Islandia 2008
Escribe: Gato_perplejo
Esto es lo que me decía mi compañera Bea cuando le dije que nos veníamos a Islandia. Y claro, le doy la razón, en Cádiz se está de lujo, hace calor, hay playitas, el pescaíto... Pero uno de mis sueños desde hace tiempo es visitar Islandia, un país tan atractivo como desconocido. Una isla que en invierno es imposible visitar debido al durísimo clima, así que ahora en verano es la época ideal para volar hasta Reykiavjk, alquilar un coche y recorrer el país durante 11 días con Clar
El triángulo de oro
Gullfoss, Islandia — martes, 29 de julio de 2008
Inevitablemente nos volvemos a levantar a las ocho. No hay manera de llegar a las nueve durmiendo, ni siquiera estos días que hacemos menos kilómetros y vamos más relajados.
El antifaz me protege de la luz, pero cuando llega esta hora uno de los dos se despierta y empezamos la marcha.
No he comentado que este año hemos traído sacos de dormir. El año pasado, en el viaje al Círculo Polar, llevamos nuestras sabanas por que muchos albergues no admitían sacos, pero antes de venir me informé y aquí no había problema. He de decir que, por supuesto, dormimos con él en camas, no en el suelo como se imaginara la gente. Y también que me parece más cómodo y limpio que llevar nuestras propias sábanas, que por cierto el año pasado dejamos allí en la última etapa.
Desayunamos tranquilamente mientras la alemana simpática recoge sus cosas. Nos regala sus botas de lluvia que asegura sólo ha usado una vez y las aceptamos encantados, aunque como son un 38 ni a Clara ni a mi nos vienen, así que acabaremos dejándolas en el hostel por si alguien las puede aprovechar.
El sol parece que quiere abrirse paso entre las nubes, así que guardamos el polar pero dejamos a mano el chubasquero por si las mosquis.
Nos ponemos en marcha hacia el norte para visitar Geyser y Gullfoss. Llegamos enseguida a Geyser, una zona como ya habréis imaginado donde abundan los geysers, esos agujeros que expulsan hacia el cielo chorros de agua hirviendo cuando entran en ebullición. En la zona habrá unos 15, todos humeando y de diferentes tamaños. Pero la visita se torna un poco decepcionante, porque el mayor de todos, que lanzaba el agua a más de 60 metros de altura, ahora sólo es un gran cráter rebosante de agua caliente hasta el borde, pero si ningún tipo de propulsión. ¿Y por qué, os preguntareis? Nada temáis, yo os responderé. Como las propulsiones de líquido eran aleatorias y el turista es un ser despreciable que no tiene nada que hacer pero al que no le gusta esperar, la gente empezó a echar cosas dentro del cráter para provocar los chorros de agua. Al principio fueron sólo piedras, hasta que a algún listo con conocimientos de química se le ocurrió echardetergente.
Como la cosa tuvo éxito no sólo las manadas de turistas lo imitaron, sino que el gobierno celebraba los fastos de la constitución de la República de Islandia echando grandes cantidades de detergente para provocar enormes chorros de agua apoyados con fuegos artificiales.
Evidentemente los ecologistas pusieron el grito en el cielo pero ya era tarde. Para cuando el gobierno decidió prohibir estas barbaridades, el gran Geyser (cuyo nombre denomina a estos fenómenos por todo el mundo) había dejado de emitir su enorme chorro, y así sigue.
Afortunadamente hay otro geyser llamado Strokkur, que cada cinco minutos lanza su chorro a 20 metros de altura sin necesidad de detergente y así los turistas podemos quedarnos en vilo con nuestras camaritas hasta que bufe de nuevo.
Hacemos alguna comprita en la tienda de souvenirs y seguimos ruta hasta las cercanas cataratas de Gulfoss. A estas alturas ya hemos visto tantas y tan bonitas que las afronto sin mucha ilusión, dudando de que puedan impresionarme. Me equivoco; las cataratas son espectaculares, pudiendo acercarnos hasta el mismo borde para contemplar su triple salto de agua y el valle a donde va a parar el río.
Volvemos por donde hemos venido y enfilamos en dirección a la capital pasando por el tercer vértice del triángulo de oro: Dinguellir. Se trata de la región más histórica del país, ya que en ella (hoy parque nacional), los jefes vikingos empezaron a celebrar en el año 1000 d.C. las primeras reuniones de clanes que desembocarían en la constitución de un parlamento que se reuniría una vez al año. Todo esto, por supuesto, al aire libre, en un valle junto al sitio exacto donde se puede apreciar como las placas tectónicas americana y euro-asiáticas se separan un poco más cada año provocando el alejamiento de los continentes. No me digáis que no se aprenden aquí más cosas que en Marina D´or (ciudad de vacaciones).
El lugar está perfectamente acondicionado para soportar grandes visitas de turistas sin que pierda su carácter histórico, ya que prácticamente todo es campo donde se van indicando los distintos procesos que tenían lugar en la época. Una visita muy interesante en un entorno privilegiado.
Antes de llegar a Dinguellir hemos parado en uno de los miradores de la carretera para comer un pic-nic. El día se ha despejado por completo y rondamos los 20 grados, así que hacemos cambio de ropa para adaptarnos al clima. Desde el mirador vemos una buena parte del parque, así como el Dinguellirvatn, el lago más grande de Islandia.
Durante el paseo por Dinguellir el sol aprieta y tenemos que remangarnos los pantalones, increíble pero cierto, un día totalmente veraniego.
Son ya cerca de las cuatro y emprendemos el camino hacia la capital. Poco a poco el paisaje va cambiando y cada vez vemos más casas, gasolineras y algún centro comercial: nos acercamos a la “civilización”. Aún así Reykjavik no tiene mucho que ver con ninguna capital europea, sobre todo por su población, unos 150.000 habitantes.
Llegamos sin problemas al hostel, pero antes paramos a echar gasolina por que nos dieron el depósito lleno y así hay que devolverlo. Esto es una gran putada. Dejarlo vacío es muy fácil, pero dejarlo lleno sin la sensación de que te pasas es complicado. Y eso es lo que nos pasa: le echamos 2200 kr y nos quedamos cortos. Aparcamos en el parking del hostel, hacemos el check in pero esta vez no hay suerte y no podemos conseguir habitación doble. El albergue luce de otra forma con el buen tiempo, hay un ambiente internacional tremendo y las instalaciones son fantásticas, incluido un café llamado Don Kikotti (don Quijote). Soltamos los sacos en las literas que hay vacías y como el día continúa bueno decidimos ir a una de las mejores piscinas de la ciudad, que está justo detrás del hostel.
Pagamos la entrada que son sólo tres euros por cabeza y me quedo alucinado con las instalaciones. En la entrada puedes comprar desde bañadores, a crema solar, gafas o bocadillos. También alquilar toalla si no has traído. Hay bolsas de plástico para envolver tus zapatillas y meterlas en las taquillas. Entro al vestuario y alucino con sus dimensiones; como las taquillas están numeradas veo que hay 476 y duchas no tantas pero no hay aglomeración de gente. Además son todas comunales y me sorprende ver a padres acompañados de sus hijas de 5 años con toda normalidad.
En el vestuario hay además secadores de libre uso, báscula electrónica y hasta una máquina para secar los bañadores en 10 segundos. ¿Habéis leído bien? ¡Una máquina para secar los bañadores! ¿Por qué nadie me había dicho nunca que existía esa maravilla? En el reportaje de El País Semanal de hace unos meses hablaba de que los islandeses eran el pueblo más feliz. ¿Como no van a serlo, si tienen máquinas para secar los bañadores? Pasamos dentro y seguimos alucinando.
Hay una piscina cubierta de competición, y al aire libre otra, conectada con otra más pequeña. Todas de agua caliente, claro, aquí todas lo son en invierno y en verano, por que en invierno siguen abiertas. Además hay toboganes para los niños y en las piscinas flotan corchos con formas de cocodrilos, dados, etc, para que niños y mayores los usen. Alrededor de las piscinas principales hay unas pequeñas circulares con asientos a diferentes temperaturas: 38, 40, 42 y 44 grados. Después de un baño largo en la grande y de tomar un rato el sol probamos las pequeñas, pero nos plantamos en la de 42 grados, que ya es bastante. El termómetro marca 26 grados, el récord absoluto desde que estamos aquí. Rematamos la faena en la sauna, que tiene una temperatura considerable y una ducha fría en el vestuario.
Sin embargo, lo que más me alucina de todo es el horario: de 6:30 a 22:30 todo el año, los fines de semana “solamente” de 8:00 a 20:00. Al salir de la piscina vemos en el mismo edificio el mayor gimnasio que he podido ver nunca, y al lado un estadio de atletismo. Y comenté ayer que en todos los pueblecillos había tremendas instalaciones, pero lo de hoy se lleva la palma. Y todo por tres, euros, como la de La Roda....
Volvemos al hostel dando un paseo y decidimos completar las dos rayejas de gasolina que nos faltan para devolverlo lleno. Clara piensa que con 500 kr será suficiente. Se las pongo en el surtidor, arrancamos y la aguja casi ni se mueve. Le pongo otras 1000 y queda a tope, ya nos hemos pasao, joder.
Para bajarla un poco y como aún es pronto para cenar, cogemos el coche y nos demos una vuelta por el centro. Nos paramos en un semáforo de peatones y los propios peatones nos dicen que continuemos. Extrañados lo hacemos, y dos semáforos más adelante nos pasa algo parecido: la luz está roja, no hay peatones y la conductora de un coche que está en el carril opuesto nos dice que avancemos. No me preguntéis por qué, no lo entendemos.
Aparcamos en pleno centro y con un pequeño paseo apreciamos que es una bonita ciudad, con el toque tradicional islandés y la modernidad nórdica. Vemos tiendas y restaurantes muy chulos que visitaremos sin descanso a partir de mañana.
Volvemos al hostel para dar muerte a nuestras últimas provisiones. Ahora estamos escribiendo en el gran salón mientras la gente se descojona viendo en pantalla gigante “Meet the Fockers”, o sea, Los padres de ella. Nos hemos encontrado aquí con gente con la que habíamos coincidido en otros hostels y que también están al final de su viaje. Nosotros disfrutaremos a tope de lo que nos queda.
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Últimos comentarios
aleburin dice:
Tu diario es genial! Me encantó. Ojalá sigan viajando asi leo más
Ah! Feliz boda!!!
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Gato_perplejo dice:
Muchísimas gracias Aleburín. El diario es de 2008, pero te agradezco tus felicitaciones!!
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Capítulos de este diario
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A Islandia pasando por Londres
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Reikiavik y en ruta
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Y por fin, el sol...
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Bajando por los fiordos del este
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El triángulo de oro
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Vaya calor en la ciudad!
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¡Hasta pronto, Islandia!
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En Gullfoss...
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