Desde tierras charrúas hasta el altiplano: travesía por el norte argentino, Bolivia y Perú

Escribe: lecamila
Relato de la travesía, a lo mochilero, por algo del norte argentino, Bolivia, y Perú, hasta llegar a Machu Picchu. Montañas, llamas, señoras con balanzas, ciudades coloniales, pueblitos perdidos, cerros de colores, ruinas increíbles, mucho pollo, papa, hojas de coca, y más...

 

   Enviar a un amigo   

 
1 ... 6 Capítulo 8 10 ... 14

De truchas y papelitos de colores: Copacabana y la Isla del Sol

Isla del Sol, Bolivia — sábado, 8 de enero de 2011

8/01
Al día siguiente, visitamos en la mañana el Valle de la Luna, un lugar de unas formaciones geológicas extrañas, al cual se llega después de atravesar la parte chic de La Paz, y por la tarde salimos hacia Copacabana, esta vez Fer y yo solos. El resto se quedaría para hacer el tour de la ruta de la muerte y nos reencontraríamos en Cuzco para ir juntos a Machu Picchu.
Fer no se sentía muy bien, tenía algo de náuseas, llegamos en la noche y tenía algo de fiebre. Así que nos alojamos en el primer lugar en que encontramos habitación disponible (estaba todo lleno), tomamos un té con galletitas y dormimos.
Me dormí en Copacabana y desperté en Macondo. Cuando salí a la mañana siguiente en busca de una farmacia, me deslumbró todo un pueblo de fiesta. De fondo, música religiosa salía de la iglesia; las calles estaban pobladas de autos cubiertos de flores de papel de colores y de gente tirando champagne o siendo bendecida por algún cura. Las veredas, llenas de cholas vendiendo flores y otros adornos de fantasía. Al parecer, es la bendición que hacen a los autos y a sus familias en horarios prestablecidos; según nos dijeron, la fiesta se acentúa en época de reyes. Impactante e inesperado.
Luego de sacar los pasajes en la lancha, y comprar algunos víveres, partimos hacia la Isla del Sol, con Fer aún algo débil. Dormí todo el viaje. Llegamos y hacía mucho frío. El paisaje era impresionante, un puñado de casas entre montes y a orillas de un lago de agua transparente.
Nos quedamos a dormir en un hospedaje precario, muy precario, pero con una vista increíble, ya que está en lo alto. Ahora escribo desde allí justamente, mirando el Titicaca bajo el cielo tormentoso. Subir hasta acá con las mochilas fue un suplicio, pero mereció la pena. Y es barato, 20 bs. Se entiende, son cuatro paredes y una puerta que se cierra poniéndole un bulto adelante, porque no tiene picaporte. Turismo eco rústico, que le dicen.
El pueblo es austero y con pocos recursos, hace sólo diez años que tienen electricidad. Hay un único teléfono en todo el lugar, y se encuentra dentro de una casa que sutilmente lo indica en la pared despintada del frente, con un graffiti grande y desprolijo: “Punto entel”. Hemos dado varias vueltas hasta encontrar a la dueña de casa, que hizo dos o tres viajes del puertito al hogar transportando bultos mientras su marido parsimoniosamente fue desenvolviendo el bendito aparato telefónico de una serie de trapos que lo protegían, para luego conectarlo y comprobar que no tenía señal. Así que ahora estamos esperando un poco para intentar nuevamente, a ver si ya podemos dejar reservado el pasaje a Cuzco para mañana.
Además de admirar el paisaje, hoy visitamos las ruinas incas, arriados como ganado por Alan y Miguel, dos niños de aquí. Alan, encantado de dar órdenes, nos llevó hacia las ruinas. Básicamente una gran construcción de piedra en forma de laberinto -donde cualquiera puede desaparecer, como cualquiera aparecer-, impresionante y rodeado por un paisaje increíble. Hay que decir que los incas tenían buen gusto a la hora de elegir los lugares en que erigir sus construcciones. Así cualquiera adora a la Pachamama.
Después de eso, ya medio muertos por la caminata larga y empinada, volvimos para comer algo. Comer aquí es prácticamente sinónimo de comer trucha. Así que los que no gustan del pescado están en serios problemas -y se pierden de un gran plato. Ahora estamos por ir a cenar, y mañana, si conseguimos pasaje, salimos hacia Cuzco.



Gastos:
-Lancha a la Isla del Sol: teóricamente solo se puede sacar la ida en Copacabana (a 15 bs en la mayoría de las agencias) y la vuelta se saca en la propia isla a 25 b. Pero hay una agencia en Copacabana, en el centro, en una esquina frente a la plaza y la iglesia, que vende ida y vuelta más barato (20 b la vuelta), no recuerdo la agencia pero trabaja con Andes Amazonia
-Hospedaje – Albergue “lo de Alfonso”: 20 bs
-Entrada a las ruinas: 10 bs
-Bus a Copacabana desde La Paz: 20 bs (sale del Cementerio)
-Lanchita para cruzar en Copacabana: 1,5 bs
-Hotel en Copacabana: 50 bs con desayuno y baño privado

Tips:

Copacabana está repleta de turistas, así que no conviene llegar muy tarde porque es difícil encontrar lugares disponibles para dormir

En Copacabana, Bolivia

En la Isla del Sol no hay muchos lugares para comprar, y todo se vende carísimo, así que es recomendable llevar comida (al menos galletitas y esas cosas) y agua de Copacabana. Ah, y linterna porque de noche hay muy poca luz, así como algo de abrigo

Tiene que ver con: Ahorrar dinero, Qué llevar
En Copacabana, Bolivia

Opiniones:

Mi calificación promedio:
  •  
Servicio    
Ubicación    
Limpieza    
Precio/calidad    

Lo de Don Alfonso

Alojamiento: Casa en Isla del Sol, Bolivia

"Turismo eco rústico": habitaciones muy precarias, pero también muy baratas (20 b) y con una vista impresionante (ya que se encuentra en lo alto, con lo cual la primera subida con las mochilas es bastante desgastante). Si se viaja en plan mochilero, con poca plata, ánimo aventurero, y sin muchos problemas si algún día no se tiene agua caliente, es un lugar excelente. A mí me gustó mucho

Tipo de viaje: Placer | Ideal para: Parejas, Con amigos, Grupos


Publicado
Modificado
Leído 1471 veces

    Enviar a un amigo

1 ... 6 Capítulo 8 10 ... 14
 
 


 

Capítulos de este diario