Pocos países en el mundo ofrecen una variedad de climas tan extensa como Perú.
Para empezar, los visitantes disfrutan de esa inmensa costa en el océano Pacífico, con un desierto de más de 2.000 kilómetros de largo, la región más seca del planeta. Al este se alzan los majestuosos Andes, que conforman aproximadamente el cuarenta por ciento del país, y más allá se encuentra la más grande selva del globo terráqueo, la impresionante región amazónica donde llueve copiosamente todo el año.
Esta jungla tropical, extremadamente frondosa, abarca casi la mitad del territorio nacional. En fuerte contraste con el clima enrarecido, pero vigorizante, de las alturas andinas (donde casi no hay árboles), y el árido desierto de la costa pacífica, esta zona no es sólo húmeda, sino caliente y de exuberante vegetación, con miles de árboles centenarios.
Más de cincuenta tribus indígenas, que hablan unos treinta dialectos distintos, dentro de una población aproximada de 150.000 habitantes, aún viven en esta selva casi impenetrable, donde el mejor modo de transporte es la canoa. La selva es cruzada por numerosos ríos de gran anchura y generoso caudal, que confluyen finalmente para formar el poderoso Amazonas, la corriente fluvial más caudalosa del mundo.La ciudad principal de esta región, y una de las tres atracciones turísticas más concurridas de Perú, es Iquitos, en la ribera del “padre” Amazonas.
Para muchos turistas, como lo fue para mí, Iquitos es la parte sobresaliente de la visita a la tierra de Manco Cápac. Y es muy fácil llegar allí: si dispone de poco tiempo y del suficiente dinero, un avión desde Lima lo pondrá en hora y media en el aeropuerto ubicado en pleno centro de la ciudad. Sin embargo, si su espíritu aventurero así lo exige, y no desea gastar mucho, sin importar los fatigosos cinco días de viaje desde la capital, tome un autobús desde Lima hasta Chiclayo, de allí otro hasta Huamachuco (cuna del escritor indigenista Ciro Alegría, autor de
Los perros hambrientos ,
El Mundo es ancho y ajeno, etc.).
De esta población hay que tomar otra unidad hasta Juanjuí y luego otra, con escala en Tarapoto, lo llevará hasta Yurimaguas, donde la carretera toca a su fin, y desde esta población nos vemos obligados a tomar un barco, que en dos días navegando por el río Huallaga y luego por el Marañón, nos llevará hasta Nauta, en la confluencia con el Ucayali, donde realmente comienza el Amazonas, y de allí podemos tomar el transporte público que nos pondrá a las puertas de Iquitos en menos de dos horas.
Todo un accidentado viaje de más de mil kilómetros, de desierto, sierra, selva y agua... mucha agua, pero la aventura bien vale la pena.
NOTA: Hay otras rutas, pero esta es la que yo recomiendo como a mí me la recomendaron.