Iquique: viaje de última hora

Escribe: buvar
Debimos preparar un viaje imprevisto de última hora a una ciudad vecina, Iquique, la tierra de nuestros amigos viajeros, Samuel y Ruth y a pesar que fue algo improvisado lo pasamos muy bien.

 

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Capítulo 2

Museo Corbeta Esmeralda

Iquique, Chile — jueves, 23 de febrero de 2012

En mayo del año pasado se inauguró en Iquique el Museo Corbeta Esmeralda. Queríamos verlo, pero nos habían dicho que siempre había tanta gente que estábamos esperando que pasara la novedad.
La Esmeralda es un barco que participó en la Guerra del Pacífico, y fue hundida en la rada de ese puerto en 21 de Mayo de 1879, su capitán Arturo Prat Chacón es uno de los próceres de la historia de Chile.
La idea de hacer una réplica de ese barco la tomó la Minera Doña Inés de Collahuasi, que deseaba contribuir con alguna obra cultural al pueblo de Iquique.
Para ello pasó una encuesta a sus trabajadores preguntando, cuál era a su juicio el símbolo más representativo de la ciudad y la mayoría respondió que el buque Esmeralda.
Así, la empresa decidió invertir los 5 millones de dólares que costaba el proyecto y regalar a Iquique una copia exacta de la Esmeralda como parte de los actos del Bicentenario de Chile, para ello contó con la colaboración de la Corporación Patrimonio Marítimo de Chile.
Para la construcción del buque se contrató a Astilleros Marco de Iquique, mientras que la empresa Amercanda tuvo a su cargo la implementación museológica.
Unos y otros debieron llevar a cabo un acuciosa investigación histórica para no dejar ningún cabo al azar.
Ilusionados partimos un sábado al Museo Corbeta Esmeralda. Cuando llegamos nos informan que los turnos están todos concedidos ya que hay que pedirlos por Internet en la página:
www.museoesmeralda.cl
Nos sugieren volver el domingo temprano ya que ese día es el único en que se conceden turnos por orden de llegada.
Así el domingo llegamos a las 08:30 horas y ya había una enorme fila. El museo abre a las 10:30 horas y cada 15 minutos entra un turno de 10 personas.
Felizmente los que estaban antes que nosotros en la fila iban a reservar turno para la tarde de modo que pudimos entrara en el turno a las 11:00 horas.
Niños, estudiantes y tercera edad cancelan mil pesos o dos dólares, adultos, 2 mil pesos, 4 dólares y turistas extranjeros 3 mil pesos, 6 dólares.
Cada grupo debe entrar con una guía especializada y el buque cuenta además con un buen sistema de apoyo en video para explicar las alternativas del combate.
Todo se ha recreado con apego fiel a la historia. Los visitantes se emocionan al ver la cámara donde dormía el capitán Arturo Prat. Sobre su mesa una foto de su amada Carmela y de sus hijos, y sobre su cama una crucifijo de marfil. Su uniforme cuelga de la pared.
Se ven tambien sus dependencias personales, el comedor, donde diariamente impartía clases a los guardiamarinas a su cargo y el baño.
Asimismo se pueden ver las dependencias de la tropa, que dormía en hamacas. Allí están los comedores donde hacían sus comidas y la cocina donde se preparaban los alimentos así como la alacena donde se guardaban las vituallas.
El tour considera la sala de máquinas, el puente de mando y visita a la cubierta donde se encuentran los cañones.
La guía explica como se produjo el ataque del Huáscar y el sitio por donde el capitán Prat y sus hombres se lanzaron al abordaje.
En este combate se registró también la participación de niños que cumplieron un importante rol, llevando y trayendo ordenes, desde cubierta a la sala de máquinas ya que los sistemas de comunicación estaban estropeados, y por eso había un civil en el barco, un ingeniero que habia llegado precisamente para reparar la avería.
El turno de 45 minutos pasa volando, aquella historia contada y repetida durante nuestros años de colegio ha desfilado frente a nuestros ojos, y aunque aún nos quedan miles de preguntas, debemos abandonar el buque, un grupo el de las 11:45 aguarda expectante nuestra salida.
 
Más antecedentes a
María Eugenia Vargas
buvarcl@gmail.com



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