Utopía en verde esmeralda

Escribe: Gyogananda
Diario de un viaje al Ecuador, para construir una escuela en un pueblecito llamado San Pedro de Atascoso, provincia de Manabí.

 

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Llegada a Guayaquil

Guayaquil, Ecuador — viernes, 29 de julio de 2016

SAN PEDRO DE ATASCOSO

La llegada a Guayaquil

  Cuando el tren de aterrizaje de la aeronave rebotó contra la pista del aeropuerto de Guayaquil tuve un presentimiento. Esta iba a ser mi última aventura. Supe a ciencia cierta que en mi vida se acababa de abrir la primera página de un capítulo que cerraría una larga etapa. Supe que mi búsqueda finalizaba con la toma de contacto del tren de aterrizaje con la pista del aeropuerto. Me invadió una sutil inquietud, un ligero desasosiego que se esfumó nada más poner los pies en el pasadizo del “finguer” que iba a conducirnos a un mundo diferente, a un modo de vida y a una concepción de lo necesario que se contrapone a nuestro modo de vida, en las antípodas de la gente con la que nos disponíamos a convivir por algo menos de tres meses.

  Rápidamente pasamos los trámites de inmigración. Por supuesto que uno de los agentes de aduanas se sintió en la obligación de cumplir con el deber establecido. Entre la impedimenta que trasportábamos, una caja de cartón muy bien embalada, con plástico, cuerda y un film adhesivo llamó la atención del funcionario. Pocos minutos antes ya tuvimos que sacar una caja metálica de la mochila de mi hijo Javier en la que, cuidadosamente embalados, trasportaba un i-pad y unos pequeños bafles para poder oír un poco de música durante las muchas  horas muertas que posiblemente nos aguardan.  Por supuesto tuvimos que explicar al funcionario de aduanas que las máquinas que traíamos con nosotros eran para llevar a cabo la misión que nos traía al Ecuador.

  - Somos miembros de una ONG de España. Venimos para construir una escuela en un lugar que se llama San Pedro de Atascoso…

  - ¿San Pedro de Atascoso…? (replicó el aduanero con una expresión indefinible)

  - Pues sí. Es un pueblecito de la provincia de Manabí, en La Manga del Cura…

- ¡Ah! ¡La Manga del Cura…!

  Pareció que el nombre despertaba en su memoria retazos de algún recuerdo y con una sonrisa señaló la caja de cartón.

  - ¡¡Por dios, señor agente!! Dentro de esta caja llevamos herramientas eléctricas para desarrollar nuestro trabajo. Está todo tan bien embalado que le ruego que no nos haga abrirla…

  - ¿Qué tipo de herramientas?

  - Pues un taladro, un cepillo, una sierra circular, brocas, escuadras, repuestos, cintas métricas, niveles…

  El aduanero que parecía una persona amable y comprensiva, acepto nuestras razones y nos dio paso franco…

 



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