Descubriendo Centroamérica por 23 días

Escribe: jparistizabal
Después de recorrer Suramérica en tres viajes y Norteamérica en otros dos, iba a mudar de plataforma y me quería aventurar a África, sin embargo, el rompecabezas continuaba incompleto y aún no podía decir que conocía mi continente sin haber visitado Centroamérica, así que me puse en la tarea de completar la obra...

 

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Honduras: acuario de colores

Isla de Roatán, Honduras — sábado, 14 de agosto de 2010

Que mejor entrada al territorio maya que hacerlo desde Honduras. El sitio Arqueológico Copán y las Islas de la Bahía eran nuestros objetivos por conocer. El viaje internacional desde Managua en Tica Bus nos llevó hasta Tegucigalpa partiendo a las 5am y llegando a nuestro destino 8 horas después. Queríamos conocer la capital hondureña y pasar la noche allí, pero no deseábamos perder todo el día siguiente viajando hasta la Ceiba, puerto de partida hacia las islas de la bahía, así que una vez en Tegucigalpa nos dirigimos al terminal de buses y compramos nuestros tiquetes para continuar ese mismo día a las 4pm, contando con 3 horas de espera que utilizamos tomando un taxi y recorriendo algo de la capital. La plaza principal fue nuestro único destino, pues además de almorzar debíamos hacer cambio de dólares por lempiras, cambio que decidimos realizar directamente en la ciudad pues la tasa que obtienes allí siempre será mejor que en la frontera. Hacia al media noche llegamos a La Ceiba, segundo puerto en importancia del país pero seguramente el más concurrido por turistas. Nunca tuvimos claro a cuál de las islas de la bahía queríamos llegar, pues las opiniones eran tan diversas y todas positivas, que cualquiera de las dos que eligiéramos seguramente sería maravillosa. Pasamos la noche en la Ceiba y madrugamos al puerto, con la idea de poder tener el tiempo suficiente para decidir si viajar a Roatán o a Utila. Los costos del transporte eran casi iguales, las horas de partida las mismas (9:30 am) y la distancia casi igual, por lo que la decisión de ir a Roatán la tomamos al tener mayor información de ésta en la guía de Lonely Planet. Aunque no conocimos Utila, me atrevo a decir que no nos equivocamos con la decisión, pues Roatán es el verdadero paraíso.

Describir a Roatán debe ser tan difícil como describir al Edén: su belleza es incalculable e indescriptible. Esta isla, de 45 kilómetros de longitud y habla inglesa, es un parque marino protegido que contiene en sus calmas aguas cristalinas infinidad de vida animal. La totalidad de la isla está rodeada de una barrera de coral que la convierte en destino imperdible a amantes del submarinismo. El agua del mar es color turquesa debido a la ausencia de vegetación y a la pureza de sus playas blancas, protegidas por el arrecife. Estar en esta isla, es como estar metido en un cuento infantil, donde todo es perfecto y la calidez se mezcla con el ambiente apacible y relajado de sus pobladores. Una frase en algún lugar de la isla decía: “El paraíso es algo cercano a una casa sobre el mar”, y allí estábamos nosotros. En la terminal marítima John McNab de La Ceiba tomamos el Galaxi Wave, un potente crucero que en hora y treinta minutos nos llevó hasta Roatán. Ya en la isla, el transporte público en bus era escaso, por lo que debimos tomar un taxi desde el puerto hasta la bahía Half Moon donde estaba nuestro hostel: Valerie´s. El hostel estaba sin huéspedes, pero el precio y ubicación justificaba la estadía. Seguramente este hostel tuvo sus años dorados, pero ahora se encontraba descuidado. Valerie, pensionada estadounidense, dueña del lugar y quien aún habitaba allí junto con su cachorra Sugar, nos contaba que se encontraba vieja y cansada y que tenía en venta el hostel, y que ahora solo recibía grupos pequeños de turistas. Luego de dejar nuestras mochilas, tomar una ducha refrescante y cambiarnos de ropa, fuimos a nadar al final del West Bay, la punta occidental de la isla. El día estaba soleado y tocaba con sutileza nuestros cuerpos, la brisa era suave, a lo lejos música caribeña ambientaba el lugar, las pequeñas olas llegaban a su fin en la playa con relativa calma, algunos metros hacia el mar banderas rojas con una línea blanca perpendicular indicaba que algún grupo de buzos exploraba las profundidades de las aguas, muchos niños jugaban en la arena con sus baldes y palas construyendo castillos y nosotros… nosotros tomábamos un fría cerveza enmudecidos con esta fotografía que nuestros sentidos percibían. Con careta, snorkel y aletas en su lugar, nuestro turno de explorar el mar llegaba. Estábamos entrando a un zoológico marino, a un acuario disfrazado de colores. Éramos invitados de honor en este mundo, variedad de animales salían de todos lados y venían a saludarnos, nadaban a nuestro lado y daban círculos a nuestro alrededor. Tortugas marinas, barracudas jóvenes, ídolos maure, mérous rojos, los bellos y morados odonus niger, entre muchos otros, fueron algunas de las especias que se podían apreciar. El regreso a Half Moon desde West Bay lo realizamos caminando por la playa, sobre la cual pudimos apreciar gran cantidad de hoteles, cabañas y condominios, con sus restaurantes, almacenes y boutiques, algunos abiertos pero muchos de ellos cerrados. Las cervezas hondureñas Imperial, Salva Vida, Port Royal y Barena acompañarían nuestra noche en uno de los múltiples bares sobre la bahía.

La isla de Roatán se encuentra sobre el mar Caribe, línea de fuego de la temporada de huracanes que cada segundo semestre del año golpea al atlántico. Al estar próxima a la costa continental, son pocos los huracanes que tocan la isla, pero no por ello el riesgo es menor. Casi que a diario, chequeábamos la página www.nhc.noaa.gov del Centro Nacional de Huracanes de Florida quien cada año del 1ro de junio al 30 de noviembre realiza un monitoreo permanente al clima tropical y actividad del viento generando alertas y avisos de la trayectoria de las tormentas, ciclones y huracanes, con actualizaciones cada 8 horas de imágenes satelitales. Esa noche en Roatán hubo algo de actividad torrencial, con una fuerte lluvia y relámpagos sobre la isla. Sin embargo, el día amaneció reluciente y otro día de playa, sol, snorkel y buena comida sería suficiente para recargarnos de energía y continuar nuestra aventura al día siguiente hacia Copán.

Partimos en el ferry de las 7am hacia La Ceiba (el siguiente partía hacia el medio día) y luego tomamos un cómodo bus de la compañía Hedman Alas hacia San Pedro Sula y de allí a la ciudad de Copán Ruinas. Fue un día completo de viaje que nos acercaba a Guatemala. Llegamos en una noche de lluvia a Copán, las calles empedradas y algo oscuras nos hacían imaginar la historia de estas tierras. Conseguir hospedaje no fue fácil en medio de la lluvia, y los primeros 2 o 3 lugares que encontramos ya estaban full o era muy costosos. Tampoco había donde comer, el pueblo parecía fantasmal y el registro de mi cámara me dice que no eran ni las 8 de la noche. Con algo de suerte pudimos encontrar donde dormir, y una tienda próxima al hospedaje sería donde compraríamos el pan, jamón y queso para nuestra cena en la habitación.

A la mañana siguiente nos levantamos temprano, desayunamos algunos sandwichs que nos sobraron de la cena y nos dirigimos caminando al Sitio Arqueológico Copán. Desde el pueblo de Copán Ruinas hay un camino que te dirige hasta el sitio, el cual queda a 1km de distancia. Las ruinas abrían a las 8am y seríamos de los primeros en entrar. Copán fue uno de los principales centros gubernamentales y ceremoniales de la civilización maya, y contiene gran cantidad de estelas, templos, un estadio, un campo para el juego de la pelota, escalinatas, viviendas, entre otros. El sitio está muy bien cuidado y restaurado, al punto que varias de las piezas que se ven en el sitio son réplicas idénticas de las originales que tienen exhibidas en el museo ubicado a un costado de la entrada a las ruinas. Finalizado nuestro recorrido, volvimos al hotel a recoger las mochilas y tomamos un bus que nos llevaría a la frontera con Guatemala.


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Snorkeling en Roatán

   

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