Disponiendo de coche uno debe acercarse a cualquiera de las zonas vitivinícolas toscanas. Algunos pueblos también tienen conexión mediante tren o autobús, pero, evidentemente te permite ver muchos menos sitios.
Nosotros teníamos poco tiempo, así que alquilamos un coche. Habíamos reservado desde España a través de Iberia Plus con Avis, pero tuvimos muchos problemas y al final nos vimos obligados a pagar el doble por un solo día). A pesar del retraso y el cabreo, salimos en dirección al Chianti ilusionadísimos.
La verdad es que no tiene pérdida, y en poco rato comenzamos a ver sus colinas de variado colorido, olivos y viñas... y haciendo nuestra primera parada en el Castello Il Palaggio.
Aunque la primera referencia que se tiene de este castillo toscano es del s.XIII, se sabe que es anterior. Esta fortaleza que en la actualidad pertenece a los Marqueses Goretti Miniati sobrevivió a lo largo de los siglos a numerosos ataques e intentos de conquista.
Hoy en día, además de organizar bodas y banquetes, se dedica al enoturismo y a la producción de vino y aceite.
Impresionan los viñedos y olivares que lo rodean y que varían las tonalidades del paisaje en función de la época del año. Cualquiera es buena para visitarlo.
Lo cierto es que daría tiempo a ver un montón de pueblos y de bodegas, pero si, como nosotros, te detienes un rato en cada sitio y empiezas a degustar los caldos... el día se va en nada.
Optamos por visitar la Badía de Passignano, que, además de salir referenciado en Lonely Planet, nos la habían recomendado.
La Badía de Passignano es un gran monasterio fundado en el 890 y que hoy está bajo los dominios de la familia Antinori (27 generaciones dedicadas al vino y unas 32 marcas entre blanco y tinto).
Carreteras sinuosas entre viñedos, cipreses y olivos nos llevan a uno de los lugares en los que comprendes por qué la Toscana es uno de los lugares favoritos de británicos y americanos para comprar bodegas ruinosas y rehabilitarlas.
Conviene llamar para reservar si se quiere visitar la bodega porque, sobre todo en invierno, lo hacen sólo en un horario prefijado (y cobrando, claro).
En la Toscana no hay nada gratis, más bien es todo bastante caro, y lo mínimo que te cobran por catar 3 de los afamados vinos Antinori son 15€. Una locura, sobre todo porque lo que te sirven es para degustación y ni siquiera es una copa.
El sitio es tan bonito que se te olvida todo, pero lo cierto es que conviene ir con la tarjeta de crédito en buen estado de forma.
Nos dimos un último paseo nocturno antes de coger el coche de regreso a Florencia. El vino y la carretera... ¡ya se sabe!