quedaba un solo obstáculo, para ir allí había que detenerse en el puesto de control, y pagar; cosa que podía complicarnos el viaje, ya que no contábamos con el dinero para hacerlo.
La noche anterior a llegar a destino nos quedamos conversando en la cubierta, Fernando sacrificó en nuestro honor 2 botellas de vino que traía desde Iquitos, y Mario nos deleitó con algunas historias de la selva que yo pedía insistentemente que nos contara.
Llegando a nuestro destino, nos despedimos del doctor que continuaba un pueblo mas adelante (en donde tenía su posta sanitaria), deseando haber tenido mas tiempo para pasar con él. Descendimos del barco y tomamos un pequeño bote que nos llevaría hasta la casa de Mario; previo paso por el puesto de guardia.
Una vez allí, Mario sacó una lista con nuestros nombres que habíamos preparado, y le dijo al guardia que eramos parte de su iglesia, que estábamos en una misión. Gracias a ello, pasamos sin pagar lo que pagan los turistas regulares.
Arribamos al pueblo de Mario, serían unas 10 casas, alineadas sobre una vereda de cemento de un metro de ancho y que corría acompañando el sentido del río. Allí nos encontramos con su familia. sus hijos: José (el mayor), Marito (el del medio), y Pepino, el benjamín que fué además el consentido de nuestros corazones. También estaba su hija
María y su esposa Delma.
Fue muy gracioso cuando nosotros llegamos y colgamos las hamacas. Lo siguiente que hicimos luego de acomodarnos fue decirle a Delma que habíamos traído víveres, si podíamos cocinar algo para almorzar. Grande fue la sorpresa cuando nos respondió...
- Pero ¿no van a tomar la sopa de garza que tengo casi lista?
Esta fue la primera de muchas comidas excelentes y exóticas (para nosotros) que probamos. Distintos tipos de aves selváticas, variedad de pescados que se pueden pescar en el samiria, y algunas otras cosas que ya les contaré.
La gran diferencia a lo que nosotros estamos acostumbrados es era que a la mañana, desayunabamos sopa y uno o dos peces para cada uno, almorzábamos arróz o algo asi con pescado y lo que haya cazado José en la noche, merendábamos alguna cosita, y ya estaba. Comían muy bien al comenzar el día, y casi nada después de las 6 de la tarde.
Volviendo al primer día; luego de llegar, acomodarnos y almorzar, nos quedamos conociendo un poco a la gente, preguntando de todo y mirando de reojo al río.
- ¿Se puede uno bañar acá? ¿y las pirañas? ¿hay caimanes? ¿hierven el agua que toman? ¿hay animales peligrosos a la noche?
En retrospectiva, éramos mas que nunca un grupo de citadinos que llevaban sus temores "civilizados" a un lugar en donde la mayoría de ellos aún no habían navegado río arriba.
Un lugar en donde el hombre reinaba apenas en los alrededores de las casas de cada
pequeño poblado, y en en todo el resto, es apenas un invitado.
La familia de Mario tomaba el agua del río directamente sin tratar, y nosotros le pusimos una pastilla potabilizadora al primer balde. Cuando advertimos que la mayoría de las limonadas y bebidas que nos ofrecía Delma las sacaba directamente de otro balde, y que hacía dos días que estabamos tomando eso sin problemas, nos relajamos y ya dejamos de molestar con el tema del agua.
Ese primer día, cuando el sol apenas comenzaba a bajar nos invitaron a jugar al futbol, mi primera reacción fue excusarme por el tema de la pierna y todo eso; pero luego pensé que estaba viajando, y tratando de decir mas veces "si", así que acordamos que iría al arco. Mario le dió intrucciones a José para que armara los equipos de tal o cual forma, todo para asegurarse que el tema fuese "amistoso". Por otro lado, cuando estabamos iniciando quisimos incluir también a los niños mas pequeños, asi que la disputa deportiva perdió un poco de intensidad y se planteo un juego que fue sobre todo, divertido. No les puedo
expresar lo mucho que disfruté de ese partido, en donde parecíamos todos conocidos de años.
Terminamos y fuimos todos para el río a bañarnos. A las aguas del Samiria le dicen "aguas negras", aunque paradojicamente, esto significa que son de las mas limpias.
Su nombre es debido a que el río no levanta sedimentos a su paso, que es lo que dá usualmente el color marrón a los ríos de la amazonía, en su lugar, se las vé de un negro brillante, transparente hasta medio metro de profundidad. Pasamos el resto de la tarde bañandonos y divirtiendo a los mas chicos tirándolos desde los hombros o cosas así.
Cuando nos dimos cuenta, el sol era un disco de miel escondiéndose en la orilla que chorreaba sus rayos en el agua. Quedé como hipnotizado mirando el atardecer... hasta que llegaron los mosquitos. Todos los días, cuando el sol está partiendo, una nube de zancudos reclama la ribera para sí. Es la hora de ponerse pantalon largo, mangas largas y
repelente, luego amaina un poco a la noche, aunque sigue siendo imprescindible tomar precauciones si uno no las quiere pasar realmente incómodo. Recordé las palabras de alguien en el bote. "La selva sería un paraiso, si no hubiese zancudos". A pesar de eso, yo creo que es un paraiso lo mismo.
Todas las tardes/noches, salíamos con José a acompañarlo en sus cacerías, con la esperanza de ver algún animal que no hayamos avistado aún.
José y un amigo suyo eran quienes guiaban el bote, y quienes se encargaban de cazar las aves; lo hacían con una especie de lanza con un extremo que se dividía en tres puntas, y aprovechaban cuando las mismas estaban durmiendo en alguna rama baja. A este tipode lanza, ellos le llaman "flecha". La primer noche en que salimos los vimos cazar varias aves, incluso alguno de los que aqui llamamos "Martín Pescador". A mi me daba mucha lástima estos últimos, ya que son unas aves mas bien pequeñas, sin mucho para comer, y a mi me parecen muy bellas. Como que alimentan mas vivas que cocinadas. De todos modos
fueron a parar a la olla, y de allí al estómago.
Esa noche, José agarró una cría de caimán, de unos 20 cms. que pasó de mano en mano para que lo viéramos, y luego liberáramos. Tato estaba emocionadísimo. Seguimos el recorrido y la cacería hasta llegar a un lugar en donde el río termina en una especie de cocha (que en realidad es donde nace ya que estábamos surcándolo), mas allá se transformaba en un lodazal que no era navegable ni siquiera por nuestro pequeño
bote.
Como si fuese un premio por llegar allí, cientos de luciérnagas que estaban dormidas en los tréboles de las orillas se despertaban y se elevaban en un vuelo sinuoso y resplandeciente. Yo no podía creer tanta belleza. Era como estar en una escena de esas peliculas infantiles donde intentan recrear la hermosura de la selva, solo que acá pasaba de verdad.
Al regreso, un poco de conversación, algún partido de truco, y a la cama, o mejor dicho, a la hamaca, previo revisar que no se hubiese colado ninguna alimaña mientras uno no estaba, y que el mosquitero quedase bien cerrado.
Terminaba el día en lo de Mario, y por ahora termina este reporte, que ya se ha hecho largo y seguramente están algo cansados de leer.
Un gran abrazo
Yo
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Cruzando la frontera desde Colombia, el guardia se disponía a sellar mi pasaporte, incomprensiblemente, comenzó a interrogarme sobre como me pensaba mantener en el país, digo incomprensiblemente, porque yo estaba dejando Colombia, no ingresando
al país.
Les dejo un mini relato de como pasaron las cosas.
- ¿Ocupación?
- ¿Ahhh?
- Que de que trabaja
- Ahh.. eso. Bueno; hace 8 meses que de nada.
- Pero ¿tiene alguna profesión?
Yo dudaba que decir, si digo que pienso mantenerme vendiendo artesanía este se me ríe en la cara y me deporta ...
- Ehh si... bahh.. no..o sea..tengo un título de analista de Sistemas.
- Listo...¿vió que no era tan dificil?, !es analaista de sistemas!
- Mmmm.. nnnnoo... creo que no. Esa es una parte muy chiquita de lo que creo que soy.
- Mire, yo solo quiero que me diga algo para poner acá y que me permita dejarlo pasar.
-!Ahhh!, ¿y porque no me pidio eso?. Usted me preguntó por mi profesión.
- Bueno, pero eso justamente es lo que nosotros pedimos para corroborar que usted tiene el dinero suficiente para poder manejarse en el país.
- Mmmffpppfff!!
- No entiendo porque se ríe. Me dijo que había estudiado y se había recibido, con eso nos alcanza.
- Ahh, y le tengo que mostrar el título? Porque no lo cargo conmigo.
- No hombre, solo me tiene que decir algo que le haga pensar a quien lea que usted tiene dinero. ¿Porque usted no es una persona adinerada? ¿no?
Aparentemente mi cara roja, con las mejillas hinchadas aguantando la carcajada que me venía del estómago y que volvía a sonar como -Mmmfffpppttttt!!- fue suficiente respuesta.
- Yan entendí, ya entendí, puede dejar de tomarse el estómago, y levánteses del piso por favor - me dijo el hombre.
- Perdón, disculpe. A ver...ponga... ehhh...... Rico.
- ¿Como?.Pero me esta volviendo loco! !Pero eso no es una profesión! - Exclamó, mientras la fila de personas detras mío comenzaba a crecer y asomaban sus cabezas para tratar de ver que pasaba.
- Tá, pero en definitiva ¿es lo que a usted le importa no?
- Pero yo no puedo poner "Rico". - me contestó. - Mire, pongo Telemarketer.
- !Ni loco ni borracho! antes me quedo sin cruzar la frontera y listo.
- Bueno, elija una profesión que le gustaría ser.
- Mmmmm.... pintor de bodypaint.
- Nooooo!!!
- Yo quiero ser abogado!! gritó quien estaba detrás mío.
- !Yo modelo! - se oyo decir a otra voz.
- Bueno, no se ponga así- contesté- ... entonces... trapecista, aunque
le temo a las alturas, ehhhhh.... mejor... corredor de autos.. aunque
no sé conducir.
- !!Mire, pase nomás, yo me arreglo para llenar su planilla. Hasta
luego, lo esperamos de nuevo en Colombia, aunque le sugiero que vuelva
por el otro paso fronterizo, es mucho mas lindo... buenas tardes.
Me alejé rumbo al lado Venezolano , escuchando aún desde la caseta...
-Ocupación
- Artesano.
- !Bueno, uno normal!...
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Capítulos de este diario
-
1
Del Titicaca al ombligo del mundo
-
2
Machu Pichu
Machu Picchu, Perú | 8 de julio de 2009
-
3
Lima
-
4
Regreso a la selva
-
5
Llegando a Iquitos
-
6
Reserva Pacaya Samiria 1/2
Isla Pacaya, Perú | 7 de agosto de 2009
-
7
Un Caiman y una Pucuna
En Isla Pacaya...
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