Diarios de viaje > Huaraz, América del Sur

Desde el nevado de los sueños, Vallunaraju 2009

Escribe: iechega
Una crónica sobre mi viaje a Huaraz en Noviembre de 2009 y posterior ascensión al nevado Vallunaraju de 5686 msnm

 

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El trabajoso descenso

Huaraz, Perú — lunes, 16 de noviembre de 2009

El descenso de la cumbre de una montaña es en realidad más complicado que subir a la cumbre. Cuando uno sube, la motivación es grande y casi romántica, poner el pie en la cumbre, cumplir con el objetivo trazado.

Bueno, la bajada tiene como motivación algo más terrenal, como es bajar en una pieza.  Es parte importante de la técnica de un buen alpinista guardar reservas para la bajada y no quemar todo en la subida. Como alguna vez escuche en algún documental sobre el Everest: "Llegar a la cima es opcional, regresar al campo base es obligatorio"Apenas comencé a bajar (esta vez yo en punta, como mandan los cánones del alpinismo, el novato va adelante cosa que si algo pasa, el experto lo puede salvar) me di cuenta del efecto que tienen el sol sobre la antes consistente nieve. La nieve se pone más suave, no sólo se desmorona al pisarla sino que se pega a los grampones. Esto hace que cada cuatro pasos se forme un patín de hielo que dificultan el caminar y aumentan las probabilidades de resbalarse. 

Eso fue justamente lo que me pasó a mitad de la bajada de la arista cimera. Me resbalé y parte del pequeño pedazo donde estaba parado colapsó y quedé colgado de la soga y con un pie en un pequeño pedazo de nieve que se iba deshaciendo poco a poco. El piolet clavado en la mazamorra de nieve de la arista no era mucha seguridad tampoco. ¿Y ahora qué hago? Me preguntaba ¡Párate! Gritaba desde arriba Wilder. ¡No puedo! Respondía yo Y de verdad no podía de puro torpe. La soga me jalaba hacia la izquierda y tenía que cruzar mi pie izquierdo hacia la derecha. Estaba hecho un nudo. Eventualmente atiné a enderezar las piernas y poner el pie izquierdo en la huella que estaba más adelante y pude dar un par de pasos más. Wilder me explico que tenía que sacar el hielo de los grampones y pisar bien. Esto era exasperante porque si pisaba bien, los grampones se llenaban de nuevo de hielo, así que era así. Cuatro pasos, golpes con el piolet a los grampones, y así. El avance se hacía lentísimo.

Eventualmente salimos de la arista y llegamos al collado. Esta vez, pasar la grieta fue más fácil y pasamos de un solo salto en la bajada.  Como temía, las nubes llegaron al Vallunaraju y comenzó a caernos nieve. El problema con la nieve fresca es que tapa la huella y eso es lo que comenzó a pasar más rápido de lo que creía. Como yo iba liderando y sólo me guiaba por la huella, no encontraba el camino en medio de la nieve. Wilder, con la paciencia de un santo me iba señalando por donde tenía que ir. Eventualmente y con más esfuerzo del que quiero poner en relatarlo, llegamos al final de glaciar y a la roca.

Nunca estuve más feliz de pisar roca sólida. Fue ahí, sentado sacándome los grampones, que me di cuenta de los efectos que la altura había tenido en mí. Me sentía con la cabeza liviana, no mareado sino como que volaba. Incluso en un momento me perdí en el camino entre las rocas de bajada al campo base. Llegamos como a las 11 AM al campo base. Nos había tomado casi lo mismo subir que bajar. Por suerte en la cumbre del Vallunaraju se alcanza a captar señal de celular y Wilder pudo llamar a una movilidad que nos recogiese ese mismo día, así que luego de tomarnos una infusión en el campo base, levantamos campo y nos dirigimos de vuelta a la quebrada Llaca donde nos esperaba nuestra movilidad.

 Bajé tranquilo por el empinado camino de vuelta, aunque por momentos sentía de nuevo que la cabeza me volaba, ante lo cual forzaba la respiración y me sentía mejor.  El chofer, amigo de Wilder, me ayudó con la mochila los últimos 300 metros. Cuando llegué a la carretera y caí en la camioneta dormido al instante y de acuerdo al chofer, ronqué sonoramente.

Llegando a Huaraz, lo único en que podía pensar era en medio pollo a la brasa, una cerveza, mi regreso a Lima, mi esposa y mis hijos. Antes de irme de Huaraz, agradecí a Wilder por toda su ayuda.

Él me regaló un cordino para que fuese aprendiendo nudos para la próxima aventura. Mientras escribo estas líneas tengo aquel cordino amarillo convertido en un Prussik loop gracias a un nudo pescador doble.

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Últimos comentarios

DmenteJaZ dice:
Que buena aventura has vivido, lei todo y te felicito esta muy bueno tu diario. Si podrias dar los datos del guia que te ayudo en todo, soy bastante de trekking pero espero para el otro año hacer mi primer nevado...Saludos.
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iechega dice:
Gracias! A Wilder le puedes escribir a ywilder144@hotmail.com, escríbele nomás que es bien buena gente y te explica lo que necesitas saber, paciencia con las respuestas porque a veces está escalando y no contesta...Saludos
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