Sobre las nueve de la mañana, estamos abordando la lancha, que nos transporta a Johnny Cay. Nos recibe un conjunto de música tropical y rápidamente nos instalamos cómodamente bajo una carpas alquiladas por $17.000 con dos sillas cada una , estas nos protegen del sol, como llegamos seis personas, hemos alquilado tres carpas.
Coincidimos en que Johnny Cay, tiene una de las playas más blancas y hermosas del mundo, sus aguas son totalmente cristalinas y transparentes. Es un verdadero paraíso que invita al relax y al descanso.
La mañana transcurre entre el descanso y una mini caminata ecológica por la vegetación del islote, el tiempo se va, hablando de nuestros países y de las bellezas que cada uno encierra.
Después de un almuerzo típico: pescado, arroz con coco, ensalada y patacones, acompañado por tres vasos de limonada para cada uno, no nos queda más tarea que seguir descansando.
Ya en la tarde, estamos sumergidos en el mar, recibiendo clases primarias de buceo y observando miles de especies marinas, corales y peces de diversos colores que ofrecen a los sentidos un espectáculo de incomparable belleza.
Sobre las cinco de la tarde volvemos a San Andrés nos estacionamos en la playa principal a conversar, compartir experiencias, acompañados de unos buenos tragos hasta muy tarde, igual hemos disfrutado de una exquisita picada de pescados y mariscos aderezada por un grupo musical típico, que nos ha ofrecido Gloria, una amiga de Buenos Aires. Un abrazo para ella, es una hermosa mujer y además dueña de un corazón inmenso.
Me he despedido de mis tres amigas Argentinas, que nos han acompañado durante tres días y a quienes conocimos casualmente el primer día en la isla: Gloria y Patricia de Buenos Aires y Gabriela, de Tandil, ellas siguen mañana para Cartagena de Indias y el domingo regresan a su Argentina del alma. Se han comprometido conmigo a ingresar a Viajeros.com, cuando regresen a su patria.
A ellas un inmenso agradecimiento por su compañía, afecto y alegría, es una de las grandes satisfacciones que dejan los viajes: conocer gente bella como ustedes y compartir días enteros, como si nos conociéramos de toda la vida.
Me voy triste y alegre al hotel, mañana ya veremos, porque un matrimonio Ecuatoriano que también nos ha acompañado, esporádicamente estos días, viajan a Providencia.