Diarios de viaje > Ilha do Mel, América del Sur

Saudades de Ilha do Mel...

Escribe: mochacharme
Situada en el estado de Paranà, esta isla ofrece un lugar poco habitual y en permanente contacto con la naturaleza. "Paraìso", es una palabra griega que a la vez deriva del persa y significa "Jardìn cercado". Pienso en la isla como un jardin cercado por el rio y el mar. Donde han sabido perpetuar un espacio en estado puro. Èste no es el tìpico escenario de las postales cariocas: mar turqueza, caipirinhas, y cuerpos esculturales. Hay otro brasil, igual de digno y fascinante, pero diferente..

 

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Encantadas

Ilha do Mel, Brasil — miércoles, 12 de enero de 2011

Desembarcamos en el trapiche de Encantadas cerca del mediodìa, èste se encuentra en la parte sur de Ilha do Mel, en la zona del mar de dentro. Enseguido nos disponemos a buscar alojamiento. La playa de Encantadas es de aguas calmas y càlida, y la arena es blanca y fina, esta parte de la isla se ha bañodo de sol y el calor se vuelve algo pegajoso. Luego de dar algunas vueltas y tomar trilhas que desembocan en casas y màs casas, y de ver muchas habitaciones de alquiler y pousadas, desde muy precarias y econòmicas (a partir de R$ 15,00 reales) hasta algunas con mejor infraestructura y hasta màs bonitas (a partir de R$ 70,00 en adelante/por persona) , llegamos a Eco-Hostel Encantadas. Alli nos recibe un hombre joven, alto y rubio, que al escucharnos hablar nos dice de inmediato: “argentinas... beleza…”. Resultò ser argentino tambièn, oriundo de Diamante (Entre Rios), màs tarde descubriríamos que ambos conociamos al viajero diegoviajes (Diego Farall, mi amigo). El hostel estaba repleto, pero si volvìamos mañana nos construirìa una habitación, pondria una pared aquí, otra allà, 3 camas por acà y listo. Algo incrèdulas prometimos regresar y cruzamos al menos por esa noche a la casa de enfrente, donde alquilaban habitaciones luminosas, modestas y còmodas. La señora Luciana nos preparò un cuarto para las tres, una cama matrimonial y otra individual, teniamos baño privado con agua caliente y al dia siguiente nos prepararia un rico cafè do mañà, para el cual dijo que por la tarde hornearia unos pasteles y tortas. (R$ 90,00 la habitación para tres). 



Almorzamos en uno de los tantos restoranes de tenedor libre que existen sobre la playa de Encantadas. Por R$18,00 comimos de todo: pescado, arroz con porotos, feijoada, ensaladas varias, pastas, carnes acarameladas, frango (pollo), etc. Las bebidas siempre se pagan a parte. Cada lata de gaseosa cuesta entre R$ 2,00 y R$3,00, de las cuales no bebimos mucho ya que alli las abejas se adueñan de toda bebida dulce. Con los dias iriamos ajustando el presupuesto alimenticio. En la isla hay para todos los bolsillos y gustos.


Despuès del almuerzo tomamos la trilha que pasa por delante de nuestra casa, y caminamos disfrutando de la sombra que ofrencen los àrboles en galeria, toda flora nativa y de frondoza belleza. El camino desemboca en la Gruta das Encantadas, en el sur-este de la isla, sobre el ocèano Atlàntico. El paisaje de este lado es muy diferente al del trapiche y desembarco, la playa se llama Mar de Fora, y es muy extensa y ventosa y el agua del mar tiene bastante oleaje. Visitamos la Gruta, en cuyo interior hay una imàgen de la Virgen, y mucha oscuridad. Èsta encierra en su haber algunas leyendas, una de ellas es una historia de amor prohibido al mejor estilo Romeo y Julieta. Cuenta el mito que en tiempos remotos vivìan en la zona dos tribus enemigas, una niña llamada Jurema Cuau y un niño de otra tribu se conocieron y fue amor a primera vista, al crecer se casaron en secreto, bajo las bendiciones de Maribel, una bruja buena que les diò asilo. Al enterarse el padre de la joven del enlace consumado y como tambièn era èl un poderoso hechicero, maldijo a su hija por la traiciòn. El conjuro recaerìa sobre su descendencia femenina, las futuras hijas de la joven enamorada jamàs podrian casarse, luego de nacer se convertirìan en sirenas ambrientas de sandre y matarian a cada hombre que se acercara a ellas. La joven pareja durante dias clamò a sus deidades por misericordia, el dios Tupa se apiadò de ellos y su amor y los bendijo con el obsequio de una isla donde vivir, al no tener ellos una luna de miel, tendrian ahora una isla de miel. Pero la maldiciòn del padre hechicero fue tan grande que no pudieron librar a sus hijas de semejante destino. Y al volverse adolescentes las muchachas se convirtieron en sirenas. Se escondieron todas junto a su madre en una cueva del sur de la isla de miel hasta que murieron... la gruta.

Dicen que cuentan que los marineros que desembarcaban en la isla al acercarse por las mañanas a la gruta, escuchaban un embriagador canto de sirena. Hasta el dia de hoy dicen que se escucha el canto de Jurema Cuau y sus hijas... De ahi nace el nombre de Encantadas para la parte sur de la Isla de Miel.


Luego de visitar la gruta caminamos por la arena de Mar de Fora. Cada tanto nos acercàbamos a los morros, se abrian caminitos entre la espesa vegetación, y cada uno que aparecia era una tentaciòn. La playa estaba repleta de estelhas do mar, pequeñas, blancas y fràgiles. Dueñas de una belleza y perfecciòn efimera, que se hacia añicos entre los dedos de la mano ni bien las agarrabamos del suelo. Al caer la tarde, el mar las deja en la costa, y alli se secan, volvièndolas una especie de fòsil marimo, casi transparente. Para mi sorpresa, las hay grandes tambièn, sòlo que las que encuentro estàn rotas. De repente se pone a llover. Los bañistas comienzan a huir de la playa de regreso al pueblo, nosotras seguimos avanzando, quisièramos cruzar el morro hacia la playa que està del otro lado: Praia do Miguel, pero luego de algunos minutos la lluvia se vuelve un chaparròn, asi que empapadas regresamos a la casa. Tenìamos frio con tanta agua encima, para lo cual la ducha caliente fue reparadora. Mientras tomàbamos mate en nuestra habitación, el ambiente se endulzaba con el olor a pastel en el horno. La tarde se endulzaba, y la lluvia comenzaba a ceder.
 

Por la noche nos cruzamos al hostel Eco-Encantadas para coordinar la estadìa para el dìa siguiente. Habian construido una habitación!!!!!. Al parecer la gente en la isla no pierde el tiempo. Unos cordobeses jugaban al truco en la galeria, luego del dueño del hostel, eran los ùnicos argentinos que cruzabamos en la isla. Señamos una habitación y nos fuimos a cenar a la playa. Contentas de mudarnos en la mañana siguiente a un lugar màs jovial. Si bien lo de Luciana era còmodo y familiar, queriamos alojarnos en hostels, para tener posibilidad de interactuar con viajeros de todas partes. 
 

Cenamos pizza en un bar mientras escuchàbamos el ruido de las pequeñas olas que rompian suavemente sobre la costa, como dije antes el mar allií es muy calmo, por momentos el agua se queda quieta, y luego se vuelve a escuchar el sonido de alguna olita que llega. Un vientito càlido hacia que los barcos anclados se movieran provocando un rechinar lejano con el agua.. El mar se veia oscuro, y decorado por las luces de colores de estos barcos cercanos, y de los morros en islas vecinas. En el restoràn de al lado una banda tocaba mùsica en vivo. Se escuchaba Zamba, Reagee, Forrò…"ète è barco à ilha do mel….dha ilha….".
El cielo ìndigo, infinito, estrellado. Era miércoles en la noche. Mucha tranquilidad en Encantadas. Un clima bohèmio, sereno.
 


Jueves 13 de Enero:

El segundo dia en Ilha do Mel comenzò con un desayuno delicioso que nos preparò Luciana, y que compartimos con sus familiares que tambièn vacacionaban alli. Dos parejas jóvenes con niños pequeños, de lo màs simpàticos. Cafè com leite, zukos de sandia, laranja, frutillas. Pan casero con manteca y dulces. Frutas frescas, jamòn y quèijo. Tortas de vainilla y chocolate. Todo rico y hecho con amor. Tambièn se recibìa con amor. Tuvimos suerte de compartir el desayuno con esa gente. Tan amables, cordiales, alegres. Laura, la niña que según sus padres hablaba hasta por los codos, era la primera vez que se quedaba muda. Por lo que nos contaron era su primer contacto con gentes que hablaban otra lengua, no entendia nada, abrìa los ojos y queria decir cosas y no le salìan palabras. De veras era gracioso. Cuando logrò hablar dijo que Josefina parecia una princesa, y segùn podimos deducir dijo que le recordaba a la heroìna de un cuento que habia leìdo en la escuela. Nos diò mucha ternura. Entre nosotros los adultos, el desayuno transcurriò acompañado de una charla muy amena. Y me sentia feliz de que una vez màs el idioma no era barrera para comunicarnos, nos entendiamos muy bien. Fue muy agradable. Les contamos de nuestro viaje, ellos de sus vidas. Luego nos despedimos con un hasta luego, ya que si bien cambiamos de casa, no dejàbamos el barrio, y nos cruzariamos durante el resto de los dias en la isla. 
 


En Eco-Encantadas esta vez nos recibiò Pedrinho, otro de los dueños. Èl si era Brasileño, al igual que Paula, la mujer de Àlvaro, el entrerriano.
Los cordobeses ya habian partido. Pero enseguida advertimos la presencia en el hostel de otros argentinos. Pato un chico de Buenos Aires con una onda muy surf, y Juliàn, tambièn de Baires. Ambos viajaban sòlos por el sur de Brasil. Habia otros viajeros: Beatriz y Sue de Curitiba, un salvadoreño que llevaba dos años viajando por el mundo, andaba en esta ocasiòn en busca de buenas olas, tambièn paraba en el hostel un joven mèdico francès, ese si que tenìa kilòmetros. Y otros pasantes de otras partes del globo, pero con quienes interactuamos menos. El hostel es hermoso, tiene una galeria a la cual dan muchas de las habitaciones y la cocina y baño. Todo en madera, muy colorido, en medio de muchas plantas. La habitación que nos armaron era para 4 personas y el baño compartido. Nos aseguraron que sòlo estariamos nosotras 3, asi que de inmediato la cama sobrante se transformò en una especie de estanteria-placar-apoya cosas,  teniamos ventilador y una puerta casi del tamaño de la pared, toda vidriada que daba a la galeria y por donde entraba mucha luz, la cual cubrian con una hermosa manta indù. (R$ 25,00 por cada una, sin desayuno).
 


Compramos en un mercado cercano unas empanadas triangulares de queijo y cebolla, algunas bebidas y nos fuimos para Mar de Fora. El dia estaba esplèndido, el cielo azul completamente despejado, un sol que iluminaba todo. Aprovechamos a tomar algo de sol con mucho protector solar. No queriamos calcinarnos los primeros dias en la isla. Luego del almuerzo caminamos hacia el morro, direcciòn norte, rumbo a la playa vecina: Praia do Miguel, la cual nos habia dejado con ganas de conocerla el dia anterior. Por el morro cruza un caminito uniendo ambas playas. Nos quedamos un buen rato tomando fotos ya que desde ese morro se ve gran parte de la isla, el faro a lo lejos en el norte, las playas que se suceden hasta èl y sus ensenadas. La vista es preciosa. Luego de las fotos a darnos un buen baño en la Praia do Miguel!, el agua de este lado se ve màs verdosa, es una playa màs pequeña, formada entre dos morros como todas las de la isla. Es tranquila porque casi todos pasan de largo rumbo a Praia Grande que es la siguiente, en esa direcciòn, y casi nadie se detiene. Asi que prácticamente teniamos la playa para nosotras tres. La arena dorada, mucho verde, mucha vegetación, alguna palmerita que asoma entre el verde. El agua es màs bien fria y tiene mucho oleaje. Luego de un divertido baño en esas aguas para nosotras solas, quisimos seguir adelante para conocer Praia Grande se encuentra al otro lado y es la preferida de los surfistas, pero entre ambas playas hay un morro de una altura considerable, muy alto, y sobre la costa hay piedras gigantes. Recomiendo cruzar temprano, porque sobre la tarde la marea sube y el agua invade las piedras formando piletas, y las olas rompen con mucha fuerza sobre las piedras. De todos modos al ver que bastante gente cruzaba quisimos intentarlo, pero Josefina rompiò su ojota, y un poco màs adelante por querer caminar con la ojota puesta, se lastimò entre los dedos de los pies. Le dijimos que se vuelva sola y temiò perderse, cosa prácticamente imposible ja ja ja… Finalmente antes de que se pusiera a llorar decidimos volver y dejar el paseo para otro dia. De todos modos para quienes no quieran ir a pie, desde Encantadas (Mar de adentro) salen botes hasta Brasilia, y desde alli el acceso por las trillhas hasta todas las playas del norte de la isla, es muy accesible. 
 


Regresamos a la playa de mar de dentro de Encantadas para la hora del atardecer, se me quedò sin espacio la memoria de la càmara de tantas fotos que saquè, luego debì borrar algunas pero el ocaso en Encantadas es una belleza. Tomamos unos helados mientras miràbamos caer el sol. Unos gustos de lo màs raros!!! Y para mi felicidad mucha variedad de chocolate!. Cada bochita de helado costaba R$ 1,50. Ya habia oscurecido cuando volvimos al hostel. La primera ducha en Eco-Encantadas nos dejò bien claro que el agua jamàs saldrìa caliente!!!. Es lo ùnico que lamento de ese lugar. (La colo comenzò ahí mismo a gestar la gripe que terminò tumbàndola en Bombinhas dias màs tarde). Esa noche Àlvaro nos hablò de un boliche isla adentro, seguramente habiamos pasado por alli cuando ibamos hacia las playas de Mar de Fora, pero ni cuenta nos dimos. Tambièn nos recomendò un lugar donde comer unas mazas fritas rellenas de camarones y queso, algo ojadradas, muy econòmicas y exquisitas. Lo cierto es que sobre la costa de Encantadas, muy cerca del trapiche, se hayan montones de puestos de comida y lugares improvizados por los lugareños donde comer rico y barato. Luego de la cena nos fuimos en busca de aquel boliche, el cual resultò un lugar a cielo abierto, con una parte cubierta donde habia una barra y tocaba la misma banda todas las noches. Al parecer eran muy conocidos los muchachos y tocaban Reggae y despuès se bailaba el tìpico Forrò, èsta es una mùsica y danza brasileña tìpica del interior del pais y tambièn de la costa del nordeste, bueno aquì en la isla es lo que màs se escucha. Sus orìgenes son europeos, es un estilo multifacètico, alegre y que encierra otros ritmos en si. Escuchamos la banda, tomamos algunas cervezas (R$ 6,00 la Skol de 3/4 lt.), y cuando la cosa decayò, todo el mundo se dirigiò al lugar donde concluye todo el mundo cada noche de temporada en Encantadas. Un bar sobre la costa de dentro. Llueva, truene y/o relampaguee, todo concluye en ese lugar. Esa noche por suerte habia estrellas...


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Pròxima parada: Nova Brasilia, praia y Farol das Conchas. 

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