De ruta por Centroamérica

Escribe: Pastor82
Objetivo: recorrer seis países en 30 días en uno de los meses más calurosos del año en esta parte del mundo. El istmo centroamericano que une México con Sudamérica es un maravilloso mundo de selváticos paisajes, antiguas culturas y gentes con una hospitalidad increíble.

 

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Granada, a orillas del Lago Nicaragua

Granada, Nicaragua — lunes, 10 de marzo de 2008

Nicaragua es un país maravilloso. Tal vez el hecho de que no reciba un merecido turismo como el de otros países vecinos sea su inestabilidad política. En 1979, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), nombre que hace honor a Augusto César Sandino (héroe nacional antiimperialista de los años 30), derrotaba a Anastasio, el último de la dictadora familia de los Somoza, en una sangrienta revolución, instaurando un gobierno socialista.
Esta idea no fue del agrado del Gran Vecino (Estados Unidos), que financió lo que se llamó la contra-revolución, encargada de asfixiar al gobierno del FSLN en una guerra civil que duró hasta 1990, cuando el FSLN cayó de forma democrática. 

Hace un par de años volvió a ganar las elecciones Daniel Ortega, líder del revolucionario partido, pero está claro que el FSLN ya no es lo que era. 

Los años de sufrimiento, a los que se suma una actual situación de pobreza extrema en un sustancioso porcentaje de su población, no parece reflejarse en los rostros de la gente, que lejos de eso, se muestran amables con el viajero, siempre sonrientes, con ganas de conocer, hablar, experimentar, de una amabilidad extrema, que a veces incluso puede resultar sospechosa para la siempre paranoica mentalidad europea. 

Ciertamente Managua tiene poco atractivo turístico. Surgida de un antiguo poblado indio del Lago Xolotlán (o Lago Managua), entre las dos principales ciudades de la época, León y Granada, fue la mejor solución a la rivalidad entre estas dos ciudades por la capitalidad de Nicaragua.
A su corta historia, se le añade el agravante de haber sufrido un terremoto en 1972 que destrozó la ciudad, del que todavía hoy se está recuperando.
Managua no figura en las rutas turísticas, que se reservan para las dos ciudades con más tradición e historia: Léon y Granada

Ante esta situación, éramos conscientes que, estando cada ciudad hacia una dirección de Managua, por el momento sólo podríamos visitar una, y más tarde, si hubiera tiempo, visitaríamos la otra (cosa que no pudo ser). 

Léon
, al norte, había sido la capital legal, tenía la Catedral más antigua del continente americano y un centro histórico bastante interesante.
Por su parte, Granada, al sur, estaba bastante más cerca, estaba bañada por el Lago Cocibolca (o Lago Nicaragua), y a mitad de camino se hallaba la bonita ciudad de Masaya, con sus atractivos puestos de flores.  

Nos decantamos por esta última y no tardamos más de una hora en llegar en un rústico autobús, que parecía que iba a desmontarse a cada cambio de marcha. 

Granada
 

Granada es una ciudad con mucha historia, y en ello se reflejan los templos, conventos y casas de época que hay en sus cuadriculadas calles de aspecto colonial.
Nos hospedamos en un céntrico hostal cuyo nombre me es imposible recordar, pero que estaba justo en frente del Mercado. En este mismo mercado compramos algunos recuerdos, luego nos perdimos por las calles coloniales hasta llegar a un marginado barrio, donde unos niños que jugaban al "torito" con un perro, se acercaron curiosos a Carlos y a mí.

Más tarde seguimos una calle que llevaba a una monumental catedral, la cual daba a una avenida que moría en el muelle del Lago Nicaragua, que mecía a la ciudad de Granada, y cuyo horizonte asemejaba al mismísimo océano, ya que este Lago, con sus más de 8000 kms2, es el más grande de Centroamérica, albergando en su interior la turística isla de Ometepe

Nos sentamos en la playa y mientras nos tomábamos unos cuantos cocos que habíamos comprado en un puesto cercano, tratamos nuestra precaria situación económica, llegando incluso a plantearnos si hacer el viaje a Cuba, que era el último destino del viaje. 

La noche dejó un silencio casi terrorífico sobre Granada. Fuimos a comprar algo para poder cenar en la habitación del hostal a un supermercado. A la llegada, las rejas del hostal estaban cerradas, como un castillo medieval, y el empleado tardó unos minutos en percatarse de nuestra presencia.
Carlos se durmió rápido. Yo me quedé un buen rato charlando con el empleado del hostal. 

La mañana siguiente nos sirvió para dar una vuelta por el centro histórico. La Plaza de Armas, con la casa gubernamental al lado, una catedral, algunos cañones… todo pintado con vivos colores coloniales. Unas niñas vestidas con trajes tradicionales estaban bailando, debía ser algún evento escolar. La calle peatonal de detrás de la Catedral, con sus terracitas llenas de turistas, nos hicieron saber que al menos “algo” de turismo tenía esa ciudad, que también destacaba por la presencia de un importante número de estudiantes extranjeros. 

A la vuelta a Managua, quedamos en la Colonia Centroamérica con Norma, una amiga que nos llevó a casa de una amiga suya, Marcela, una joven con tres hijas que nos rentó una habitación de su casa.
Entre ella y otra amiga, Ivania, nos prepararon una habitación espontánea, donde pasamos la noche protegidos por una mosquitera, ante el pegajoso calor de la noche de Managua.


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Vieja catedral de Granada

   

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