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La isla del viento
Escribe: ropavieja
Invadida por multitud de civilizaciones y despiadados piratas. Tierra de ganado, ese era el significado de su antiguo nombre. Los primeros invasores de la isla balear llegaron a una conclusión, aquí se daban las mejores condiciones para la cría de animales. Es muy verde, su extensión, su clima son los ideales. Arena roja en el norte, blanca en el sur
Isla del viento
Illa de Menorca, España — sábado, 4 de febrero de 2012
Su actual nombre: Menorca, tiene su origen en que es menor que su vecina Mallorca; físicamente es así, pero es mayor en calidad de vida, no se ha dado cabida al turismo masificado, ni a los grandes complejos hoteleros. Se muestra natural y virgen a sus visitantes. A esto contribuye que durante el régimen franquista fue declarada de interés militar y no se permitió el desarrollo desaforado y salvaje que si han sufrido las restantes islas Baleares. Estas condiciones han permitido que a través de los años hayan llegado viajeros “distintos”. También ha sido y es refugio de antiguos hippies, bohemios, intelectuales, artistas que han hecho de Menorca su pequeño paraíso.
Tras un corto viaje desde Barcelona, aterrizo en la isla. He alquilado un apartamento en Cala Galdana, en lo alto de un acantilado, frente al mar. Una cala llena de pinos y pequeños edificios. Una parte de mi primer día lo paso aquí, el resto en la capital menorquina: Ciutadella, una pequeña ciudad fortificada de herencia musulmana; destaca en ella la Naveta des Tudons, un monumento prehistórico.
La geografía de la isla es perfecta para recorrerla a pie, a caballo, o en bicicleta, de hecho son numerosas las personas que lo hacen así.
Hace viento, frío, comienza a llover. Estas condiciones tienen sus ventajas e inconvenientes. Apenas si se ven turistas, muchos locales siguen cerrados, la inercia del invierno persiste. La lluvia, la humedad, hace que intensos olores lo invadan todo, las distintas hierbas y arbustos que pueblan la isla son generosos.
Me asomo al gran ventanal de mi habitación, intento despegar los ojos después de una larga noche de sueño, sigue lloviendo, ha estado así toda la noche, pero nada de esto me va a impedir conocer la exótica Cala Cavallería, bajo hasta ella, todo lo que no es arena y agua se compone de piedra volcánica, muy erosionada por el viento y la acción de las olas. Toda una playa de postal, solitaria. Cerca de ella se encuentra el cabo del mismo nombre y al final de éste… el faro, el más antiguo de Menorca; decidieron construirlo allá por el año 1800, después de 700 naufragios. El cabo Cavallería es el más septentrional, al norte de la isla, y enfrentado al mar Mediterráneo. Llego caminando durante cuatro kilómetros hasta el mismo extremo. Numerosas cabras corretean a mi alrededor, a mi derecha el mar golpea los acantilados. Ha dejado de llover, de caer esa fina lluvia que me estaba calando; las nubes han dejado paso a unos tímidos rayos solares. Los acantilados son espectaculares, numerosas aves los recorren, nidificando en sus grietas.
Mi siguiente destino es Fornells, aquí comeré para luego dirigirme al cabo y su atalaya. Esta población respeta con mimo la idiosincrasia de la arquitectura menorquina. La población derrocha pulcritud y tranquilidad, más bien parece una maqueta, se desarrolla a lo largo de una extensa lengua de mar que va penetrando hacia el interior conformando el cabo.
Desde allí me dirijo a Mahón, la capital, su puerto alberga a centenares de barcos, se le considera uno de los más grandes del mundo. En su término se encuentra el Parque Natural de la Albufera, cita obligada para los amantes de la naturaleza, pero luego hablare de él. La larga presencia británica ha dejado numerosas huellas por toda la isla.
Todavía queda algo de tiempo, no mucho, enseguida comenzará a oscurecer. Decido ir a un par de calas cercanas, famosas por su espectacularidad. Hay algo que deseo resaltar de entre las numerosas ruinas arqueológicas que existen, me refiero al Tálate de Dalt, aquí destacan unas antiguas construcciones dedicadas a viviendas, son yacimientos de hasta 1000 años antes de Cristo, todo ello rodeado por muros de piedra y acebuches, árbol abundante en toda la isla. Todavía se está investigando sobre los orígenes y la forma de vida de estos antiguos pobladores. Apenas si existen datos sobre ellos.
La diversidad natural menorquina me está sorprendiendo, y no menos sus salvajes y ricos paisajes. Sus habitantes lo saben y se sienten muy orgullosos de estos tesoros que albergan. He advertido algo en ellos, son contradictorios, se muestran desconfiados y hospitalarios a la vez.
Amanece el día algo nublado, pero se ira despejando conforme vaya avanzando. Un amigo de Zaragoza me advirtió que no dejara de visitar Cala Pilar y allá voy…, un camino arenoso muy empinado de unos tres kilómetros me lleva hasta ella, solo se permite el acceso a caballos y bicicletas, allí está, escondida, salvaje, abrupta, virgen… Enseguida me enamoro de ella. La vegetación es la ideal: carrasca, pinos, acebuches, encinas. Las señales del viento son evidentes, algunos de estos árboles crecen pegados al suelo, las fuertes ráfagas de vientos huracanados no los deja enderezarse. La arena de la playa va subiendo hacia las zonas superiores formando dunas. Solo sobra una escalera de madera que han colocado para facilitar el acceso a la playa; se encuentra en retroceso, la arena está desapareciendo a causa de los temporales, también, debido a la erosión, caen enormes bloques de piedras desde el acantilado, bloqueando la playa.
Mi siguiente etapa es Binibeca en san Lluis, un pueblo de pescadores de arquitectura ibicenca, las estrechas calles se corresponden más a un pueblo de cuento que a la realidad. No me canso de callejear y hacer fotos. La tranquilidad es la reina, incluso la reclaman con carteles sus vecinos. Otro lugar que no debo dejar atrás es Calas Coves, una cala escondida, refugio de los últimos hippies. Sus acantilados están horadados con cuevas donde viven como los antiguos trogloditas. Puedo conversar con alguno de ellos, han ido con un burro y sus correspondientes alforjas hasta el aeropuerto en busca de nuevos compañeros. El lugar es ideal para perderse, para apartarse del mundo…, calas vírgenes casi inaccesibles, rodeadas de paredes verticales. Caminando por sus intrincados caminos pegados al mar puedo observar a algunos escaladores trepando por ellas. También hay buceadores sumergidos en sus cristalinas aguas, alguno se dedica a capturar sabrosas langostas.
Después de una caminata por la playa más larga de Menorca: Son Bou, me apresuro para llegar hasta Punta Nati, un lugar rocoso que se asemeja a un paisaje lunar, frecuentado por los cazadores de puestas de sol. Y no falla, me posiciono en la misma orilla del acantilado, el espectáculo me sobrecoge, me carga de energía, el entorno contribuye de forma importante a ello. La acción de las olas está horadando el terreno, se puede observar como se ha desprendido una parte importante del terreno, hundiéndose en las acechadoras aguas, esto puede poner en peligro al soberbio faro.
Ya se hizo de noche. Mi última actividad será un paseo por Ciutadella. Ha sido una jornada hiperactiva que me ha dejado derrotado. A los pocos minutos de meterme entre las sábanas me quedo dormido, algo que no suele ser muy común en mí.
Uno de los productos que más se ofrecen en las tiendas son las abarcas, un calzado típico de la isla, lleno de color. Un pequeño animal característico de la isla es la lagartija, alguna de las distintas especies es endémica.
El último día lo dedico a un Área Natural de Especial Interés, forma parte de la Red Natura y es núcleo de la Reserva de la Biosfera, todo con mayúsculas, se trata del Parque Natural de la Albufera des Graus. Aquí se puede encontrar una importante flora y fauna. Una gran diversidad vegetal y animal todo acompañado de un patrimonio cultural muy rico. Existen elementos arqueológicos (talayots, navetas, taulas); paredes de piedra unidas sin argamasa, esto es muy común en toda la isla, delimitan los linderos y los caminos. Los acebuches, las plantas espinosas, variadas especies acuáticas como las fochas, cormoranes, milanos… abundan en el parque.
Comienza mi retorno, bajo mi brazo una ensaimada, en el aeropuerto daré buena cuenta de ella.
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Últimos comentarios
buvar dice:
Muy buen diario, abre el apetito viajero, espero algún día llegar por allí.
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dorisgonza dice:
Muy buena informacion de la Menorca , me gusto leerlo y conocer algo de la lejana Europa. Saludos.
Publicado
ropavieja dice:
Gracias Maria, Gracias Dorys por vuestros comentarios.
Salud.
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1
Isla del viento
Illa de Menorca, España | 4 de febrero de 2012
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