Como el alquiler del coche el día anterior nos había salido en una clavada tuvimos que madrugar otro poco más para poder comparar precios.
Nuevamente cruzamos el puente en dirección a Chianti, un referente inexcusable en la Toscana. Se extiende desde el sur de Florencia hasta Siena y tiene en su vino, el Chianti Classico uno de sus mejores embajadores en el mundo (aunque, en mi modesta opinión, esta sobrevaloradísimo tanto a nivel de prestigio como de precio).
Podría decirse que Greve es la primera parada en Chianti, y zona cero del Show Food (un movimiento que propone el retorno a la forma de cocinar y comer tradicionales). En pleno corazón de Greve está
Le Cantina di Greve in Chianti, donde se pueden degustar más de 100 vinos locales y visitar su museo del vino.
El museo, siendo bastante soso, es bastante mejor de lo que suelen ser los museos de vino y aceite. Es necesaria la audioguía, y de momento no la tienen en español.
La Cantina di Greve sí merece mucho la pena, porque es la mejor manera de degustar un montón de vinos y aceites y, si alguno te gusta (seguro que sí), y el precio te convence (eso ya está más complicado), comprarlo.
Además de vinos y aceites venden algún producto típico como los Cantucci al Cioccolato y accesorios vinculados a la enología (casi todos con la imagen corporativa de Chianti y bastante caros pero ¡así es Italia!).
Es cierto que nosotros somos muy aficionados al vino, y que la Cantina nos tuvo "retenidos" prácticamente todo el día catando un montón de variedades y marcas, pero creo que es un lugar muy recomendable hasta para los que no se consideran amantes del vino.
Retornamos de noche al hotel. Sólo el sabor del Chianti en los labios pudo endulzarnos un poco la amarga sensación de la despedida ¡Lástima de más días!