Navidad en Cartagena de Indias

Escribe: squonk2000
Semana de vacaciones en una ciudad de ensueño, donde parece que el único riesgo es querer quedarse.

 

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1 2 3 Capítulo 5

Paraíso en el Caribe

Isla Barú, Colombia — miércoles, 26 de diciembre de 2012

Luego de la visita a las Islas del Rosario, llegamos rápido a Playa Blanca, en la Isla Barú (que en realidad es una península). El paraíso de aguas turquesas y arenas blancas que veíamos en las fotos era real, con el detalle que estaba superpoblado de gente, como nos habían advertido. Caminamos por la playa unos 500 metros hasta llegar a Hugo's Place, el lugar que nos habían recomendado para quedarnos. El lugar es muy modesto, ofrece carpas, cabañas o hamacas (coyes) para hospedarse. Nosotros decidimos quedarnos en las hamacas. También ofrecen un baúl bajo candado para dejar el equipaje y sombrillas, reposeras, etc para disfrutar de la playa. No hay agua corriente, por lo que no es posible bañarse con agua dulce, pero ofrece lo necesario para estar en un lugar como ese, y la atención por parte del dueño (Hugo) o los que lo asisten es muy buena. El baño cuenta con sólo un inodoro y para desagotarlo hay que tirarle agua de mar encima con un balde (lo digo para que tomen en cuenta la rusticidad del lugar).

También ofrecen comida, pero hay que ordenarla con una hora de anticipación, cosa que no íbamos a hacer a las 2 de la tarde, por eso fuimos a buscar algo para comer por otro lado. Llegamos a un comedor grande, donde nos sirvieron el menú que era pescado entero frito con su arroz con coco, ensalada y patacones (la alternativa posible era lo mismo con pollo, pero preferimos pescado). Estaba muy rico.

Cuando terminamos de comer, vinieron a ofrecernos masajes. Es tan violento como nos habían advertido. Insisten demasiado y a uno le ponen las manos encima para ofrecer “muestras gratis” de su servicio. Igualmente teníamos pensado hacernos masajes, pero en ese momento queríamos sacarnos a las masajistas de encima, por lo que les dije que nos meteríamos al mar y luego buscaríamos masajes. Ahí nos dejaron, pero momentáneamente.

Nos buscaron y nos encontraron. Nosotros nos metimos en el mar, y estuvimos esperando que se fueran, pero ellas esperaban y no se irían nunca.

Al final su insistencia pudo con nosotros y decidimos contratar sus servicios jeje. Lo que hice antes que nada fue arreglar el precio y convencerlas de que no pagaría un centavo más que eso. Nos habían advertido también que uno queda en algo, y luego le hacen más y más y más masajes, y luego cobran por todo el tiempo, más de lo convenido.

Una vez arreglado el precio, nos relajamos y disfrutamos de los masajes, aunque cada tanto las chicas hacían acotaciones como “chica, necesitas mínimo una hora de masajito'!” y ante cada comentario les recordaba que nos hicieran todos los masajes que ellas quieran pero que no iba a pagar más que lo acordado.

Nos hicieron masajes en todo el cuerpo a los dos, por unos 40 minutos, y fue muy bueno. En un momento me masajearon entre dos. Es muy recomendable, pero siempre recordando lo convenido para evitar sorpresas.

Después estuvimos descansando en las reposeras, comiendo mangos que nos traían los vendedores y aprovechando el mar. Despueś de las 16 horas el turismo masivo desaparece, y sólo quedamos los pocos privilegiados que nos alojamos ahí, y pasamos a ser los "dueños de la playa". El paisaje cambia totalmente para convertirse en el lugar paradisíaco imaginado y los vendedores se tranquilizan mucho. Nos recomendaron cuidarnos de los jejenes cuando se fuera el sol, pero no tuvimos ningún problema estando quietos en nuestras reposeras.

Luego nos ofrecieron la cena. Comimos en una mesa a unos 5 metros del mar. Además había happy hour con 2x1 en tragos así que acompañamos nuestra comida con deliciosas bebidas tropicales. Elízabeth comió róbalo con los mismos acompañamientos de siempre, y yo pedí una picada marina que incluia una langosta chica, camarones, pulpo y calamar frito, también con los acompañamientos típicos. Ella tomó piña colada y yo caipirinha (de ron, pero estaba buena).

Cerca de las 10 de la noche, se apaga todo y la única opción es ir a dormir... pero eso es bueno porque nos despertamos temprano para disfrutar el día siguiente al máximo.

A las 6 de la mañana ya estábamos arriba. Parte por la incomodidad de dormir toda la noche en los coyes y parte por habernos dormido temprano. A esa hora no hay ni siquiera vendedores, por lo que la paz que hay en ese lugar es increíble.

Luego de unos baños en el mar, desayunamos huevos revueltos y frutas tropicales. Luego seguimos disfrutando de la playa sólo para nosotros, hasta que a partir de las 11 aproximadamente comenzaron a llegar los visitantes, y con ellos los vendedores. Aprovechamos para comprar unos collares de piedras (siempre peleando precio). Todos los vendedores de cualquier cosa quieren mostrar todo y convencer igual que las masajistas, por cansancio. Si uno no está interesado tiene que ser firme con la negación desde el principio, y está todo bien.

Ya a punto de irnos, dimos una vuelta en moto de agua. Por media hora, recorrimos la playa de punta a punta, llegando hasta muy cerca del hotel Decameron que se encuentra frente a la playa, un monstruo que choca bastante con la atmósfera del lugar.

Luego del paseo (yo manejando y Elízabeth atrás todo el tiempo, pese a mi insistencia para que ella maneje un rato), dejamos lo de Hugo, y nos fuimos hasta el lugar de donde saldría nuestra lancha de vuelta a Cartagena.

Pero no nos iríamos sin antes probar el “coco loco”, que es un trago a base de ron que se hace dentro de un coco, parecido a la piña colada. Muy rico. También aprovechamos la espera para nuestro último mango.

Pocos minutos después de las 15 horas salió nuestra lancha. El viaje de vuelta fue peor que el de ida. Se ve que el capitán no tenía la experiencia del primero, y a cada salto de la lancha bañaba a todos los pasajeros (teníamos que tener muchísimo cuidado con nuestras pertenencias, no quería volver a quedarme sin cámara...).

Luego de casi 2 horas de viaje, llegamos de vuelta a La Bodeguita. Ahí nos estaban esperando vendedores de Decameron que nos agarraron sorprendidos y nos empezaron a comentar con la misma vehemencia de los vendedores de un “regalo especial” que tenían para nosotros, nos querían llevar hasta el hotel para ofrecernos un plan, pero por suerte, pudimos evadirlos. Caminamos hasta nuestro hotel, porque nos quedamos sin pesos colombianos para el taxi. Igual, el muelle estaba a menos de un kilómetro de nuestro hotel.

Tips:

Cuidado con los vendedores, son muy insistentes. Las masajistas sobre todo, buscan ponernos las manos encima para mostrarnos sus masajes, sin pedir permiso. Como en todo, hay que dejar en claro categóricamente si uno no quiere sus servicios o, en el caso de que sí quiera, acordar precio de antemano.

Tiene que ver con: Ahorrar dinero, Seguridad, Rasgos culturales
En Isla Barú, Colombia

Opiniones:

Mi calificación promedio:
  •  
Calificación general    

Playa Blanca

Actividades: Playa/Balneario/Lago en Isla Barú, Colombia

Hermosa playa natural. Es muy recomendable pasar la noche ahí, en alguno de los sencillos hospedajes que se ofrecen, así se puede disfrutar de la playa vacía, luego de las 4 de la tarde y por la mañana desde temprano. En esos horarios se pueden ver algunos peces cerca de la orilla.

Ideal para: Parejas, Con amigos, Solos y solas

Mi calificación promedio:
  •  
Servicio    
Ubicación    
Limpieza    
Precio/calidad    

Hugo's Place

Alojamiento: Refugio en Isla Barú, Colombia

Servicio modesto, pero con muy buena atención por parte de Hugo y sus empleados. Se ofrecen hamacas, carpas y cabañas. Al igual que la mayoría de los hospedajes en Isla Barú, no cuenta con agua corriente, por lo que tomar una ducha no es una posibilidad. Cuenta con baúles bajo candado para guardar las cosas, pero dicho servicio funciona hasta las 8 de la noche (hora en la que Hugo se va). Ofrece un gran servicio de comidas y bebidas a orillas del mar.

Tipo de viaje: Placer, Escapada, Vacaciones | Ideal para: Parejas, Con amigos, Solos y solas


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