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Donde habita el amarillo

Escribe: falca
Si debo ir al norte o al sur no lo sé. Me quedó pendiente aquel día tan lluvioso en Copacabana. El agua y la ansiedad por llegar a Cuzco. O el proyecto inmaduro y la necesidad de dejarlo para que se haga fuerte. Se convierta en movimiento vital.

 

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Capítulo 1
 

Donde habita el amarillo

Isla del Sol, Bolivia — lunes, 4 de abril de 2011

Sobre la cubierta del barco siento la extrañeza de navegar tan alto. El calor del sol andino de las 2 de la tarde en mi cara. Los globos de carnaval se mueven violentamente, son un adorno surrealista. Por suerte el aire fresco. Tal como un fantasma aparece la Cordillera de los Andes allá arriba. Sobre el Lago Titicaca, sobre las islas, sobre la tierra marrón, el violeta de los volcanes, las nieves, las nubes, el cielo. Parece levitar sobre el aliento del lago. El del color del puma. El de color gris acero.

Si debo ir al norte o al sur es un detalle. Otal vez sea más importante de lo que parece. Pero ya está, me han dicho que debo ir al norte y hacía allí voy.

La isla nos recibe llana, en una lengua fina de arena clara. Atardece y una sola bañista asoma de las aguas oscuras. Osada.  Otras personas salen o entran en las carpas, una pareja observa el horizonte abrazada. Algún perro corretea inquieto. La casa en la playa es una bendición, con una gran ventana para ver las estrellas y los amaneceres.

Por un camino de piedra inca llegamos a la Piedra Sagrada donde mora el Puma y también Viracocha.
Parados junto a las pisadas del Sol y la Luna por un momento nos sentimos dioses creadores. Tratando de entender dificultosamente las palabras coladas en quechua de Francisco. El templo hundido colmado de oro. El túnel subterráneo que llega hasta Cuzco cruzando el lago. Las historias de Pizarro y Atahualpa. Los sacrificios rituales en esa mesa de piedra. Las vírgenes en la Isla de la Luna y los monjes adoradores del sol. La fuente de agua sagrada.

La tarde cae y sus palabras me llegan como un sedante, ya no intento comprender. El agua se llena deamarillos y naranjas así como el cielo. Las sombras de las montañas amenazan con devorarnos. Empezamos a movernos ayudados con linternas y celulares.

De noche la isla parece más rústica todavía. Nos llaman las luces de las ventanas de las licorerías, el olor a comida caliente de los comedores, los murmullos de los acampantes que nos llegan sordos. Un vino tinto en esa arena es un regalo del cielo y una granizada violenta convierte nuestra playa en nieve. Se siente bello caminar a tientas casi, pisando despacio, tanteando. Niños de nuevo. Primer día surreal termina.

Sonidos de flauta para empezar la mañana. Es que no puedo pensar demasiado y casi siento el paraíso es ahí fuera. Por el mismo camino de piedra andamos hasta la parte sur. Es increíble como la isla muta cada cinco pasos. La tierra y el agua se abrazan, se adelantan, se hieren, se elevan, se arrastran.

La parte sur nos pareció distante, colorida, almidonada. El escenario perfecto para el turista que ama el pintoresquismo y la comodidad, aunque haya que subir mil escalones. El sitio ideal para bajar del barco y tomar una cerveza en esas terrazas enormes, al viento, al calor de otras tantas personas. Y subir de nuevo al barco, luego de pisar las piedras blancas del amarradero. Adiós Isla del Sol. Bella. De seguro hay mucha gente que se queda en el sur. Que lo adora. No lo dudo. Pero entendí porque debía seguir mi norte.

Corremos un barco que sale al norte. Bajamos atropellando las escaleras. No queremos pensar en volver caminando. En un rato pisamos nuestra tierra. Agua para el mate. Arena fresca. Luna y sol. Los fantasmas se reúnen en la playa. Una voz velada y antigua llega armoniosa, la noche encanta los sonidos. La luna está creciente. En una buena foto de Fran se pueden ver sus cráteres.

Es un plan especial aquí en la isla sentarse a observar como los animales pasan por la playa. Vacas, cerdos, ovejas, deambulan por el pueblo, sin dejarse inmutar por nuestras miradas obnubiladas. Los barquitos pesqueros que pasan adornados con guirnaldas de carnaval, las ropas de mil colores puestas a secar en las piedras, los viajeros que cada día llegan, se instalan, muestran su asombro, se van.

Unas chicas que conocí en Coroico me dijeron: -Nosotras nos quedamos en la parte sur. Fuimos caminando a la norte y volvimos. Pero ahí no hay nada.

Increíble como para algunos el norte es el sur. Y viceversa. Y todo lo contrario también.

Tips:

La isla del Sol es para dormir al menos una noche en ella. Es un lugar increíble.

Tiene que ver con: Imperdibles
En Isla del Sol, Bolivia


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Últimos comentarios

gloriaturis dice:
Me gusta mucho como escribís, puedo leerte en algún blog/FB?

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falca dice:
Gracias Gloria! sí, tengo un blog con relatos: http://sorbiendocaminos.blogspot.com,
abrazo grande!!!

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un viajero dice:
Hermoso diario ... te felicito !
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falca dice:
Muchas gracias Daniel !! felíz que te haya gustado... un gran abrazo!!
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martindaco dice:
También llegaré a ese norte, y te lo contaré a mi modo...
Buen diario, felicidades.

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cecimoya dice:
que lindo....!
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