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Aprendiendo a viajar: el Noroeste Argentino
Escribe: noritacecilia
Un recorrido por la Quebrada de Humahuaca y los puntos más relevantes de Salta. Siempre viajé sola, aunque hacia algún destino donde tuviera un amigo que me recibiera. Este fue mi primer viaje parando en hosteles y sin tener conocidos en destino. Es la historia de un viaje a sitios sorprendentes a los que espero regresar; y una confirmación de aquel dicho de que "mejor solo que mal acompañado"
Humahuaca hasta las lágrimas
Humahuaca, Argentina — jueves, 19 de enero de 2006
Tras la decisión tomamos desayuno sentadas en la plaza: desplegamos mate, galletitas, dulce de leche... Fue entonces cuando ocurrió. Una comitiva de gente avanzó hasta un escenario en el centro de la plaza y anunció un acto patrio en honor de un héroe de la independencia, el Sargento Mariano Gomez. La reacción nuestra fue de desdén, porque recordamos al instante los aburridos actos escolares. Nos mantuvimos respetuosas de no dar la espalda al evento y juntar un poco las cosas suspendiendo el picnic, pero con los primeros acordes del himno nacional nuestra actitud cambió del simple respeto a la participación activa. En lugar de la consabida banda militar que sonaba en mi memoria, eran instrumentos puneños los que enarbolaban la melodía. Quenas, charangos, sicus, guitarras y bombos nos llenaron el alma, tanto que al momento de cantar solo llegué a pronunciar el "oid mortales el grito sagrado", pues en el primer "libertad" la voz se me quebró y comencé a llorar. A mi lado Sabrina y Paula también lloraban, y las tres nos tomamos de las manos, nos abrazamos y cantamos con la voz en cuello, como los collas que habían empezado ya a aparecer en esta ciudad de Humahuaca.
Carmela se había alejado para vivirlo sola (como solía hacer con tantas cosas) y regresó con los aplausos finales. Lo que siguió fue igualmente conmovedor, porque un historiador humahuaqueño hizo la reseña de la vida de aquel soldado al que Belgrano premió haciéndolo sargento y regalándole su caballo. Entonces dijo algo que como historiadora siempre supe, pero que nunca había sido plenamente conciente de ello: la guerra de independencia se peleó toda en Jujuy, más precisamente en la quebrada, excepto las batallas de San Lorenzo, Salta y Tucumán, pero el país nunca lo reconoció como debía, y llamó a la reflexión sobre las diferencias provinciales que vivimos hoy.
Todo terminó con una parejita que bailó un huaino y luego un carnavalito, sacando a bailar al público, entre ellos a Paola. Entonces se hicieron las 12 y presenciamos la tradicional bendición del San Francisco Solano mecánico que asoma de la torre de la municipalidad.
Ya era el mediodía, asi que fuimos a la terminal a sacar pasajes y tras comprar fruta en el mercado, fuimos al cerro de la peña blanca a contemplar la ciudad desde lo alto. Nos resultó cerca y fácil llegar después de lo vivido en Tilcara, y grande la ciudad desde lo alto.
Antes del adiós subimos al monumento a los héroes de la independencia, que me recordó mucho al cerro de la Gloria en Mendoza; se veía hermosa la peña blanca desde allí. Quedó también en mi corazón esta ciudad detenida en el tiempo, cuyas calles se me antojan tan antiguas como la colonia, de piedras todas sin más distinción entre vereda y calle que un desnivel de 5 cm entre ellas... Eran las 3 de la tarde y dejábamos atrás la última ciudad de la Quebrada de Humahuaca, la que le da nombre... puerta de entrada a la Puna...
En el trayecto de hora y media hasta Abra Pampa, la maravilla seguía extendiéndose a los bordes del camino como hasta entonces, pero me quedó grabado por su magnificencia un cerro que parecía rastrillado por sus rayas de colores. En el horizonte gris plomo la descarga de rayos era continua: comprendí por fin el significado de los cúmulus que veía tras los cerros el día del ascenso en Tilcara.
Abra Pampa no es turístico. Es el punto de contacto entre la Puna y el resto del país. A los ojos de todos no tiene atractivo, pero para nosotras era puerta de entrada a lo que luego sabríamos como el mejor día del viaje. Pero en el momento todo era desilusión, porque desde la llegada fueron puros imprevistos: nos enteramos que no había transporte a la laguna hasta el día siguiente, y ante pedido de información nos mandaban a hablar con el cura.
El curita nos contó que era una pena que nadie promoviera allí el turismo, y nos dio indicaciones de como viajar y donde dormir. Nos alojó en habitaciones que tenía para la gente que bajaba de la Puna a comprar y volvía al día siguiente a sus hogares. De esas ciudades, Rinconada, cabeza de municipio, tenía nada más que 500 habitantes.
Fue allí donde conversamos con una señora viejita. Tenía las manos muy arrugadas, también su cara, estaba muy curtida por el sol y aún dentro de la habitación no se sacó el sombrero. Tenía el pelo blanco atado en un rodete, y hablaba suavemente, a veces no le alcanzábamos a entender. Cada una de nosotras llevaba una mochila de mano, el bolso grande y una o dos bolsas con comida. La señora llevaba el equivalente al equipaje de las 4 ella sola: cajas, bolsas, carteras... Nos contó las actividades de los collas, de qué viven, supimos que iría también a la Rinconada en el Burgos Bus de las 9.30 porque había bajado a hacer su compra mensual. Le preguntamos si necesitaría ayuda con los bultos y ella dijo que no.
Nos separaron de ella cuando nos dieron habitación, y todas nos consultábamos sobre la edad de la señora. Carmela decía que no debía ni saber... en ese momento se asomó con su sonrisa de oreja a oreja a ver si nos habíamos acomodado bien, y Paula se animó a preguntarle: "73 años!" contestó resuelta, y su sonrisa nos hizo pensar que había sido para ella el mejor piropo del mundo. Todas dijimos que nos gustaría verla cargar todos sus bultos a la terminal; "van a ver que mañana nos vamos a levantar, vamos a ir a la terminal y no la vamos a ver porque ella va a estar allí con todas las cosas" concluyó Sabrina.
Aprovechamos para recorrer y nos sumamos a la vida cotidiana de la puerta de la puna. Era una ciudad como no habíamos visto, en ella los collas vestían sus típicas ropas de colores vivos, en Buenos Aires diríamos que combinaban mal, colores que se daban de patadas, pero allá parecía normal y bello. Recorrimos el primer mercado no artesanal (léase no turístico) y allí me compré un sombrero para el sol. Cenamos en la esquina del hospedaje una docena de empanadas a $3 y una "Naranja Palau extra burbujeante". En la mesa vecina había una señora que nos contó que había recorrido el país, conocía Buenos Aires, Tucumán, nos dijo que la terminal de Salta estaba super linda... re amable la señora. Como todos allí, edad indefinida; nos quedamos con que tenía 8 hijos y varios nietos. Fue ella la que nos dijo que los jóvenes se van de allí... pero no dijo a donde. Tal vez fue mejor así...
Nos fuimos a dormir temprano, y aunque tratábamos de charlar nos dormíamos inevitablemente. Permanecimos vestidas porque la noche que amagaba super fría. De repente me desperté por el canto del feliz cumpleaños, y me acercaron un budín con un fósforo para que lo apagara: eran las 12 y acababa de empezar mi cumpleaños número 24. Me emocioné mucho, no me esperaba una sorpresa semejante!
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