Utopía en verde esmeralda

Escribe: Gyogananda
Diario de un viaje al Ecuador, para construir una escuela en un pueblecito llamado San Pedro de Atascoso, provincia de Manabí.

 

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Prolegómenos

Guayaquil, Ecuador — viernes, 29 de julio de 2016

PROLEGÓMENOS 

El día en el que mi amigo Juan Ayuso me llamó por teléfono para preguntarme si quería apuntarme a una nueva aventura viajera, no pude resistir la tentación de responderle afirmativamente a pesar de que no me encontraba en la mejor situación para ausentarme de mi casa. Era un momento en el que mi suegro y mi cuñado no se encontraban precisamente en el mejor momento en cuanto a la salud. Se trataba de ausentarme unos tres meses para viajar hasta la República del Ecuador, para colaborar con una ONG en la construcción de una escuela en un lugar perdido de Dios, en medio de la selva ecuatorial llamado San Pedro de Atascoso. Explanada central del pueblito… San Pedro de Atascoso es un asentamiento en la selva ecuatorial, en la provincia de Manabí, cantón de Choné y parroquia de Santa Rita. 

Cuenta con unos seiscientos habitantes distribuidos en un extenso territorio, lo que hace que la mayoría de las familias vivan prácticamente aisladas, exceptuando el pequeño núcleo de San Pedro de Atascos, a orillas del rio del mismo nombre. Cuenta con una iglesia (sin párroco), una escuela ruinosa, la casa-cantina de Chano y su familia, la casa de don Euclides y doña Carmen, padres de Chano, y cinco o seis casas más, vacías y cerradas, excepto la “piladora”, una casa en la que Chano tiene instalado un artilugio para descascarillar el arroz que cultivan los vecinos y él mismo. 

Javier en el Rio San Pedro… A pocos metros de las casas corre (si así puede llamarse al agua que circula lentamente por el cauce) el Rio San Pedro, origen de la única agua de la que vamos a disponer estos tres meses que nos esperan, para lavar la ropa, para lavarnos nosotros, para cocinar y para beber, después de hervirla dos veces por precaución. Las casas están dispuestas en forma de U, cuya parte central es un gran espacio vacío, si exceptuamos una cancha de balón volea y una explanada donde cada tarde se juega un partido de futbol. San Pedro de Atascoso se halla situado en un territorio denominado “La Manga del Cura”, entre cerros, bosque y cultivos, sobre todo de plátano… Para llegar, se sale de la ciudad de El Carmen, cercana en la distancia, pero lejanísima en dificultades de acceso. 

Después de entre cuatro y ocho horas de viaje, cosa que depende de muchas variables, en una vieja ranchera, por caminos llenos de baches, barro, polvo y piedras, después de cruzar el Río del Oro, en una balsa impulsada por un barquero en su pequeño bote a motor, abarloado a la gabarra; después de cruzar cuatro o cinco cursos de agua más o menos caudalosos, y después de mucha paciencia y abnegación, se llega a San Pedro de Atascoso, siempre que no haya llovido recientemente, ya que entonces se debe proseguir a lomos de caballerías tres o cuatro horas más, pues el barro que se forma con la lluvia es infranqueable para cualquier vehículo. En el año 2009, la Asociación Internacional de Sanitarios en España (AISE) construyó en San Pedro de Atascoso un sub centro de salud, asistido por profesionales de AISE, que se van turnando por periodos de dos o tres meses, dependiendo de la disponibilidad de tiempo libre de cada uno de ellos en sus países de origen. 

La gente del lugar solicitó a AISE que llevara a cabo las gestiones pertinentes para poder edificar un nuevo edificio destinado a escuela, para sustituir al existente, viejo y ruinoso, en el que se hacinan cuarenta niños y niñas desde los cuatro a los doce años, juntos y revueltos en una sola aula, lo que dificulta enormemente la labor educativa por parte de los docentes. Sub centro de Salud La primera toma de contacto con la organización tuvo lugar en Valencia con Pepi y Ana. Ellas habían sido las que llevaron a cabo la ejecución del sub-centro de salud y eran las responsables de SPDA ante AISE. Nos pusieron en antecedentes. Se trataba de construir una escuela con dos aulas, para racionalizar el reparto de alumnos en edades y conocimientos… Pasamos al capítulo de los recursos, a saber: En San Pedro de Atascoso nos proporcionarían cobijo, cama, comida y mano de obra para la edificación de la escuela. 

El ayuntamiento de Chone (capital de cantón) nos iba a proporcionar cinco mil dólares en materiales y AISE Valencia (es decir, Pepi y Ana) nos prometió dos mil euros que se supone sobraron de la construcción del sub-centro de salud (mas tarde pudimos comprobar que todo era el “cuento de la lechera”). De nuestra responsabilidad era buscar dinero y recursos humanos para llevar a cabo el proyecto. Para ello disponíamos solo de tres meses, es decir hasta finales de agosto, ya que más tarde podíamos encontrarnos con la temporada de las lluvias, obstáculo insalvable si hay que trabajar en la selva ecuatorial… Escuela vieja Mis hijos Javier y Gaspar no dudaron ni un segundo y se alistaron a la empresa, así que Juan Ayuso, mis dos hijos ayudados por Mariajo mi querida nuera, Avatara la hija de Juan, amigos y conocidos así como yo mismo nos pusimos manos a la obra…¡¡¡a buscar dinerito fresco!!! Así que Juan en Madrid y Extremadura, Avatara desde Londres, Javier, Mariajo y Gaspar en Mallorca y yo en Barcelona montamos rifas, conciertos de música, sorteos, buscamos patrocinadores entre los fruteros de Extremadura y amigos varios… 

En tres meses conseguimos recaudar diecisiete mil dólares a los que sumar los cinco mil en materiales del ayuntamiento de Chone más dos mil de AISE Valencia…total, veinticuatro mil dólares, suma más que suficiente para realizar el sueño de los pobladores de San Pedro de Atascoso; más adelante pudimos constatar la realidad de las promesas hechas, pero esto lo posponemos para más adelante. Durante los tres meses que estuvimos preparando el proyecto fueron desencadenándose acontecimientos que empezaron a sembrar dudas en cuanto a la ayuda de la que íbamos a disponer por parte de AISE… Nos gastamos nuestros buenos dineros en pasajes, vacunas, pertrechos y un largo etcétera siempre de nuestro propio bolsillo, sin tocar para nada el dinero recaudado, destinado única y exclusivamente al proyecto de ayuda. 

A primeros de septiembre del 2011 vinieron a Barcelona desde Mallorca, Javier y Mariajo, para el día trece salir en avión destino Madrid Javier y yo. Allí deberíamos reunirnos en Barajas con Juan para, juntos, emprender el vuelo que nos llevaría a Guayaquil, Ecuador. En cuanto a mi hijo Gaspar se nos uniría el uno o el dos de octubre en Ecuador, después de terminar sus contratos de galas de verano… Por fin, Juan, Javier y yo, abordamos el vuelo IB 6463 con destino a Guayaquil, después de pagar setenta euros de exceso de equipaje. Iberia no regala nada a nadie, aunque seas parte de una ONG. Les importa un pimiento. Como siempre, lo único que cuenta para ciertas empresas es el beneficio puro y duro. La humanidad, la ayuda al débil, la colaboración con una causa humanitaria no son prioritarias de ningún modo.


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