Ecuador

Escribe: dgdb
Mi esperado viaje, comienza en Ecuador y espero se extienda por todo el continente sudamericano o incluso... En apariencias otro día mas pero no era así, llego el día de partir.La mañana amaneció gris y salí de la cama con pereza (ya que era la última mañana en MI CAMA) me disponía a rematar los asuntos pendientes, preparar la furgo para su nuevo dueño y algún papel que tenia pendiente...

 

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El tren de la libertad, Ibarra - Salinas

Ibarra, Ecuador — miércoles, 3 de marzo de 2010

A la 06.30 sonó el despertador muy a mi pesar. Hay que estar en la estación de tren a las 08.00 y antes hay que desayunar, que ayer casi no comí y mi estomago gruñía.
 
Ya de mañana de di cuenta que de estomago no estaba bien y la moquera continuaba, por lo menos no me dolía tanto la cabeza. Será el mal de tren??? porque la vez que cogí el de Alausí también andaba jodidillo.
 
Fui a desayunar con hambre pero con miedo, no sea que se me afloje el muelle a mitad de recorrido, y como no asome el culo por la ventana del tren ya me dirás.
 
Llegamos puntuales y lo que me imaginaba, es como un bus pero sobre raíles, también había una "maquina" pequeña de 9 plazas. Se conoce que al final tenían todo completo, porque cuando reservamos casi no había gente.
 
Salimos más o menos puntuales, nuestro vagón de 34 asientos iba casi completo, entre una excursión de jubilados canadienses y un par de parejas más.
 
El recorrido fue hasta Salinas, no hasta Primer Paso y de camino cruzamos túneles, cañones, un par de puentes, varios sembrios de caña, en fin un poco de todo. Había muchos paisajes que me recordaban a Cantabria, pastos verdes, ganado pastando, montañas de fondo, en fin un bonito paisaje pero nada sorprendente al menos para mi.
 
La velocidad máxima era de 30km/h y bajando, no me extraña, porque es estado de las vías no era de lo mejor, incluso tuvimos que parar un par de veces porque había un equipo de hombres sustituyendo traviesas. Tuvieron que sacar el carro que llevaban en los raíles a mano para dejarnos paso y en otro tramo tuvimos que ir muy despacio porque los clavos de sujeción aun no estaban colocados y corríamos peligro de descarrilar, en fin lo que no pase aquí.
 
El trayecto duro un par de horas largas hasta llegar a Salinas y nos preguntaron si regresaríamos, ya que la mayoría de la gente tenían solo billete de ida. Como pensábamos visitar el pueblo y un museo que allí había no dimos nada por sentado, si llega la hora y no estamos podían partir sin problemas, ya nos buscaríamos la vida, total solo perderíamos 1.6$.
 
Caminamos por el pueblo y allí no había mucho que ver, gallinas por las calles y un pequeño parque junto a la iglesia, además el calor no ayudaba y mi malestar sin cesar.
 
Paseamos hasta el museo y nos adelantó el bus que recogía a los canadienses, iban también allí. Resulta que el museo estaba cerrado, pero fueron al municipio y solicitaron su apertura para la visita, así que nos adjuntamos y entramos al museo previo pago de 1.5$ cada uno, bueno la tarjeta ISIC nos volvió a ahorrar el 50% así que fue 1.5$ por los dos.
 
La visita curiosa pero nada del otro mundo, como la explicación fue en inglés pues me enteré de lo básico y las fotos me aclararon el resto. La visita no duró más de 20 minutos y no salimos muy satisfechos, pero bueno hay que hablar con conocimiento de causa y puedo decir que ni el recorrido de tren, ni la visita al museo fue algo que me agradara en exceso, estuvo bien pero sin más.
 
Como aun era muy pronto para regresar al tren, preguntamos por unos balnearios cercanos y nos dijeron que la mejor forma de llegar era regresando a la terminal de Ibarra y tomar un bus desde allí. No teníamos intención de hacer eso en principio, pero como se ofrecieron a llevarnos en su microbus, aceptamos.
 
Nos dejaron en la puerta de la terminal terrestre y mi malestar continuaba, así que le comenté la posibilidad de ir un rato a la habitación para hacer hambre, en vez de ir al balneario y por la tarde dios dirá.
 
El gallo aceptó, así que regresamos al hotel y me tiré en la cama. Quedé frito, aun no me encuentro bien del todo.
 
Cuando desperté, fuimos a comer a La Choza, la cocinera había prometido hacernos una ensaladilla rusa y no podíamos negarnos.
 
Prefiero ahorrar el calificativo de la supuesta ensaladilla, yo pedí un caldo porque quería algo caliente y luego nos sacó otro plato de pechuga, vamos que nos pusimos como pepos, ha sido la segunda vez que no me puedo terminar la comida que me ponen delante.
 
Yo creo que ahora me siento peor, entre lo mío y el empacho, ahora estoy que no me puedo ni mover, así que comprobé el correo y dejé allí al gallo.
 
Regresé a la habitación y me enclaustré en la cama de nuevo, unas pastis y a sobar.
Cuando este volvió, me espabilé y cogí el ordenador para ponerme al día.
 
Estuve escribiendo hasta las 22.30 y me empezaba a doler la cabeza de nuevo, así que haré una selección de fotos para subir y a descansar.


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