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Perú

Escribe: dgdb
Despues de cinco meses viajando por Ecuador, me adentro en tierra santa en busca de nuevas experiencias...Cruzamos Aguas Verdes y llegamos al puesto fronterizo. Nos bajamos del bus y caminamos hasta las oficinas de sellado, rellenamos el formulario y hacer cola de nuevo...

 

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El Bosque de Piedras de Huayllay

Huayllay, Perú — jueves, 12 de agosto de 2010

A las 07.30 nos pusimos en movimiento poco a poco y nos alistamos para ir a pasar el día al Bosque de Piedras de Huayllay, considerado una de las 7 maravillas del Perú. A las 08.20 ya estábamos frente a la terminal de buses donde estaban los autos estacionados para ir a Huayllay.
 
Por 6.5 soles cada uno y en menos de una hora, estábamos en la puerta de ingreso al bosque. Como no había nadie en la oficina, caminamos hacia las nuevas instalaciones que están construyendo para alojar visitantes. A parte de un hotel, un restaurante y un auditorio, también están construyendo 20 cabañas con unas esplendidas vistas al bosque y estas, estarán ya listas para el mes de septiembre. Los precios de las cabañas oscilaran los 90 soles para 4 personas y cuando terminen el hotel (para final de año), habrá habitaciones desde 25 soles en adelante. Estuvimos tomando unas fotos por las instalaciones y con las mismas regresamos a la oficina.
 
Allí nos presentamos a la mujer que allí había y resultó ser la alcaldesa del centro poblado Canchacucho, que es donde esta exactamente el bosque de piedras, a 8 km de Huayllay. Estuvimos hablando con ella y con su sobrino casi toda la mañana. Como las horas transcurrían y ya íbamos justos para ver alguna de las 8 rutas que tienen disponibles, nos fuimos a ver la zona que tienen habilitada para hacer escalada. Hay para todos los gustos y niveles, y para su disfrute solo hay que pagar el ingreso, aunque dicen que lo tarificaran con el tiempo. El paisaje es una maravilla y sin necesidad de ir a las piedras con formas claras, se puede hacer uso de la imaginación y bautizar por tu cuenta, ya que hay una inmensidad de posibles parecidos.
 
Su extensión es de 6815 hectáreas y se halla a una altitud de entre 4400 y 4600 m.s.n.m, así que hay figuras para dar y tomar y paseos para aburrirse. El costo del ingreso es casi simbólico,  1 sol si pagas los servicios de guía y 5 soles si vas por tu cuenta. La tarifa del guiado depende de la ruta elegida, desde 20 soles de 1 a 4 personas por las más cortas y aumentan en 5 soles si el grupo es mayor. Si la ruta es de 2 días y una noche, 90 soles y hay que negociar el tema de la carpa y el alimento (depende de los caprichos). También se pueden alquilar caballos (desde 15 soles) o moto, conducida por el guía (desde 20 soles, y aumentando algo la tarifa si la ruta es más larga). Las rutas más cortas son las 3 primeras y las “autoguiadas” y para el que le guste andar tiene muchas alternativas.
 
Como se hizo la hora de la comida, entramos a comer los 4 a un restaurante cercano por 4.5 lucas el menú y por cierto, fue la primera vez que comemos carne en la sopa comestible. Por norma general esta como una piedra, pero esta daba gusto metérsela en la boca. Después de la comida y una amena sobremesa, muy amablemente nos proporcionó un vehículo con el que fuimos a visitar una de las rutas menos conocidas por ser de las más lejanas.
 
Recorrimos en el vehículo una media hora larga, entre carretera y pampa a través. El conductor que nos llevó me dio la sensación que estaba un poco verde, tanto en conducción campo a través como en conducción a secas. Como era una Pick up y en total éramos 6, yo decidí subirme en la parte del remolque y tomar el aire. Aquello parecía que era un monta a caballo, vaya trotes. Una mano a la cámara, la otra a las barras, las uñas de los pies clavadas en la chapa y a rezar para no salir despedido. Las vistas contrarrestaron lo anterior y aunque el aire era fresco, el sol pegaba con ganas (tengo la cara que parezco un oso panda, no me quito las gafas ni para dormir).
 
Nos bajamos del coche y comenzó la ruta. No sabíamos cuanto tendríamos que andar, pero las primeras montonadas de piedras estaban bastante alejadas. Nos cruzamos unos 3 km por la pampa  hasta empezar a bordear piedrotas y un rato más hasta llegar a la piedra del oso pardo. Para sacar los parecidos hay que tener imaginación, al menos en esta y lo que más llama la atención es sus 18 metros apoyados en una pequeña base.
 
Luego otro paseíto hasta otra piedra en forma de árbol, de dimensiones desorbitadas y desde ahí, caminamos otro tanto hasta una cueva a la que bautizamos “Cueva La Maru” en honor a la guía, alcaldesa, coordinadora, trabajadora y demás. Las subidas no eran muy pronunciadas, pero yo iba en zonas con la boca seca. Sin decir nada ni quejarme, miraba al gallo de vez en cuando y el tiraba sin protestar, pero hoy le está causando estragos, se lo noto en la cara.
 
Estuvimos sentados un rato para recobrar el aliento y de nuevo camino a la laguna que había a otros 2 km más o menos. Estaba repleta de totora, así que agua no se veía casi nada, pero se podía sentir, porque como no miraras bien donde ponías lo pies (en según qué zonas) acabábamos hasta los tobillos de fango. Ya desmayados de la caminata, pusimos rumbo al vehículo y justo en ese momento comenzó a granizar. Creo que era una lluvia vergonzosa, pero a esa altura las gotas se hacían hielo, así que capucha y a paso ligero a ponernos a buen recaudo.
 
Llegamos al carro y de nuevo a deshacer el camino. Esta vez, los seis dentro, no había ganas de mojarse. Cuando llegamos al recinto de la entrada al bosque, nos despedimos de Maruja y su sobrino y quedamos en regresar el día siguiente, ya que ahí nos podemos pasar varios días sin repetir rutas. Muy amablemente, el chofer y su compañero, nos acercaron hasta Huayllay porque desde allí podríamos tomar un carro colectivo que nos llevaran de nuevo a Cerro de Pasco. También nos podíamos aventurar a pararlo allí mismo en la carretera, pero corríamos el riesgo de que vinieran llenos y tener posibles problemas para regresar, así que mejor de este modo.
 
Llegamos a Huayllay en 10 minutos y con las mismas, agarramos otro carro que nos llevó de regreso a Pasco. Esta vez tardamos menos que en la mañana. Aquí necesitan un poco de educación vial, porque como les han puesto una muy buena carretera nueva, acortan en las curvas, adelantan donde no deben, en fin, como en casi todo Perú a diferencia que se creen que esto es un circuito. Después del tramo llegamos sanos y salvos al destino.
 
Como aun nos quedaba fruta en la habitación y no teníamos ganas de nada (hoy estamos rotos, después de casi 9 km campo a través) nos compramos un poco de leche (la sustituta del ron) con la que mojar el pan y a descansar que mañana aun nos queda otro poco.

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Últimos comentarios

Pattypei dice:
tu no tienes hambre???...en todos tus otros diarios respetas las horas de las comidas...que raro??
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dgdb dice:
La altitud me cerrará el estomago jajajaja
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hernanPerez dice:
jajaja..es verdad..es de terror como manejan los choferes en Perú..y también en Ecuador.Saludos
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dgdb dice:
En el primer puesto de los temerarios se dan la mano, pero espera!!! aun queda Bolivia que tambien hay fama.
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rioseco dice:
Hay cosas, a las que uno no se acostumbrar
ni se quiere acostumbrar. Mucha suerte

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