Diarios de viaje > Huaraz, América del Sur
Desde el nevado de los sueños, Vallunaraju 2009
Escribe: iechega
Una crónica sobre mi viaje a Huaraz en Noviembre de 2009 y posterior ascensión al nevado Vallunaraju de 5686 msnm
El camino a la cima
Huaraz, Perú — lunes, 16 de noviembre de 2009
Fue muy fácil levantarme a las dos de la mañana porque de nuevo no pude dormir nada. Wilder me ofreció un mate de coca y procedimos a subir hacia el glaciar. Subir de noche era bastante más complicado especialmente porque un lente de contacto se me había caído en la carpa y lo tuve que poner en su estuche dentro de mi casaca hasta que se rehidratase, así que estuve medio ciego hasta que llegamos al glaciar.
Ya con los dos ojos útiles, procedimos a subir esa primera parte que me costó tanto trabajo la tarde anterior. El tiempo sentado colocándome los grampones y asegurando la cuerda al arnés no ayudó mucho porque me dio bastante frío ya que no iba especialmente abrigado.
Para mi mala suerte a mitad de esta primera subida se me salió el grampón del pie izquierdo así que tuve que subir cojo. Pero con ayuda de Wilder conseguí subir y asegurarme.
Wilder bajó rápidamente y me trajo el grampón caído. Luego de este pequeño percance (¿qué pasa si se cae el bendito grampón en una zona más comprometida?), comenzamos la travesía en medio de un paisaje iluminado por nuestras frontales y tenuemente por un cuarto creciente así como las estrellas abundantes.
Esta iluminación causaba que la superficie de la nieve brillara por momentos, caminar por este paisaje era casi como estar en la Luna, ya alcanzado mi ritmo de caminata, comencé a disfrutar enormemente. Además mi primera cordada estaba funcionando bien, teníamos nuestro sistema para comunicarnos y descansar.
Después de un par de horas caminando, a eso de las cuatro y media, comenzamos a acercarnos a las zonas donde había más grietas, algunas de ellas muy visibles y amenazadoras. Otras ocultas y realmente más peligrosas justo porque pueden engañar al ojo del alpinista novato. Sin embargo, por algún motivo la fascinación por estos paisajes de otro mundo superaban ampliamente cualquier reparo que tuviese por los peligros del camino.
A las cinco de la mañana comenzamos a ver las primeras luces del amanecer y también las dos cumbres del Vallunaraju, casi al alcance de la mano. Wilder me había explicado que justamente la última parte del ataque a la cumbre Norte era la más complicada y que como seguridad pondríamos estacas por si algo saliese mal.
Antes del llegar al collado que separa a las dos cumbres, encontramos la grieta que había demorado a las chicas que subieron el día anterior. Se notaban las pisadas por todos lados que delataban las dudas y el tiempo que estuvieron ahí sin saber que hacer. No había como rodear la grieta así que la única opción era saltar sobre ella. Yo estaba seguro de poder saltar porque no tendría más de un metro y medio de ancho, de lo que no estaba seguro era de la consistencia de los bordes de la grieta. Wilder tampoco estaba seguro de eso y procedió a saltar la grieta y subir la cuesta que estaba a continuación. Allí colocó una estaca como seguridad y me pidió que salte.
Uno...Dos...¡Tres! En el momento en que salté Wilder jaló de la cuerda, dándome un impulso extra de manera que aterricé más de un metro más allá de la grieta y comencé a subir la cuesta rápidamente, posiblemente al rush de adrenalina del salto. En un dos por tres había llegado a la estaca y sólo una pequeña travesía nos separaba del collado. Una vez llegados al collado, Wilder me contó que el se iba a adelantar para poner otra estaca por seguridad.
-Ismael, vas a caminar por el mismo sitio donde veas mis pisadas. Por ningún motivo mires hacia la derecha, no vaya a ser que te asustes.
-¿Qué, hay un precipicio?
- Sí ¿Tú no eres miedoso no?
La verdad es que para ese momento, tenía completa confianza en Wilder y cuando me dio el vamos, comencé a subir con mucha seguridad por la arista cimera y no me tomó mucho tiempo hacer cumbre. ¡Por fin había hecho mi primera cumbre en un nevado y nada menos que en la Cordillera Blanca! Atrás había quedado el fracaso del Chachani y quedaba empequeñecida mi subida al Monte Meiggs con los chicos de Camycam a principios de año. Pero tan pronto estuve en la cumbre algo extraño pasó.
Inmediatamente comencé a pensar en como haríamos para bajar, ya eran las 7:30 de la mañana y el sol no demoraría en cambiar la consistencia de la nieve, además de eso las nubes se veían amenazantes y toda la noche se estuvieron prendiendo con luces de relámpagos que presagiaban al menos una nevada durante nuestra bajada. Luego de las fotos de rigor, intenté olvidarme por cinco minutos de las preocupaciones de la bajada y me concentré en escuchar como Wilder me enumeraba a los nevados que podíamos ver, entre ellos el Ishinca y el Urus, motivo de mi proyecto para el 2010.
Ya con los dos ojos útiles, procedimos a subir esa primera parte que me costó tanto trabajo la tarde anterior. El tiempo sentado colocándome los grampones y asegurando la cuerda al arnés no ayudó mucho porque me dio bastante frío ya que no iba especialmente abrigado.
Para mi mala suerte a mitad de esta primera subida se me salió el grampón del pie izquierdo así que tuve que subir cojo. Pero con ayuda de Wilder conseguí subir y asegurarme.
Wilder bajó rápidamente y me trajo el grampón caído. Luego de este pequeño percance (¿qué pasa si se cae el bendito grampón en una zona más comprometida?), comenzamos la travesía en medio de un paisaje iluminado por nuestras frontales y tenuemente por un cuarto creciente así como las estrellas abundantes.
Esta iluminación causaba que la superficie de la nieve brillara por momentos, caminar por este paisaje era casi como estar en la Luna, ya alcanzado mi ritmo de caminata, comencé a disfrutar enormemente. Además mi primera cordada estaba funcionando bien, teníamos nuestro sistema para comunicarnos y descansar.
Después de un par de horas caminando, a eso de las cuatro y media, comenzamos a acercarnos a las zonas donde había más grietas, algunas de ellas muy visibles y amenazadoras. Otras ocultas y realmente más peligrosas justo porque pueden engañar al ojo del alpinista novato. Sin embargo, por algún motivo la fascinación por estos paisajes de otro mundo superaban ampliamente cualquier reparo que tuviese por los peligros del camino.
A las cinco de la mañana comenzamos a ver las primeras luces del amanecer y también las dos cumbres del Vallunaraju, casi al alcance de la mano. Wilder me había explicado que justamente la última parte del ataque a la cumbre Norte era la más complicada y que como seguridad pondríamos estacas por si algo saliese mal.
Antes del llegar al collado que separa a las dos cumbres, encontramos la grieta que había demorado a las chicas que subieron el día anterior. Se notaban las pisadas por todos lados que delataban las dudas y el tiempo que estuvieron ahí sin saber que hacer. No había como rodear la grieta así que la única opción era saltar sobre ella. Yo estaba seguro de poder saltar porque no tendría más de un metro y medio de ancho, de lo que no estaba seguro era de la consistencia de los bordes de la grieta. Wilder tampoco estaba seguro de eso y procedió a saltar la grieta y subir la cuesta que estaba a continuación. Allí colocó una estaca como seguridad y me pidió que salte.
Uno...Dos...¡Tres! En el momento en que salté Wilder jaló de la cuerda, dándome un impulso extra de manera que aterricé más de un metro más allá de la grieta y comencé a subir la cuesta rápidamente, posiblemente al rush de adrenalina del salto. En un dos por tres había llegado a la estaca y sólo una pequeña travesía nos separaba del collado. Una vez llegados al collado, Wilder me contó que el se iba a adelantar para poner otra estaca por seguridad.
-Ismael, vas a caminar por el mismo sitio donde veas mis pisadas. Por ningún motivo mires hacia la derecha, no vaya a ser que te asustes.
-¿Qué, hay un precipicio?
- Sí ¿Tú no eres miedoso no?
La verdad es que para ese momento, tenía completa confianza en Wilder y cuando me dio el vamos, comencé a subir con mucha seguridad por la arista cimera y no me tomó mucho tiempo hacer cumbre. ¡Por fin había hecho mi primera cumbre en un nevado y nada menos que en la Cordillera Blanca! Atrás había quedado el fracaso del Chachani y quedaba empequeñecida mi subida al Monte Meiggs con los chicos de Camycam a principios de año. Pero tan pronto estuve en la cumbre algo extraño pasó.
Inmediatamente comencé a pensar en como haríamos para bajar, ya eran las 7:30 de la mañana y el sol no demoraría en cambiar la consistencia de la nieve, además de eso las nubes se veían amenazantes y toda la noche se estuvieron prendiendo con luces de relámpagos que presagiaban al menos una nevada durante nuestra bajada. Luego de las fotos de rigor, intenté olvidarme por cinco minutos de las preocupaciones de la bajada y me concentré en escuchar como Wilder me enumeraba a los nevados que podíamos ver, entre ellos el Ishinca y el Urus, motivo de mi proyecto para el 2010.
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Capítulos de este diario
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Los últimos pasos
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Un guía con historia
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Porqué escalar una montaña siendo peruano
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Fracaso en Arequipa: El Chachani
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El viaje y llegada a Huaraz, a poner el plan en acción
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Quilcayhuanca, la historia de un potrillo
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De vuelta en Huaraz
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La quebrada Llaca y la pequeña Antártida
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9
Al campo base
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10
El camino a la cima
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El trabajoso descenso
En Huaraz...
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