Hicimos tiempo en la Terminal de Guadalajara hasta que amaneciera, y nos tomamos un "camión" hacia el centro. Conocimos la ciudad por la trastienda: casas largas con frentes chicos y calles angostas.
Buscando hotel nos encontramos con un argentino que vivía en francia y que de casualidad iba al mismo congreso, compartimos datos de hoteles y nos acompañamos en la búsqueda. No fue fácil, los precios eran bastante más caros que en Ciudad de México!
Nos alojamos en la Posada Regis y fuimos para registrarme en el congreso. A partir de entonces, durante nuestra estadía en Guadalajara, alternamos nuestra vida de congreso con los paseos en la ciudad. No se imaginan cómo corrimos!!!
Comimos ensalada de frutas allí mismo, buena idea! Tenía papaya, higo de tuna, ananá y jícama (la jícama es una especie de tubérculo blanco, pero... no nos gustó). Sin embargo, la ensalada, en su totalidad, estaba deliciosa. Eso sí, no nos atrevimos a agregarle sal y limón.
Esa tarde fuimos a Zapopan. Visitamos uno de sus mercados, la Basílica de la Virgen de Zapopan, que data de 1690, y el paseo Teopitzintli, que debe su nombre al Dios del Maíz. En la entrada de la basílica había un grupo de músicos mexicanos que tocaba las mañanitas (qué lindo!), y dentro de la basílica nos asombró la gente de rodillas dirigiéndose altar, incluso con niños pequeños en los brazos.
Luego, comimos -con esfuerzo- gordillas y quesadillas (más adelante viene la parte en que nos empezó a gustar la comida!!!!).
Al regreso, recorrimos las múltiples plazas de Guadalajara y nos encantaron, qué atardecer más hermoso!