Diarios de viaje > Huaraz, América del Sur
Desde el nevado de los sueños, Vallunaraju 2009
Escribe: iechega
Una crónica sobre mi viaje a Huaraz en Noviembre de 2009 y posterior ascensión al nevado Vallunaraju de 5686 msnm
Porqué escalar una montaña siendo peruano
Huaraz, Perú — lunes, 16 de noviembre de 2009
Curiosamente, es raro encontrar peruanos cerca de las altas cumbres que no trabajen como guías, porteadores, arrieros o cocineros. Es así que si por estadística fuera, los peruanos suben a las montañas para ganarse la vida. Para el peruano de la gran ciudad, el alpinista o incluso el caminante es visto como excéntrico por no decir un sujeto con algo mal en la cabeza.
Como tantas cosas en la vida, las ideas que tienen el común de la gente sobre el montañismo tienen algo de verdad y a la vez están equivocadas.
Cada montañista va a la montaña por algún motivo específico: el récord (Ed Viesturs, el único americano que hizo cumbre sin oxígeno en todos los 14 ochomiles), el reto del primer ascenso (Joe Simpson y Simon Yates en Siula Grande) o simplemente porque sí (Sir Edmund Hillary en el Everest).
En mi humilde caso, las montañas me traen la anhelada paz, me acercan a Dios (a pesar de ser obstinadamente agnóstico) y me proporcionan simplicidad en medio de lo complicado de la vida diaria. Al final de la historia todo se reduce a trazarse una meta clara, preparar el proyecto y llevarlo a cabo de la mejor manera posible. Dar el siguiente paso, al final el mundo se reduce a eso, a dar el siguiente paso.
Los campos base de los nevados de la Cordillera Blanca son lugares verdaderamente internacionales, parecidos a los terminales aéreos. Uno se encuentra con vascos, catalanes, australianos, franceses, eslovenos y hasta holandeses y brasileños. Unos experimentados en busca de abrir una nueva ruta de excepcional dificultad y otros como yo, en búsqueda de su primera cumbre importante.
Como tantas cosas en la vida, las ideas que tienen el común de la gente sobre el montañismo tienen algo de verdad y a la vez están equivocadas.
Cada montañista va a la montaña por algún motivo específico: el récord (Ed Viesturs, el único americano que hizo cumbre sin oxígeno en todos los 14 ochomiles), el reto del primer ascenso (Joe Simpson y Simon Yates en Siula Grande) o simplemente porque sí (Sir Edmund Hillary en el Everest).
En mi humilde caso, las montañas me traen la anhelada paz, me acercan a Dios (a pesar de ser obstinadamente agnóstico) y me proporcionan simplicidad en medio de lo complicado de la vida diaria. Al final de la historia todo se reduce a trazarse una meta clara, preparar el proyecto y llevarlo a cabo de la mejor manera posible. Dar el siguiente paso, al final el mundo se reduce a eso, a dar el siguiente paso.
Los campos base de los nevados de la Cordillera Blanca son lugares verdaderamente internacionales, parecidos a los terminales aéreos. Uno se encuentra con vascos, catalanes, australianos, franceses, eslovenos y hasta holandeses y brasileños. Unos experimentados en busca de abrir una nueva ruta de excepcional dificultad y otros como yo, en búsqueda de su primera cumbre importante.
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Capítulos de este diario
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1
Los últimos pasos
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2
Un guía con historia
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3
Porqué escalar una montaña siendo peruano
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4
Fracaso en Arequipa: El Chachani
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5
El viaje y llegada a Huaraz, a poner el plan en acción
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6
Quilcayhuanca, la historia de un potrillo
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7
De vuelta en Huaraz
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8
La quebrada Llaca y la pequeña Antártida
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9
Al campo base
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10
El camino a la cima
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11
El trabajoso descenso
En Huaraz...
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