Antártida, el continente helado

Escribe: Visigodo
La Antártida es el cuarto continente del planeta, está considerada como la región más inhóspita de la tierra y tiene una importancia clave para el futuro ecológico del mundo.

 

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Capítulo 1

Antártida, el continente helado

Isla Marambio, Antártida — sábado, 17 de mayo de 2003

Historia

La historia de un continente comienza cuando llega el hombre y la presencia humana es muy reciente en la Antártida.

Los primeros avistajes se realizaron durante el siglo XVII. En 1756 un navío español el "León" procedente del Perú en ruta a Cádiz es abatido al sur del Cabo de Hornos por un temporal y el 28 de junio avista una isla y la circunnavegan denominándola San Pedro.

Entre 1772 y 1775, el capitán inglés James Cook circunnavegó el continente antártico y aunque no lo avistó, dedujo su existencia por las masas de hielo que navegaban a la deriva. También arriba a la isla San Pedro a la que rebautizó Georgias del Sur. En 1794 fueron formalmente ubicadas geográficamente las rocas "Aurora", cuya existencia, denunciada por un buque español 20 años antes, se había transformado en una leyenda.

Al finalizar el siglo XVIII se inicia un primer período de la Antártida caracterizada por las aproximaciones de naves españolas y de otras banderas cada vez más hacia el sur y por algunos descubrimientos de archipiélagos de importancia.

El siglo XIX marca un gran cambio en el territorio americano que lucha contra España para lograr su independencia. En ese marco bélico, el almirante Guillermo Brown, emprende una campaña en 1815 para hostigar a la flota española en el Pacífico, con 2 buques: la fragata "Hércules" y el bergantín "Trinidad". En busca de su destino zarpó rumbo al sur y al transponer el cabo de Hornos un fuerte temporal abatió hacia el mar Antártico alcanzando los 65º de latitud sur. El informe de Brown indica la presencia de tierra cercana. El petitorio que el comerciante Juan Pedro Aguirre presenta al Consulado de Buenos Aires el 18 de febrero de 1818, solicitando la autorización para la instalación de un establecimiento para pesca de lobos en alguna de las islas existentes a la altura del Polo Sur, que confirma el conocimiento de tierras antárticas.

Uno entre otros varios foqueros, el "Spiritu Santo", que fue seguido por el "Brig" norteamericano "Hercilia" hasta la isla Decepción.Entre 1819 y 1821 los buques rusos "Vostok" y "Mirny" circunnavegaron el Antártico. Su comandante F. G. de Bellingshausen, un alemán al servicio de Rusia, era un hombre cauteloso y emprendedor.

En 1821 avistó una costa ríspida y montañosa, que nombró Tierra Alejandro 1 (69º 53'S) en honor al zar de Rusia.

Todas esas comprobaciones fueron el punto de partida de sucesivos viajes de buques que desplazaron sus actividades hacia el sur, tomando como punto de reunión las inmediaciones de las Islas Shetland y especialmente la abrigada isla Decepción.

En 1823 el capitán inglés Weddell, descubre el mar que hoy lleva su nombre, por el que penetró hasta los 74º 15'S y 34º 17'W en condiciones excepcionalmente favorables de hielo.

Posteriormente y zarpando en 1838 desde los Estados Unidos el teniente de marina de guerra Charles Wilkes alcanza el cabo de Hornos y circunnavega el continente antártico.

Hacia la misma época tuvo lugar una expedición de franceses comandada por el capitán Cesar Dumont D' Urville, de la Marina de Guerra. Descubrió lo que llamó Tierra Adelia, Luis Felipe e Isla Joinville, éstas dos últimas al norte de la Península Antártica.

Enterado de estos descubrimientos, James Ross, oficial de la Marina Británica, zarpó hacia el sur desde Nueva Zelanda, con el "Erebus" y "Terror". Atravesó el hielo de mar, que en el verano deriva hacia el norte, y después de cuatro días entró en un mar abierto que ahora se denomina de Ross. También vio el monte "Erebus", un volcán activo de más de 4.000 metros de altura.

A fines del siglo pasado se inician una series de estudios intensivos sobre la naturaleza del antártico, recomendados por sucesivos Congresos Internacionales de Geografía y que culminaron exitosamente en el año 1957-1958, cuando se lo llamó Año Geofísico Internacional, durante el cual se revelaron muchos de los interrogantes científicos existentes.

Bajo esta nueva óptica de los años polares se realiza entre el período 1897-1899 la Expedición Antártica Belga, comandada por el teniente Adrían de Gerlache, de la que participó Roald Amundsen. Gerlache quedó con su buque encerrado y a la deriva entre los hielos durante todo el invierno.

Antes de él, ninguna expedición científica había invernado en la Antártida.

Para cumplir las recomendaciones del Congreso Internacional de Geografía reunido en Berlín en 1899, se organizaron cuatro expediciones científicas: la Expedición Antártica Alemana (1901-1903), comandada por el profesor Erich Von Drygalsky; la Expedición Antártica Sueca (1901-1904), comandada por el profesor Otto Nordenskjöld; la Expedición Antártica Británica en la misma fecha comandada por el capitán Robert F. Scott y la Expedición Antártica Nacional Escocesa (1902-1904), comandada William S. Bruce.

Protección del Medio Ambiente

La Antártida posee un gran valor como laboratorio natural para la investigación científica en problemas de relevancia global. A menos que sus características naturales pueda ser preservadas de la contaminación en aumento y de disturbios significativos debidos fundamentalmente a la acción del hombre, la actividad científica se podría ver seriamente restringida. La sensibilidad de los ambientes marinos y terrestres antárticos indica que deben tomarse precauciones especiales para conservarlos.

A partir de la ratificación del Protocolo al Tratado Antártico sobre la Protección del Medio Ambiente, o el Protocolo de Madrid (Ley de la Nación Nº 24.216), el Sistema del Tratado se vio reforzado con una serie de normas que involucran el compromiso de las partes, en la protección global del medio ambiente y de sus ecosistemas dependientes y asociados, designando a la Antártida como reserva natural, consagrada a la paz y la ciencia.

La protección ambiental de la Antártida tiene dos metas: una se relaciona con el mantenimiento de la alta productividad y relaciones ecológicas en el océano austral, y la otra con el mantenimiento del ambiente en condiciones prístinas. El principal valor a conservar en la Antártida es su carácter de fuente única de información prácticamente libre de contaminación u otros efectos humanos, para las ciencias geofísicas, geológicas y biológicas, útiles para la humanidad.

Protección de Flora y Fauna

La flora y fauna antártica se encuentra protegida por normas rigurosas que tiende a evitar los probables efectos perjudiciales de las actividades que lleva a cabo el hombre. En términos generales, el Protocolo de Madrid prohíbe la "toma" o "intromisión perjudicial" de las especies vegetales o animales, salvo que se cuente con una autorización expresa. Esta autorización se otorga en circunstancias relacionadas con fines puramente científicos, como por ejemplo la recolección de especímenes para experimentación, museos, herbarios, jardines zoológicos o botánicos u otras instituciones o usos educativos o culturales.

Por otro lado también se dictaron normas para evitar la introducción de especies no autóctonas, cuya presencia puede perjudicar a las especies ya existentes, produciendo modificaciones en las condiciones naturales de los ecosistemas antárticos afectados.

Debe tenerse en cuenta que la importación de especies también involucra a lo microorganismos (virus, bacterias, parásitos, levaduras, hongos), cuyo efecto puede determinar la propagación de enfermedades

Turismo en la Antártida

Una de las formas de llegar a la Antártida es vía Ushuaia, ciudad ubicada en el extremo austral de Argentina.
Sólo 1.000 Km. separan a Ushuaia de la Península Antártica, lo que ubica a esta ciudad en un plano fundamental para la parte logística operativa en todo lo que hace a la conexión con el Continente Blanco. Por esta razón Ushuaia es vista como "La Puerta de Entrada a la Antártida".

La temporada turística antártica comienza a mediados de Noviembre y finaliza hacia mediados de Marzo. Durante estos meses del verano austral distintas embarcaciones, principalmente cruceros y en menor proporción veleros, ofrecen a los amantes de la aventura y la naturaleza la posibilidad de viajar hacia el Continente Blanco. Luego de zarpar del puerto de Ushuaia los buques ponen proa al sur para cruzar el Pasaje Drake en dirección al extremo noroeste de la península antártica, a dos días de navegación, donde los turistas tienen la posibilidad de visitar sitios de singular belleza paisajística.

Una vez en área antártica y de acuerdo a las condiciones climáticas, se realizan desembarcos, en general en botes de goma y con un tiempo de permanencia en tierra de algunas horas. Los pasajeros se alojan y comen siempre a bordo mientras el buque se traslada diariamente a nuevos sitios, permitiendo así recorrer y conocer una gran cantidad y variedad de lugares.

La duración del viaje y los itinerarios son variables, desde un mínimo de 8 a 9 días hasta más de tres semanas, incluyendo la península antártica, islas subantárticas como las Georgias, Sandwich y Orcadas del Sur.


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