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Belice: edén de esparcimiento (Parte I)

Escribe: Nocturna
En Belice todo es relajado. La prisa no existe, s cosas van a su propio ritmo y el tiempo no es un factor a tener en cuenta. Mientras su costa roza las transparentes aguas caribeñas y su corazón acoge las culturas de las tierras colindantes, la ciudad perdida de los mayas es un caprichoso paraíso en donde el viajero puede perderse y reencontrarse con un pasado fascinante.

 

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Hopkins

Hopkins, Belice — miércoles, 3 de marzo de 2010

Llegar a Hopkins, el más garífuna de los pueblos beliceños, es como entrar en otro mundo: numerosas casas destartaladas construidas, sin orden alguno, sobre pilotes de madera, se esparcen entre la solitaria carretera y la inacabable playa de arenas blancas de coral. Allí suena la marimba, mientras los negros bailan la punta, arrastrando los pies y moviendo frenéticamente las caderas.

La comida, el idioma, de resonancias africanas, el color de la piel y las voluminosas redondeces de las matriarcas garífuna nos hablan de otros tiempos y nos regalan la inapreciable estampa viva de una cultura que apenas suma 8.000 individuos repartidos en pequeñas comunidades por el golfo de Honduras y que la UNESCO ha declarado recientemente Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

Publicado el 3/mar/2010, 15.37
Modificado el 3/mar/2010, 17.37
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