Después de unas tres horas llegamos a Ica, capital del departamento homónimo. Como habíamos comprobado la vez anterior, las afueras de la terminal de Soyuz no son un buen lugar para fumarse un cigarrillo en paz o simplemente tomar aire, caminar unos pasos y prepararse para sentarse en un vehículo nuevamente. No.
El asedio de los taxistas ofreciendo carreras y compitiendo entre ellos por los potenciales pasajeros resulta indescriptiblemente insportable (okay, quizás exagero un poco).
La ciudad en sí parece una pequeña Lima, caótica y ruidosa que en nada se parece a su anexo, la paradisíaca Laguna de la Huacachina. Por eso mismo decidimos hospedarnos en este último destino, aunque no pudimos evitar dar unas vueltas por el centro de Ica y su Plaza de Armas. Un taxi de Huacachina a Ica y viceversa cobra unos 5 soles, aunque se puede negociar algo menos y más si es compartido.
Uno de los más grandes atractivos de la ciudad de Ica es/era el Santuario Señor de Luren, que lamentablemente sucumbió al terrmoto ocurrido durante Agosto del 2007. Hoy en día está prohibido el paso. Frente a esta Iglesia hay pequeños puestitos que venden crucifijos, postales y todo tipo de recuerdos.A solo unas cuadras de esta edificación hay una de las tantas tiendas que fabrican y comercializan las típicas Tejas y Chocotejas de Ica (dulces que, junto con el Pisco, identifican a esta región), se trata de 'Mi Chofi' (Avenida Ayabaca 160), aunque sus precios no son los más económicos.También pueden ir a visitar la Iglesia de San Francisco, especialmente si les interesa la arquitectura.
En el mapa de Ica aparece también el Museo Regional Adolfo Bermúdez Jenkins y otros puntos de interés similares.
Con respecto a la seguridad en la Ciudad de Ica, he de decir que me sorprendió un poco porque pensaba que era un lugar mucho más tranquilo. Sucede que estábamos dentro de un taxi y detenidos en un semáforo cuando escuché un golpe contra la puerta. Al voltear descubrí que un muchacho había pasado velozmente por un costado del vehículo y había aprovechado que la ventanilla de mi acompañante estaba baja para arrebatarle el celular que traía en la mano. Y yo que pensé que esas cosas sólo pasaban en Lima...
Lo cómico del asunto es que en cuanto el taxista se percató de lo ocurrido comenzó a perseguir al pirañita, mientras nosotras nos sentíamos en una película policial, dudando de las verdaderas intenciones de ambos. Repentinamente el chofer frenó en una esquina. abrió la puerta y salió corriendo, dejando su Tico con la llave puesta y el motor en marcha. En un lapso máximo de dos minutos regresó... llevaba el aparatito en una mano y al ladronzuelo en la otra, quien no superaba los 20 años. Lo obligó a disculparse (?) y pronto aparecieron dos mototaxistas que se detuvieron también e insistían en llevarlo a la comisaría. Se nota que Ica es una ciudad cuyos ingresos, en gran parte, provienen del turismo, así que a nadie ha de sorprender que los trabajadores quieran cuidar su negocio con recelo y por tanto, cuidar a los viajeros.
Al final terminamos conversando bastante con este taxista, Luis Vargas, quien también se dedica a hacer tours por Ballestas y Paracas.
Luego de esta adrenalínica escena decidimos volver a Huacachina. Compramos agua con gas helada en un grifo y esta vez tomamos un mototaxi, no por la seguridad sino por el sólo placer de hacerlo (cobran 3 soles máximo, quizás 2.50).
Si desconfían de los taxistas que los acosan a la salida de la terminal de buses (su insistencia es proporcional a la portación de cara de extranjero con la que cuenten) pueden elegir a uno de los que se encuentran DENTRO de la estación, (es decir, los van a ver ni bien bajen del bus). Trabajan con la empresa y los hoteles y por lo general portan identificación con fotocheck. No deberían cobrar mucho más caro de lo normal.
En Ica, Perú