El viaje en bus hasta Guilin es largo pero el paisaje no tiene desperdicio una vez que comienzan a divisarse las montañas picudas.
La ciudad es muy luminosa y viva, con una gran avenida repleta de tiendas con falsificaciones de todo tipo a precios de risa.
Calles de Guilin en el día de la fiesta nacional
Cenamos en un restaurante con barbacoa en la calle Zhengyan Lu, aunque el olor que llegaba desde la barbacoa hace que se me pase un poco el hambre, por lo que pido unas patatas fritas y una cervecita.
A la mañana siguiente vamos a visitar el
Solitary Beauty Peak que, por el dinero que cobran al entrar, no merece la pena, sí así el
Folded Brocade Hill, que es más barato y tiene unas vistas muy bonitas.
Un paseo por la ribera del río Li hace que pares cada dos por tres a hacer fotos de todo lo que pasa dentro y fuera del cauce. Utilizan el ancho del río para hacer largos de natación sorteando los barcos que pasan. Otros lo hacen entre pilar y pilar de un puente. Es todo muy curioso.
De vuelta y después de comprar unos billetes en una agencia de viajes para hacer el crucero a Yangshuo por el río Li desde Guilin, hemos estado haciendo fotos de la Moon Pagoda en el Shan Lake y por el mercado nocturno de la calle Zhengyang Lu donde un chinito tenía la increíble habilidad de modelar la cara de cualquiera sobre una bola de plastilina.
Entrando en una librería de la misma calle hemos coincidido con una chinita que estaba comprando el "manual de aprendizaje de la lengua española" con lo que hemos hecho muy buenas migas con ella e incluso nos ha llevado a cenar a un restaurante que conocía. Se llama Elle Jiang.